Caso Nochixtlán: Las violaciones de la Policía Federal

Por: Don Errata (Oliver López)

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La Policía Federal cuenta con un protocolo para el uso de la fuerza. El Manual de uso diferenciado y progresivo de la fuerza es un documento que consta de 93 páginas y posee un apartado con el número 4.6 que hace referencia a los procedimientos en torno a manifestaciones. Éste mismo fue violado por las autoridades policiales el día 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca debido a que los federales –como dice su manual– “tampoco pueden emplear el uso de la fuerza como forma de castigo directo”.

La autorización para que la Policía Federal (PF) utilice armas de fuego o letales es sólo en defensa propia o de un tercero, para un delito grave que amenace su vida, para detener a una persona que represente peligro o que oponga resistencia a la autoridad o para una persona en fuga con peligro de lesiones graves o de muerte. Sin embargo, pese a estas ambigüedades en cuanto al uso de las armas letales por parte de la PF, el apartado 1.6.1 del Manual menciona lo siguiente:

“En cualquier caso, sólo podrá hacer uso intencional de armas letales cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida. Deben usarse de manera menos lesivo, ejerciendo moderación y tratando de reducir al mínimo los daños”.

No obstante, la PF hizo caso omiso del manual y el 19 de junio actúo en defensa propia dejando un saldo de ocho personas, un centenar de heridos, dos desaparecidos y 23 detenidos arbitrariamente, quienes ya fueron liberados.

A continuación, la violaciones llevadas a cabo por los propios federales:

  • La mañana del 19 de junio, tras desalojar la carretera de Tehuacán-Oaxaca, agentes de la Policía Federal ingresaron a Nochixtlán donde, desde un helicóptero, lanzaron bombas de gas que estallaron en el techo de un hospital –principalmente – en el área de cuneros y en uno de los accesos del nosocomio. (El apartado 4.6 del Manual mencionado al inicio de esta columna afirma que la Policía Federal debe evitar el uso de gases en inmediaciones de hospitales y escuelas).
  • En numerosas marchas en la Ciudad de México o Oaxaca, ha quedado documentado que la intervención policiaca se brinca el nivel de interacción en el caso de negociar sobre el repliegue de los manifestantes. Y, como ocurrió el pasado 19 de junio, la Policía Federal no medió palabra previa a la actuación disuasiva, según testimonios de maestros que bloqueaban la autopista.
  • Jesús Cadena Sánchez y Anselmo Cruz Aquino murieron a orillas de un arroyo cercano a la carretera. Los hermanos de Anselmo contaron a Proceso que intentaban llevar a un herido cuando, desde donde estaba ubicado el contingente de los federales, éstos les dispararon. (En el Manual se insiste que el abuso de armas no debe ser letal ni siquiera para abatir al infractor e –inclusive– se especifica que no debe dispararse mientras haya personas que corren, huyen o caen).
  • En Nochixtlán no sólo se agredió a quienes no participaban en el ataque armado, sino que en el caso de los heridos hubo tiros a discreción también prohibidos, ya que el Manual estipula que solamente deben realizarse disparos selectivos.
  • En el Manual no se considera el uso de armas letales, más bien se asigna a la PF entrar en un espacio de negociación y advierte de diferentes previsiones para el uso de dichas armas: tácticas de ubicación de líderes, no emplear la fuerza con personas que huyen o caen, dejar de usar la fuerza al cese de la resistencia; evitar arrebatar pancartas; no usar objetos arrojados por los inconformes y siempre usar el tolete.
  • Los policías deben auxiliar a los lesionados, notificar a sus familias, brindar primeros auxilios cuando sea necesario, etcétera. Esto es lo que la Policía Federal no hizo en Nochixtlán.

Así es como las anteriores fueron algunas de las principales violaciones que llevó a cabo la Policía Federal hacia su propio Manual de uso diferenciado y progresivo de la fuerza. El uso de armas letales y bombas de gas en lugares indebidos terminaron por sumar un incidente más al sexenio de Enrique Peña Nieto. Nochixtlán rememora aquel caso entre los comuneros de San Salvador Atenco y la Policía Federal durante la gubernatura de Peña Nieto en el Edo. de México. Dos mil personas de cinco grupo afines a los maestros disidentes emboscaron a los policías y hasta el día de hoy ya sabemos cómo terminó todo. El conflicto magisterial se ha convertido en una mancha más en el sexenio de Peña Nieto en materia de Derechos Humanos. La fuerza de la CNTE comienza a cimbrar el territorio nacional.

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