Española en tránsito: diálogos con Elsa Cabria, periodista sin límites.

Octubre, 2013.

Qué satisfactoria puede ser la carrera de periodismo si desde un inicio sabes a lo que te quieres dedicar; pero, ¿qué sucede en los casos donde únicamente se sigue el cauce de las acciones hacia un futuro incierto, pero lleno de oportunidades y esperanzas? La presión del qué hacer después de terminar una licenciatura es un temor que debe enfrentarse con decisión, donde la insatisfacción constante se convierte en una travesía de nunca acabar.

 

Elsa Cabria, periodista proveniente de Santander, España, vestida con short de mezclilla, que hacía relucir sus largas y torneadas piernas, apoyada sobre unas botas vaqueras color café, y envuelta en una blusa color durazno; a pesar de sus 29 años, mostraba un carácter juvenil con el que comenzó a revelar quién era en realidad aquella mujer de ojos verdes y cabello a hombros que, por lo nerviosa que se veía al inicio, fue víctima de una entrevista más en su vida o quizás la primera.

 

Elsa, una mujer que llegó a México desde España, se considera como una periodista en busca de la satisfacción cotidiana que comenzó a sus 17 años cuando decidió estudiar periodismo. Fue a partir de ese momento cuando inició su travesía. Había cumplido 22 años cuando terminó la licenciatura. Sin experiencia laboral, fue solicitada por el periódico El Pueblo de Ceuta y, sin tener nada que perder, emprende una aventura a dicha provincia ubicada en suelo marroquí.

 

Al trasladarse tiempo después a Madrid, Elsa estudió la maestría en El País donde aprendió a valorar lo que en verdad estudió, mencionó que “el periodismo es un oficio, chamba tras chamba, escuchar, leer y escribir, fin, se acabó. A eso debes dedicarte todo el tiempo, en donde una noticia es todo aquello relevante que nadie quiere que sea publicado, debes procurar que tu información sea rigurosa, en donde al final esto va un poco de molestar, pero con argumentos claros”.

 

Elsa Cabria terminó su maestría a los 27 años y ––con la ayuda de su madre–– decidió adentrarse en una travesía a México, donde mencionó que: “Siempre que doy un movimiento a otra ciudad lo considero como buena idea, pero ahora con la llegada a México lo tengo súper claro”. Es así cómo desde el año 2011, la periodista ha colaborado con diversos medios en los que ha realizado reportajes de viajes, de temas sociales y ha trabajado últimamente como editora en Grupo CNN Expansión.

Lo que define el ir y venir de temáticas que ha tratado Elsa a lo largo de su vida se resume en lo que expresó: “No soy experta en ningún tema de los que trato, pero en eso consiste el periodismo, de aprender, preguntar, leer para conocer”. Dentro del trabajo periodístico de Elsa existieron momentos difíciles que tuvo que atravesar. Para conocer más a fondo su vida laboral, respondió sobre las penalidades que ha sufrido para sacar adelante un buen reportaje:

 ––En relación a la censura que ves aquí en México, ¿has encontrado algún obstáculo para ejercer

libremente tu oficio como periodista?

––Para mí sería muy falso decir que no me ha tocado. En la prensa anterior en la que trabajaba, mis jefes eran priístas, pero a pesar de que tenían un buen proyecto, el haber colaborado con ellos ha sido una disyuntiva para mí en donde siento que lo que hago está mal y a pesar de la imposición de lo que mis jefes querían que hiciera, paso. No me quiero ni enterar.

 

––A partir de tu experiencia, ¿crees que el periodista debería asumir una postura para entrar al medio o solamente su trabajo es informar?

––Yo creo que todo el mundo tiene una postura política, sería una mentira no decirlo. Lo ideal es que si el medio ya está posicionado, tú ya no tienes que aportarle todavía más, ya que eso pasa en los periódicos, lo cual es visto mucho en España, y si tu diario ya está casado con tal partido, tú dedícate a informar, qué mas quieres, para qué vas a interpretar opiniones; no creo que debas posicionarte. Tu trabajo habla por ti, ésa es mi concepción.

 ––Después de lo anterior ¿qué es para ti el periodismo?, ¿cómo lo has llegado a concebir?

––Hay un hecho de insatisfacción constante. El chiste es informar, ser creativo, tener un espíritu para hacer tu trabajo cada vez mejor, no es que quieras ser mejor que el otro, sino simplemente hacerlo bien y sentirte orgullosa de que la gente se enteró de algo más. Eso es lo que más llena, porque el lector siempre será el primero de todos. El periodismo es como diría mi profesor del máster de El País: “Escribir para el señor de Cuenca”.

 

Elsa Cabria no solamente es periodismo puro. Detrás de ella existe una vida plagada de incógnitas, una mujer que busca posibilidades, corre riesgos, no sólo vive aislada sobre un escritorio en el que prepara la nota del día siguiente. También tiene un lado humano que refleja a una mujer que no piensa parar con su travesía, es alguien que desde muy joven ha recorrido sola los beneficios y tropiezos de la vida, donde la inseguridad en sí misma le ha jugado un mala pasada, pero a pesar de todo esto:

 ––– Verdaderamente, ¿quién es Elsa Cabria, como mujer, amante y ciudadana?

 ––Soy un loro como ya te habéis dado cuenta, creo que soy bastante curiosa. En general me llama mucho la atención lo que la gente piensa, siento que no me entero de nada, pero cuando lo hago, ¡qué ilusión! Creo en las personas, tengo fe en la vocación. Y como ciudadana tengo mucho que mejorar para que cuando vea una marcha que tenga sentido decir: por qué no me uní o por qué no estoy encabezando al píe del cañón algún movimiento como el femen en España. Me cuestiono mucho porque siento que no lo he hecho suficientemente bien.

 ––Por último Elsa, ¿qué harías si no fueras periodista?

––Quiero ser periodista, espero haber servido de un buen mal ejemplo…

 

Elsa parece tener la certeza de lo que hará el día de mañana; sin embargo, su vida siempre girará en torno a las posibilidades que se le aparezcan enfrente, cual péndulo que oscila constantemente, en las que intenta encontrar una salida que la lleve a nuevos horizontes e interacciones con nuevas culturas. Es Elsa Cabria en la intimidad, una española que inspira el deseo de nunca rendirse a pesar de no tener claro, en algún momento de la vida, lo que se quiera hacer.

 

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Crónica: Máquinas de tortura sobre ruedas.

El alumbrado público se difumina ante la gama luminosa de colores que impactan sobre los cristales de los autos hasta mezclarse en un reflejo plagado de niños acompañados por sus padres. Cruzo la banqueta hacia el otro extremo; la feria ha llegado a la colonia. 

Salta a mi vista un carrusel de carne y hueso con seis ponys atados a una máquina, que los incita a galopear a un ritmo que cualquier soldado envidiaría. El cansancio se hace notar en sus patas; sin embargo, la risa de los infantes los contagia para continuar hasta el último apagón. 

La calle está cerrada, el oscurecer de la noche resalta aquellos colores fluorescentes de cada uno de los puestos que si bien ofrecen botana y quesadillas, los hay aquellos que tratan de ganar unas monedas por el hecho de encestar en la canasta. Variedad de recuerdos me inundan por completo. 

Algo enigmático se asoma al final de la calle, ahí donde el alumbrado público se va opacando y lo único visible es una rueda de la fortuna, con focos de colores, impulsada por dos llantas que, por su aspecto, parecen tener un uso ya considerado. El peligro de la noche se ha hecho presente.

Alaridos de un muchacho, en lo alto de aquella rueda mecánica, se hacen presentes al decir: “No mames, está cabrón wey”. Cada palabra se difumina al momento en que aquella llanta peligrosa hace rechinar, mientras se observa como aquellos valientes luchan por mantener sus cuerpos en el asiento. 

Aquel escenario provoca en mí un grado de nerviosismo ante inmesa majestuosidad o podría decirse “monstruosidad”. La vuelta de ellos ha terminado. Mi amigo me voltea a ver con una mirada persuasiva; capto de inmediato sus intenciones. Ahora es nuestro turno.

Un pacto hecho con apretón de manos entre él y yo sirve como boleto de entrada. Dudosos antes de subir, volteamos a vernos uno a otro, mientras el operador espera con la mano extendida el peaje de cincuenta pesos. Nos dice con toda tranquilidad: “Súbanse”. 

Cuatro asientos de acompañamiento se muestran frente a nosotros, todos están ocupados excepto el de la esquina derecha. Por mi mente pasan aquellas noticias leídas sobre accidentes en las ferias sobre ruedas del D.F. Ya es tarde, el operador cual verdugo en plena guillotina, nos enjaula en aquellos barrotes de metal delgados. Mis manos se aferran a ellos y mis pies tratan de hallar un hueco del cual sostenerse. 

Sin previo aviso, el rechinido se hace presente. Mi cuerpo ha sido catapulteado hacia atrás y hacia adelante; los de enfrente alzan los brazos y empiezan a menearlos de lado a lado. Ha llegado el momento de cerrar los ojos esperando a que todo pase en cuestión de segundos. 

Vuelta tras vuelta la adrenalina se apodera de mí, grito por momentos, mi cuerpo está de cabeza, pero resisto a pesar de aquel temblor en mi pierna izquierda, que a causa de su salida del agujero, no accedía a calmarse por el resto del viaje. 

Abro los ojos por momentos, veo barandales y luces que atraviesan mi visión repetidamente: grave error. Al notar los primeros indicios de mareo los cierro y es cuando me doy cuenta que ahora vamos en reversa, mi cuello empieza a tensarse, trato de safarme de aquella posición; comienzo a sentir un apretón en mi mi nunca. Un movimiento en falso y sería el mal recuerdo de la celebración del día de hoy. 

Soporto hasta que vuelvo a escuchar el milagroso rechinido de la llanta, cual campana que marca el final del último round. Abro los ojos, he sobrevivido.

La alegría me invade al ver al operador que sube hasta mi jaula y me libera de aquella máquina de tortura. Piso el concreto y vuelvo a la realidad; sin embargo, sé que he llegado a la vejez al mirar hacia atrás y ver las risas en las caras de los niños. El miedo no se ha apoderado de ellos aún, imaginan lo mejor una vez que están arriba, mientras uno ve hacia el pasado y se percata que aquellos viejos años ya se han esfumado. La valentía inocente se ha desvanecido.

Solamente caminó y caminó…

Por: Don Errata

 

Impura su presencia, abalanzándose sobre el mármol teñible del suelo portentoso, 

que a cada paso que daba retumbaba y silenciaba las palabras que intentaban

 escapar de su boca.

 

Ella sin percatarse del dolor inhumano, de las lágrimas puras de su alma interior,

lo dejó solo en una catarsis inverosímil, fría , impura, inexplicable; capaz de 

descuartizar a cualquiera que intentara acercarse a la bestia mundana y sagaz.

 

Solamente quedó un rastro, una imagen, una sombra humilde y sincera.

Delantales de seda que palulaban de un lado a otro como verdaderas alas nunca

antes vistas, impregnando de aroma a despido el ambiente hermético y belicoso

que gritaba en silencio por el regreso de aquella silueta encantada.

 

Solamente quedó su recuerdo, su hechizante y triste encantamiento que hacía

brotar las aristas de los labios de él, solamente quedó un brochazo de lo que

fue y de lo que pudo haber sido, ni más ni menos, que una historia autorretratada

por el simple deseo de uno solo, el deseo de nunca decir “adiós”.

Cuarto Menguante

Por: Don Errata

Suenan pasos a mi alrededor. ¿Qué es esto que oigo? ¿Habrá alguien ahí…? No creo levantarme. La duela rechina lentamente y mis tímpanos perciben aquel ligero y delicado vibrar. Sigo con los ojos cerrados, puede que sea mi imaginación o al menos eso espero creer yo. Mis párpados continúan descansado pegados a mis oculares como viejos parabrisas bajo un rayo de sol de verano; siguen sin funcionar al menos hasta que algún trueno los haga moverse.

No soy el único que piensa en que estás ahí. Miles en el mundo, quizás, hagan lo mismo que yo en este momento; sin embargo, este día es diferente, este día puedo percibirte, este día puedo oler ese aroma diferente en el ambiente; sé que podré verte otra vez. 

 

Si estás escuchando lo que suscita en mi mente sabrás que sigues latente en mí, la pérdida me hizo fuerte, no endeble. El rencor se convirtió en superación, las marcas quedaron cicatrizadas una vez supe que siempre tuviste tiempo para volver. Bien… ha llegado el momento, la luz ha bajado, la penumbra entra por la ventana y oigo el tic-tac del reloj que con estruendo impacta en estas paredes solitarias.

¿Puedo abrir los ojos ahora? Es el momento, sólo di si una vez que lo haga quedarás inmortalizada para siempre, al menos en mi memoria y si no, por lo menos di que podré descansar sabiendo que las fronteras no existen y que nuestros caminos podrán vincularse llegado el cuarto menguante.  

 

Los he abierto. Increíble hallazgo, distorsión de polvo convertida en simetría perfecta, ahora puedo verte de nuevo. Recuerdo aquellos viejos tiempos en que supe que eras así, por fin te he recuperado. Ahora no podremos separarnos, a menos que el pecado nos junte de nuevo; sé que he vuelto a ser un hombre completo, un hombre cotidiano, he regresado a ser el que fui antes.

Ahora la vista ha vuelto a mí, la oscuridad me había alejado y los sonidos me habían orientado. Ahora espero ansioso la llegada del nuevo amanecer para apreciar ––en plenitud máxima–– aquellos tonos que me fueron arrebatados años atrás cuando no reconocía la importancia de tenerte junto a mí. Puedo ver ahora en el espejo la nueva escama de aquella silueta que alguna vez fue solamente negra.

 

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Nocaut nacional: Las puertas están abiertas.

Las banderas tricolores y blanquiazules ondean en lo más alto del Palacio Nacional. Aquel sol radiante de tres siglas ve no tan lejano el error cometido por haber confiado en la vinculación con el enemigo. El silencio de la soberanía se hace notar hoy 11 de agosto de 2014, fecha donde únicamente la esfera pública se encarga de reprobar la aprobación de las 21 leyes secundarias en materia energética proclamadas por el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

El “nuevo” PRI ha logrado la gran hazaña para que las trasnacionales y no el propio pueblo legitime las labores mecánicas de un gobierno que ha sabido realizar su jugada desde los primarios días de gestión. Como diría Maquiavelo, en su obra El príncipe: “El arte de un príncipe consiste en hacer el bien personalmente y el mal por segunda mano”. En este paralelismo con el sexenio de EPN, tenemos al presidente ––el príncipe mexicano–– quien, como su cargo lo confiere, ha realizado y aprobado reformas como una acción certera dentro del plano de la moral de la política. No obstante, a la par de este “bien”, ha obrado en contra de su pueblo por medio de acciones que al parecer son buenas, pero no lo son.

El banquete ya está servido, el palacio legislativo se ha puesto en venta, la llegada del PRI logró lo que ni Fox, ni Calderón pudieron lograr durante sus gestiones. El fastrack se ha convertido en la salida fácil de votación en sesiones irregulares donde se pudo notar el: “El que llegó llegó, no podemos postergarlo”. Los cheques bancarios, escondidos tras los bolsillos de los trajes costosos de los funcionarios, se mantuvieron en la penumbra hasta que un “mártir” llamado Ricardo Monreal ––miembro del partido Movimiento Ciudadano–– salió en un acto heróico a revelar el secreto de las cantidades millonarios ofrecidas a los funcionares por la aprobación de cada una de las reformas estructurales del Gobierno Federal.

La mirada de Estados Unidos, principalmente, está puesta sobre el águila real mexicana de la cual únicamente quedan 110 especies en el país, será posible que: ¿La llegada del águila de cuello blanco desplace a la ya casi desaparecida águila real? ¿En verdad México necesita de un contrato de utilidad compartida? ¿Enrique Peña Nieto leyó tan siquiera el caso de Petrobras y las empresas privadas que la llevaron al desfalco?

 

Lo que sí puede decirse es que Estados Unidos, más otras empresas europeas, llegarán no con la finalidad de obtener dinero mediante la extracción de crudo, sino que el negocio recaerá en la instauración de maquinaria que será traída desde éstos países, en donde el traslado y su manutención conllevarán a obtener ganancias estratosféricas: proceso del cual México se vería afectado, pues de diez pozos, únicamente son rentables tres.

 

Es así como el nocaut nacional se ha llevado a cabo. Es posible que el partido en turno pierda favoritismo en las futuras estadísticas electorales; sin embargo, para cada uno de los tecnócratas que ostentan los poderes fácticos, su hazaña se ha consumado; ahora sólo queda esperar el advenimiento de resultados o declives. Las elecciones del año 2018 no se ven tan lejanas: ¿La población mexicana reaccionará a tiempo? ¿2018 será el año de una nueva alternancia en la vida democrática del país? Todo se resume a lo siguiente: El peñismo ha pasado a consolidar un nuevo capítulo en la historia del país o posiblemente a distorsionar su pasado.

Enrique Peña Nieto ––presidente de los Estados Unidos Mexicanos–– muestra el documento que avala la aprobación de las leyes secundarias en materia energética.

Enrique Peña Nieto ––presidente de los Estados Unidos Mexicanos–– muestra el documento que avala la aprobación de las leyes secundarias en materia energética.

Testigos de la calle: Vida de un indigente en el Distrito Federal

La vida en las calles implica una gran travesía, las vías públicas se convierten en refugios, las banquetas en dormitorios y las bolsas con basura en un manjar. Numerosas vidas transitan en busca de satisfacer su presente sin preocuparse del futuro; sin embargo, algunos ciudadanos del Distrito Federal han llegado a la indigencia por el abandono familiar, desempleo, depresión o drogas.

El gobierno intenta apoyar a personas en situación de calle comúnmente catalogadas como indigentes, el Dr. Francisco Serrano Muñoz –médico cirujano egresado del IPN– menciona: “El indigente es el que pide para sobrevivir y se pueden menear, algunos son corridos y rechazados por la familia los cuales pueden caer en abandono social”.

A pesar de esto, a algunos les desagrada la calidad de los servicios de los programas de asistencia social que brinda el gobierno del Distrito Federal, mediante el Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS).

El IASIS es una institución cuya creación se decretó en la gaceta oficial del Distrito Federal el 18 de enero del 2001, tiene por objeto brindar apoyo, promover, coordinar, supervisar y evaluar la asistencia social en el Distrito Federal. Además, esta institución ofrece servicios a personas en situación de calle, extrema pobreza o vulnerabilidad.

Sin embargo, las personas y directivos que se encuentran al mando de estas entidades gubernamentales suelen no cumplir con la ética que se les confiere, la búsqueda por indagar en esta problemática no es sencilla, los protocolos que se necesitan para poder solicitar información sobre sus albergues y comedores públicos es un proceso lento.

Existen dos alternativas para tener contacto con personas en situación de calle, una de ellas es acudir a las dependencias gubernamentales donde se sigue un protocolo para poder acceder a los servicios que ofrecen, o buscar directamente en las calles a gente en esta situación.

En el Distrito Federal existen alrededor de cuatro mil personas en situación de calle, muchos de ellos se han establecido en inmediaciones del transporte público, en parques, cruceros de gran afluencia vehicular y debajo de los puentes. En la delegación Miguel Hidalgo se calculan alrededor de 147 indigentes; sin embargo, uno de los casos que agravian esta situación, es la drogadicción con un porcentaje del 61% en las personas indigentes de la Ciudad de México. La Casa de Apoyo al Menor Trabajador ubicada en la calle José María Vigil número 60, en la colonia Escandón es actualmente uno de los centros donde se reúne gente en situación de calle.

Contacto Directo

Los indigentes comenzaron a llegar poco a poco a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, algunos aguardaban un puesto en la fila del comedor desde las 12:00 horas. Sus caras delgadas se veían demacradas, llenas de arrugas, barros y polvo. Estas personas se reúnen en el comedor principalmente para satisfacer una de sus necesidades básicas: la alimentación.

Sin embargo, estas personas en situación de calle tienen que satisfacer de alguna manera sus demás necesidades básicas: casa (vista como un lugar en donde dormir o pasar la noche), salud, vestido, higiene y educación. Ellos lo hacen de manera muy sencilla y práctica, desde dormir en la calle sobre un cartón, vestir de ropa regalada, usar una Coca-Cola como remedio para el dolor de cabeza y bañarse una vez a la semana hasta cultivar su inteligencia con periódicos y revistas viejas que encuentran en los botes de basura.

Las primeras personas en la fila del comedor eran dos señores mayores de edad. El primero traía un pants rojo y cargaba consigo una bolsa de tela pequeña, se mostraba muy tímido y se rehusó a brindar su nombre. El segundo llevaba camisa negra, una chamarra que estaba llena de mugre, un pantalón roto de las rodillas y unas  botas desgastadas que tenían pequeñas manchas de pintura blanca.

El señor de la camisa negra se llama Luis Gutiérrez Rocha de 49 años, al preguntarle un poco sobre su vida indicó que era trabajador de limpieza en el servicio de transporte colectivo “Metro”, donde recibía una paga miserable de 1200 pesos: “Es muy poco lo que me pagan y por lo tanto tengo la necesidad de venir aquí al comedor para así ahorrarme algo de dinero”. Al parecer, la comida casera o de supermercado es un lujo para estas personas, el comedor público es su escapatoria para satisfacer el hambre.

Detrás de Luis se encontraba la señora Irma Romero de 52 años, al preguntarle que si la comida del comedor le sabía bien respondió: “Sí, sí está bien, pero tenemos que comer por necesidad. La sopa no está buena pero, ¿qué hacemos?” No cabe duda que el mejor aderezo para la comida es el hambre y más cuando no se ha satisfecho por varios días.

Al lado de Irma se encontraba Beatriz Mendoza, quien se incorporó a la plática, las dos mencionaron que eran mejores amigas. Al preguntarles cómo y dónde satisfacían su necesidad de descanso, Irma dijo: “Estoy viviendo en un albergue, se llama “Benito Juárez, está ubicado en Mixcoac” y Betty: “Yo vivo en la calle, abajo del periférico, en una lona y un colchón. Estuve en un albergue por la Villa, no me gustó, en los cuartos donde estuve olía a patas, roncan, se quejaban y ni dejaban dormir. Yo prefiero estar solita, a gusto”.

Así, como Betty, más indigentes de la fila mostraron su descontento con el servicio de los albergues del Distrito Federal, Maritza de 29 años igualmente se quejaba: “Están bien sucios, hay cucarachas, hay chinches, hay piojos, na´más fui una vez y me empiojé”. Estos indigentes prefieren dormir en las calles sobre algún cartón, en las bancas de los parques públicos o en colchones usados debajo de algún puente antes que hacerlo en un albergue; ya que éstos se encuentran inhabitables e insalubres.

Las pláticas con los indigentes se llenaban de confianza con cada palabra, Maritza comentó que ella no visitaba la Casa de Apoyo al Menor Trabajador por la comida: “Yo na´más vine una vez y no me gustó (la comida) porque agarran, comen, lo lavan (el plato), pero no lo lavan bien, lo dejan con un montón de grasa. No limpian bien, yo namás vengo a bañar a la niña, a bañarnos. Nos cobran siete pesos por bañarnos”.

La Casa de Apoyo al Menor Trabajador no sólo funge como comedor, también otorga los servicios “gratuitos” de regaderas, lavaderos, consultas médicas, corte de cabello, talleres de cultura de belleza, manualidades y panadería; sin embargo no todos los indigentes que visitan el lugar están enterados de esto.

Hubo un indigente que causó controversia, su nombre es Rafael Vidal quien sonreía y cantaba como un enfermo mental, un neurótico. Al platicar con él, su enfermedad psicológica fue confirmada. Rafael contó cómo era que trataba la enfermedad: “Yo estoy en un grupo de neuróticos anónimos porque yo hice muchas tonterías por la neurosis, no usaba la cabeza y decía que no me importaba la vida de los demás”.

Por otra parte Margarita de 72 años habló de que ella padecía dolores de corazón y cabeza, decidió contar una de sus experiencias vividas en la búsqueda de salud: “Una vez ya me iba yo a caer y vi una mano, llegó una doctora y se me quedó viendo y me agarró. Me estuvo revisando y me dijo que era la presión, se fue y compró una Coca-Cola, ¡bien fría!, la echó en un vaso y le echó jugo de limón, ahí estuvo hasta que me curó”. Me dijo: “Cuando se vuelva usted a sentir mal tómese un vaso de coca con jugo de limón” y “a partir de ese entonces, he aplicado ese remedio”.

Así como Margarita y Rafael, más indigentes mencionaban tratamientos que iban desde caminar un rato durante la tarde, tomar refrescos azucarados y platicar en grupo hasta acudir a clínicas de salud pagadas por el gobierno, lo anterior en los casos más extremos.

La mayoría de los indigentes no mostraban gran interés en satisfacer su necesidad intelectual y educativa, de 30 indigentes que se encontraban en la fila del comedor, ninguno tenía una licenciatura, la mayoría estudió hasta la primaria y sólo dos hasta la secundaria. Los que llegaban a interesarse era porque leían revistas y periódicos que encontraban en la basura o que les regalaba la gente.

Uno de los indigentes de la fila escuchó las preguntas que se le hacían a otro y decidió preguntar si podía contar su historia. Su nombre prefirió omitirlo, pero pidió que se le llamara por su alias: “Calimán”. Mencionó que, a pesar de que sólo llegó a la primaria, sabía leer planos, un poco de matemáticas y mucho de historia: “Nunca me conformé, buscaba aprender más. Soy adicto a la lectura, a parte a otras cosas, pero leve. Hay que leer porque lees y ya sabes a dónde vas. Me sé la historia de México, leo cosas de esoterismo y creo en los ovnis”.

Durante la hora que va de las 12:00 a la 13:00 horas, y en lo que llegaba la comida que brinda el IASIS se dio una cascada de vivencias, ideas y datos impactantes sobre cómo satisfacen sus necesidades primordiales las personas en situación de calle. Sin duda, fue una forma muy distinta de ver la vida, cada uno de ellos tenía una historia para contar.

Otra cara de la moneda

“Cómo te digo, ésta es la otra cara de la moneda, aquí los demás no saben lo que es fletarse para sacar este servicio adelante”. Fueron las palabras de Héctor Vallejo, un diseñador gráfico, quien por azares del destino acabó como trabajador en las oficinas de la delegación Miguel Hidalgo y actualmente funge como director principal del comedor de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador.  ¿Es verdad que los directivos actúan adecuadamente bajo una responsabilidad mayor?, ¿existen carencias a pesar de que el IASIS brinde un servicio considerado de “calidad”?

La única voz que se hizo escuchar dentro del comedor fue la del director Héctor Vallejo, quien en su despacho repleto de papeles y cajas de cartón amontonadas sobre su escritorio, comentaba con un tono prepotente, que al poco tiempo se tornó amable: “Pues mira, aquí no solamente se ofrecen servicios para la comunidad en situación de calle, sino también para la población en general, porque las condiciones son otras”.

Una de las cuestiones que se pudieron ver fue la presencia de diversos cuartos dentro de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo comentaba que el servicio de comedor en este lugar era de 13:00 a 15:00 horas.

Con referencia a los servicios que brinda la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo mencionó: “Algunos servicios tienen costo extra, pero evidentemente, por la situación en general de que la gente no tienen los recursos suficientes, pues igual a ellos se les puede hacer una excepción, que no en todas las veces se da el caso. A pesar de eso, los costos son accesibles”.

El servicio de comedores públicos, son establecimientos que están a cargo del gobierno del Distrito Federal, buscan asegurar a las personas el acceso a la alimentación adecuada y suficiente. A pesar de que son gratuitos, tratan de ayudar a gente en situación de vulnerabilidad social y proteger el ingreso familiar. Héctor Vallejo comentó que existían otro tipo de comedores que son los comunitarios, donde se les cobra a la población una cantidad de 10 pesos.

El servicio que se brinda en la Casa de Apoyo al Menor Trabajador parte de un programa antiguo llamado “Nueva Dinámica Callejera” que surgió en el 2010 durante la gestión de Demetrio Sodi, –ex jefe delegacional de Miguel Hidalgo– no solamente se impartía comida sino que, Héctor Vallejo mencionó que organizaban a los indigentes, los atendían, los asistían para que no fueran rechazados en cuestión de servicios médicos y documentación. “Eso lo seguimos haciendo aquí, aunque el programa ya no exista como tal”.

 

Una muchacha de estatura baja, de tez morena y cuerpo extremadamente delgado, que acababa de salir del comedor, se acercó hacia el encargado, éste le dijo: “¡Qué onda!, ¿ya te bañaste? o ¿Solamente comiste?” Ella con balbuceos logró responderle con dificultad diciéndole: “Ya padre, ya comí”, a lo que el encargado respondió: “Más te vale”.

La chica se alejó lentamente con pasos de vaivén. Héctor Vallejo aparte de encargado fungía como un padre para algunos indigentes del lugar e indignado mencionó: “Pobre chica, ya se había recuperado y volvió a caer en la pinche droga, así como se ve, hace dos meses era otra”. El encargado prosiguió con la explicación de la dinámica del comedor público:

-El comedor de aquí tiene capacidad para 60 personas ¿no?

-Bueno, el área de comedor tiene capacidad para 27 personas sentadas, salen y entran. Aquí, a pesar de que no tenemos lugares, se les da de comer como a 150 personas y a partir del 1º de noviembre empezaremos a ofrecer cenas de 19:00 a 21:00 horas porque entra el Programa de Invierno. El IASIS proporciona el café, té o atole, y hay ocasiones que se da como postre galletas, pero pocas veces sucede.

-Y ¿Hay aquí cocineras suficientes?

– Yo tengo aquí cocina y comedor, el alimento nos lo traen, llegan en camionetas por parte del IASIS. Ellos son una cosa, nosotros otra. Aquí, únicamente se brinda el espacio y el apoyo de empleados o vecinos de la colonia. Pero en el caso de las cenas, el responsable soy yo.

-Entonces, ¿el gobierno manda algún tipo de apoyo económico?

-Aquí no, porque no estamos relacionados directamente con IASIS, ellos sólo traen la comida, nosotros ponemos todo lo demás, incluso a cada empleado le toca aportar dinero para hacer aquí mismo el agua de limón y muy rara vez pasa de que, el IASIS no trae el jabón y uno debe comprarlo para los trastes. El chiste es sacar adelante el servicio del día.

Afuera del edificio se encontraba Jesús Torres, el segundo encargado del comedor, estaba parado al ras de la banqueta frente a la entrada del comedor, disfrutaba de un cigarro que recién acababa de prender con la mirada fija en los indigentes formados, varios de ellos sostenían con ambas manos un recipiente lleno de thinner que inhalaban fervientemente, a consecuencia de un vicio común entre la mayoría de los que acuden a este comedor público.

-Cuándo se drogan las personas, ¿no les llaman la atención?

-Es que es un arma de dos filos, porque se intenta poner orden y algunos simplemente te amenazan, muchos ya no vienen, na´más se meten y comen con la mona.

El encargado acerca el cigarrillo a la comisura de su boca con la mano temblorosa e inhala lento, con la mirada fija en el pitillo lo retira para expirar con suma tranquilidad.

-Para esto pedí una carta a los derechos ciudadanos civiles donde dice que… Todos son libres de hacer lo que quieran, siempre y cuando no afecten a terceros, en este caso cuando vienen las familias y niños pues los están afectando los grupitos de drogadictos, ya con eso me basé para presionarlos un poquito.

-Entonces usted nota que el mayor problema son las drogas.

-Si… Los altera en su comportamiento, ya en su vida pues hay muchos que no quieren trabajar, porque trabajo sí hay. De cierto modo, yo los entiendo porque yo anduve así como ellos, a mí me rescataron en la TAPO…

-Yo soy producto de un programa que salió hace cuatro años, llamado “Nueva Dinámica Callejera”, a finales de noviembre me llevaron a un albergue de los del IASIS, ahí en Coruña y me topé con un amigo de la primaria que trabajaba ahí, gracias a él estuve con trabajo un tiempo en los albergues y ya después me pasaron para acá, no tengo muchos estudios pero… A base de trabajo y esfuerzo se saca todo.

Una camioneta con las siglas “IASIS” venía en camino en ese momento, el motor resonaba y miradas por parte de los indigentes se dejaban apreciar, Jesús Torres pide una disculpa y se acerca a la camioneta para autorizar unas firmas, se revelaron dos ollas enormes, una traía consigo sopa de fideos y la segunda un guisado de carne de res con pimientos. El aroma disolvió las miradas de los comensales, los encargados entraron al comedor con las ollas junto con sus invitados.

La caminata muda de los indigentes traspasaba las rejas de la puerta del comedor, en el interior mesas con manteles azules, jarras de agua, bolillos y platos color café generaban una satisfacción. Una cocineta en una esquina, atendida por cuatro personas, tres señoras y un hombre, quien también era uno de los encargados del lugar, se movían de un lado a otro en un encendido y apagado de estufas.

Los indigentes y la gente de mayor edad probaba cada bocado, nadie dejaba sobrantes en su plato, incluso uno que otro se atrevió a pedir una ración más porque como dijo Héctor Vallejo: “Aquí a nadie se le niega un segundo plato, al fin y al cabo la cuestión es que se acabe lo que trae la institución”.

La travesía del indigente por sobrevivir día a día es complicada, pocos deciden ingresar a los albergues, otros se preocupan por el presente y la mayoría posee la concepción de salir tarde o temprano de esa situación en la que se encuentra.

Por otro lado, las autoridades con preocupación evitan que lo que se vive en sus instalaciones se saquen del ámbito privado al público y así fue como lo planteó Héctor Vallejo quien dijo al final de la jornada del día: “Espero y no publiquen las fotos que tomaron hoy, te pido de favor que solamente sean cuidadosos con lo que escriban, no queremos problemas”.

Intento Fallido “Instituciones sin transparencia”

La falta de respuesta era de esperarse, la ausencia de legalidad y transparencia por parte de las instituciones en México es existente actualmente. El Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS), no fue la excepción.

Con gran incertidumbre por conocer más a fondo en qué situación se encuentran aquellos “apoyos” para dichos individuos, se acudió a las oficinas del IASIS, ubicadas en Lucas Alamán, número 122, colonia Obrera, para solicitar el permiso que permitiría ingresar al albergue en Atlampa, que fue en primera istancia considerado como un medio para contactar  de manera segura con personas en situación de calle.

Los cuestionamientos por parte del personal de las oficinas no se hizo esperar y se logró entablar, a pesar de lo anterior, una comunicación adecuada con la encargada quien aclaró las condiciones necesarias para el ingreso: un permiso de hoja membretada firmado por alguna autoridad de la institución de origen, copias del IFE de cada uno de los que asistirían al albergue, explicaciones de qué se quería investigar ahí adentro; sin mencionar  antes que la cámara de video estaría prohibida si se otorgaba el acceso.

Sin más preámbulos, se optó por realizar el permiso con todas y cada una de las indicaciones solicitadas. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales proporcionó apoyo inmediato para el oficio.

Una vez obtenido el documento, hubo un traslado nuevamente a las oficinas del IASIS para entregarlo, y con ello, pronto recibir una respuesta. Después de esperar de tres a cinco días hábiles, que había recomendado la secretaria de la institución, se debería aguardar para recibir una respuesta del oficio.

La señorita no aseguró la aceptación del documento, pero comentó lo siguiente: “Sí, como estos centros tienen un convenio con la UNAM, lo más seguro es que el acceso que solicitan sea permitido, sólo cumplan con todos los requisitos que ya les mencioné y es recomendable que no pidan hacer uso de cámara de video, pueden hacerlo, pero yo les recomiendo que no”.

Debido a que la espera se convirtió en incertidumbre, se decidió ir a las oficinas personalmente: “Tienen que esperar, no pueden pasar, quien los puede atender salió a comer y regresa a las 16:00 horas” explicó un policía que mientras hablaba, comía en su escritorio. Se esperó alrededor de dos horas en lo que terminaban las horas de comida.

“Ay chicos, lo siento, es que los directivos están de vacaciones” fue la respuesta de la jefa del departamento del COE, cuyas siglas no fueron aclaradas. Después de escuchar la situación por la que se acudió a ella, respondió sin pedir el folio que se supone buscarían para saber cuál fue la respuesta al oficio entregado días antes. La plática después de una larga espera, concluyó en menos de cinco minutos.

A causa de la inconformidad, se publicó vía Twitter tal insatisfacción, casi de inmediato se recibió respuesta por parte del Director del IASIS, el ingeniero Rubén Fuentes, quien solicitó algún teléfono para comunicarse y así le fuera explicado lo sucedido. Éste se comunicó a través de un encargado del departamento de adicciones que un poco desconcertado por la versión negó que el director se encontrase de vacaciones y comentó que el ingeniero laboraba normalmente en su oficina. La encargada del COE había mentido.

Se prometió de nuevo una respuesta, ahora vía telefónica, que de nuevo nunca llegó, ¿pero podría ser información que no concierne a todos? Tal vez, es por eso que el acceso a ésta requiere un proceso al que las autoridades no están dispuestas a concluir.

A pesar de esto, indagar en la vida de los indigentes comprende una gran enseñanza ya que muestran distintas maneras de sobrevivir a pesar de las adversidades que se presentan día con día, algunos sufren de abondono familiar, otros caen en las drogas, otros por su estado psicológico son discriminados y algunos debido a la migración se ven obligados a dejar sus lugares de origen.

De esta forma, al no contar con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas caen en la indigencia, cuya base fundamental para apoyarlos, según Gudelia Barrios –psicóloga social de la UNAM– sería: “Una educación donde hubiera cambios en los valores, que provocara en cada individuo el rescate de su autoestima para así volvernos más productivos”.

Las formas en las que estos indigentes satisfacen el hambre, la necesidad de descansar, su salud y hasta el cultivo de su inteligencia son afectados porque hay un concepción distinta de lo primordial para satisfacer en sus vidas. Por un lado está lo que es la comida como elemento principal y por otro la dependencia a los estupefacientes, donde la mayor parte de los 3 mil 400 indigentes hombres y 347 mujeres que se han registrado en el Distrito Federal han caído en esta problemática.

A pesar de que, la mayoría de los indigentes caen en la drogadicción, causada por la falta de empleo, el abandono social y familiar, los malos salarios y demás adversidades, tienen como alternativa el salir de esta situación gracias a instituciones gubernamentales que aún con deficiencias, brindan una gran ayuda.

Las drogas toman un lugar muy importante en el desarrollo de vida indigente, porque personas que llegaron a tener una vida digna, ahora se ven influenciadas por estos factores que los sacan de la realidad. La preocupación por el futuro no existe, es el presente lo que los inquieta por seguir adelante en ésta lucha porque como diría, con lágrimas en su rostro Rafael Cruz Vidal, comensal que acudió a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador: “La calle es mi casa, la generosidad de la gente mis ingresos, las drogas mi refugio de la realidad y la fe mi única esperanza. Sé que habrá salvación algún día”.

BIBLIOGRAFÍA

Cuarto Menguante

Por: Oliver López
Suenan pasos a mi alrededor ¿Qué es esto que oigo? ¿Habrá alguien ahí…? No creo levantarme. La duela rechina lentamente y mis tímpanos perciben aquel ligero y delicado vibrar. Sigo con los ojos cerrados, puede que sea mi imaginación o al menos eso espero creer yo. Mis párpados siguen descansado pegados a mis oculares como viejos parabrisas bajo aquel rayo de sol de verano. Siguen sin funcionar al menos hasta que algún trueno los haga moverse. No soy el único que piensa en que estás ahí. Miles en el mundo, quizás, hagan lo mismo que yo en este momento; sin embargo, este día es diferente, este día puedo percibirte, este día puedo oler ese aroma diferente en el ambiente, este día sé que podré verte otra vez.
Si estás escuchando lo que suscita en mi mente sabrás que sigues latente en mí, la pérdida me hizo fuerte, no endeble. El rencor se convirtió en superación, las marcas quedaron cicatrizadas una vez supe que siempre tuviste tiempo para volver. Bien… ha llegado el momento, la luz ha bajado, las penumbra entra por la ventana y oigo el tic-tac del reloj que con estruendo impacta en estas paredes solitarias. ¿Puedo abrir los ojos ahora? Es el momento, sólo di si una vez que lo haga quedarás inmortalizada para siempre, al menos en mi memoria y si no, por lo menos di que podré descansar sabiendo que las fronteras no existen y que nuestros caminos podrán vincularse llegado el cuarto menguante.
Los he abierto. Increíble hallazgo, distorsión de polvo convertida en simetría perfecta, ahora puedo verte de nuevo. Recuerdo aquellos viejos tiempos en que supe que eras así, por fin te he recuperado. Ahora no podremos separarnos, a menos que el pecado nos junte de nuevo; mientras tanto, sé que he vuelto a ser un hombre completo, un hombre cotidiano, he regresado a ser el que fui antes. Porque ahora la vista ha vuelto a mí, la oscuridad me había alejado y los sonidos me habían orientado. Ahora espero ansioso la llegada del nuevo amanecer para apreciar en plenitud máxima aquellos tonos que me fueron arrebatados años atrás cuando no reconocía la importancia de tenerte junto a mí. Puedo ver ahora en el espejo la nueva escama de aquella silueta que alguna vez fue solamente negra.