FCPyS: La boca del lobo de C.U.

Por: Oliver López

  • 60 botones de pánico han sido colocados en los baños de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM a raíz de una ola de violencia que se acrecentó desde febrero. A pesar de ello, las mujeres y hombres de la FCPyS dicen sentirse inseguros, y los trabajadores siguen sin reconocer el protocolo de seguridad para actuar adecuadamente.

Una mano comenzó a deslizarse debajo de uno de los cubículos del baño de mujeres en el edificio A de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). Una bolsa de mano que se encontraba en el piso se arrastró hasta llegar a desaparecer de la vista de ella. La puerta de a lado se abrió y el hombre corrió con la ilusión de desaparecer de la vista de aquella joven.

Ella decidió salir en busca de él. Sacó su celular y, al ver que la lentitud del hombre era algo digno de aplaudirse, logró llegar al baño de hombres donde ella lo tomó por la camisa empujándolo contra la pared amarillenta del baño. Apuntó la cámara de su celular a su rostro y apretó el botón. Eran alrededor de las 8:00 pm del día 17 de febrero del 2016.

Mientras este joven era confrontado por la estudiante, en otro punto de la Facultad un hombre vestido de negro con una paleta de banca en las manos se acercó a otra estudiante. Al verla desprevenida –entre los pasillos solitarios– decidió golpearla justo en la cabeza. Las suturas que la joven recibió posteriormente revelaron que el golpe pudo haber arrancado su oreja. Ella, a diferencia de su compañera, no pudo reaccionar. El hombre había escapado perdiéndose en la oscuridad de los jardines de la FCPyS.

El día 17 de febrero del presente año se convirtió en un día negro no sólo para la FCPyS, sino para toda la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Aquel día, además del caso de ambas jóvenes, se había suscitado un tercer intento de robo del cual nunca fueron revelados los detalles. Había existido un ataque triangulado; sin embargo, el personal de vigilancia no pudo hacer nada al respecto.

El agresor capturado en la pantalla del celular no pudo ser sancionado por la Unidad Jurídica de la Facultad, ya que no existen protocolos para sancionar y erradicar la violencia de género en la Universidad. Lo único que la Unidad Jurídica hizo con el agresor fue remitirlo al Ministerio Público Universitario ubicado cerca del Metro Universidad.

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Supuesto agresor que robó bolso a estudiante en febrero del 2016. Fuente: Facebook

A partir del caso de las tres estudiantes agredidas, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México continuó con la investigación –según información de El Universal– y encontró que en los primeros 30 días del 2016 se habían registrado en la FCPyS cinco denuncias de robo perpetuadas dentro del plantel. Las víctimas poseían el mismo perfil: mujeres a quienes se les habían quitado su celular, dinero en efectivo y bolsos.

Según la investigación de la procuraduría capitalina, el agresor es el mismo que desde 2012 ha realizado diversos robos junto a otras cuatro personas, quienes –según la procuraduría– se esconden en el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, por lo que su ubicación se ha dificultado. Mientras tanto, la FCPyS a altas horas de la noche se ha convertido en la boca del lobo para los estudiantes del plantel.

 

Botones, cámaras, credencialización… ¡Ayuda!

Bajo el nombre “Red No Están Solas”, estudiantes y grupos feministas marcharon en mayo de 2014 para denunciar los nulos mecanismos de seguridad y de protección que tienen las mujeres de la FCPyS. Según información de El Universal del día 14 de mayo de 2014, las mujeres del colectivo explicaron que sus consignas se debían a que las denuncias de tres alumnas agredidas fueron ignoradas por las instancias jurídicas de la Facultad.

El grupo de mujeres había enviado una carta al aquel entonces director de la FCPyS –Fernando Castañeda– y a la instancia de Derechos Humanos de la UNAM donde exigían la expulsión definitiva del agresor, Juan Carlos “N”. Asimismo, velaban por la creación de protocolos y reglamentaciones que sancionaran a los agresores y protegieran a las víctimas.

El rumor acerca de la instalación de cámaras y del sistema de credencialización comenzó a propagarse por los salones y pasillos de la FCPyS. El martes 5 de mayo del 2015 –según información del portal digital La Izquierda Diario– estudiantes y profesores acudieron a la sala del Consejo Técnico de la Facultad donde se discutió la instalación de dichas medidas de seguridad.

Las 700 firmas recolectadas por profesores y alumnos, que fueron entregadas a la administración de dicha discusión, no fueron tomadas en cuenta y estudiantes de diversas carreras apelaron por ampliar la discusión donde toda la comunidad de la Facultad (profesores, maestros, trabajadores) pudieran participar en un proyecto en común que diera solución al problema de violencia en el plantel.

La instalación de cámaras y credencialización para el acceso a la Facultad fueron medidas que el ex director –Fernando Castañeda– quiso implementar en diversas ocasiones. En el semestre 2015-1, su administración ordenó que se solicitara desde el primer día de clases la credencialización: medida que tomó por sorpresa a los alumnos quienes manifestaron su descontento, lo cual frenó dicha iniciativa.

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Fernando Castañeda Sabido: ex director de la FCPyS. Fuente: diario.mx

Asimismo, el intento de colocar cámaras de seguridad también fue una iniciativa que fue reprimida por los estudiantes, quienes argumentaban el uso criminalizador de la misma como ocurrió en el caso de las grabaciones de dos años de asambleas estudiantiles realizadas en el Auditorio Justo Sierra encontradas en noviembre de 2014.

Igualmente, otra denuncia de los alumnos –reportadas por La Izquierda Diario en mayo de 2015– fue la manipulación de la información obtenida por las cámaras de vigilancia de la UNAM. Tal es el caso de la negación de ofrecer videos para esclarecer la investigación del asesinato del activista y estudiante de la FFyL –Carlos Sinuhé– en el año de 2011. Y sobre el asesinato de Adriana Morlett, estudiante de Arquitectura, a quien se le había visto por última vez cerca de la Biblioteca Central.

Todo estos mecanismos de seguridad (credencialización y cámaras de seguridad) no solamente eran propuestas provenientes de la comunidad estudiantil de la FCPyS, sino que iban en sintonía con lo estipulado en el Manual de Seguridad de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (del cual la UNAM forma parte) y que fue elaborado en 2011 con la colaboración del ex secretario de Seguridad –Genaro García Luna–.

Dicho manual plantea una alineación en lo que respecta a las medidas de seguridad de las instituciones universitarias al plan de seguridad nacional basado en la militarización y criminalización al consumo de drogas.

 

Los botones de pánico de Angélica Cuéllar

El silencio de la Facultad hacía sintonía con los pasillos relucientes propios del inicio de la primera semana de clases. Las puertas de los salones de la planta baja del edificio B se hallaban cerradas; todos estaban en clase. Alrededor de las 8:00 de la mañana sonó una alarma que generó desconcierto en los alumnos. Ni un solo grito. Pasaron los minutos y la sirena sonaba sin que alguien la desactivara.

La alerta provenía del baño de mujeres ubicado cerca del primer piso del edifico B del plantel. Un trabajador de seguridad afirmó: “Una chica activó por descuido el botón de pánico. Se confundió con el botón de la puerta”. El hombre con la chaqueta azul y letras doradas en su pecho que decían “Vigilancia UNAM” decía que la alarma aún sonaba porque necesitaba un código, el cual aún no tenía.

Estudiantes se acercaban a la “supuesta escena de la agresión” con sus manos tapando sus oídos. Sólo observaban una puerta abierta de la cual nadie salía, mientras otros bajaban las escaleras sin saber realmente lo que había sucedido. Así transcurrió la “falsa alarma” hasta que cuando todos volvieron a sus salones ésta cesó su pitido. Sin embargo, a los 10 minutos volvió a activarse con mayor intensidad y más rápido; todo parecía indicar que esta vez no era una falsa alarma, sino todo lo contrario.

La alerta parecía provenir del mismo sitio, pero esta vez un ligero grito con voz femenina alcanzó a escucharse. La alarma se desactivó a los escasos segundos y ya no se supo qué ocurrió después. Esta falsa alarma no únicamente ocurrió el pasado viernes 12 de agosto, sino que, asimismo, la estudiante Dulce Carranza afirmó que el día lunes 8 de agosto, entre la primera y segunda hora de clases, había sonado la alerta de pánico.

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Botones de emergencia colocados en baños de la FCPyS. Fuente: El Universal.

La Doctora Angélica Cuéllar –actual directora de la FCPyS– desde el inicio de su campaña rumbo a la dirección del plantel aseguró que iba a adherirse a los planes de seguridad implementados por el rector de la UNAM, Enrique Graue. De ese modo, decidió durante el periodo vacacional instalar 60 botones de pánico dentro de los cubículos sanitarios de la Facultad aunado a paredes más largas que aislaran a las estudiantes en caso de cualquier intento de agresión.

Antes de la inauguración del ciclo escolar, los nuevos estudiantes tuvieron una semana de bienvenida en la cual se les habló acerca de los botones de emergencia recién implementados. El coordinador del Centro de Estudios Políticos, Khemvirg Puente Martínez, afirmó en entrevista con el portal de noticias etcétera.com.mx que los botones deben ser usados en emergencia y no sólo para generar una alarma.

“Nos pidieron en la coordinación que no diéramos muchos detalles con respecto a los botones para no asustar a los chavos a pesar de que toda la primera semana de bienvenida estuvieron sonando cada 10 minutos”, comentó una monitora durante la semana de bienvenida, quien decidió guardar el anonimato.

Igualmente, en la nota del 28 de julio, El Universal afirmó que el día de la semana de bienvenida uno de los botones de pánico fue activado por accidente y los vigilantes habían tardado en llegar 30 segundos. A pesar de esto, uno de los trabajadores de limpieza de la Facultad –que fue entrevistado por el diario– señaló que las autoridades de la Facultad no les han dicho cómo debe ser el protocolo para actuar en caso de que algún botón se active.

“Ni los alumnos saben. Hicimos algunos letreros para pegarlos junto al botón porque sonaban cada 10 minutos o media hora, pero ni nos han pagado tiempo extra desde marzo; así cómo le vamos a echar ganas”, comentó un trabajador de limpieza a El Universal.

Además, los propios trabajadores de seguridad afirman que ellos no tienen la autoridad para detener a los delincuentes y agresores, ya que está prohibido. Además, no cuentan con armas y lo único que pueden hacer es pedir al agresor que se identifique y, si no son de la Facultad, sólo les piden que se retiren.

La Secretaría  Administrativa de la UNAM sabe de esta situación y afirmó a El Universal que, por el momento, no hay presupuesto para contratar a más vigilantes o de instalar videocámaras en el plantel.

Ante el desconocimiento del personal de seguridad sobre los protocolos de seguridad,  un profesor adjunto del plantel -que decidió guardar el anonimato- comentó lo siguiente: “El semestre pasado ayudé a una chica que era alumna de aquí para que levantara una denuncia por un percance ocurrido en el baño y los de seguridad no sabían qué hacer. Si algo pasa en los baños, los de seguridad no tienen facultad para hacer nada. Lo único que podría hacerse es llevar el caso a Ministerio Público de Ciudad Universitaria, pero ninguno de los de seguridad lo hace porque está lejos y se gasta tiempo”.

Mientras tanto, a pesar de contar ya con los botones de emergencia, los estudiantes de la Facultad continúan sintiéndose inseguros porque afirman que los robos que ocurren son también auspiciados por los propios trabajadores de la Facultad, auxiliares de intendencia y vigilantes.

“Sinceramente las mujeres en la Facultad no lo han tomado con seriedad (lo de los botones) y se han escuchado en la semana por quienes lo apretaban por curiosidad. Con o sin los botones me sigo sintiendo insegura por el hecho de que cualquiera puede entrar a la Facultad”, dijo Andrea Arzola –estudiante de Ciencias de la Comunicación–.

Los botones de emergencia –según El Universal– fueron instalados en la Facultad de Medicina desde hace dos años, pero han sido removidos debido a que no funcionaban. La FCPyS hizo su pronunciamiento oficial a la comunidad del plantel vía Facebook con un video de la Coordinación de Atención a los Estudiantes; sin embargo, los recientes hechos confirman que sigue existiendo desconocimiento de su uso responsable.

“Creo que sí es una buena medida inicial para combatir el problema, pero sólo es una medida preventiva. Ahora falta que los directivos tomen más acciones ya no para prevenir, sino para erradicar”, comentó una estudiante de Comunicación quien decidió guardar el anonimato.

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La boca del lobo de Ciudad de Universitaria ha implementado nuevos mecanismos de seguridad. Desde 2015, la Comisión de Género Estudiantil es la única que funciona hasta el momento en lo que respecta a discutir los problemas de la comunidad de la FCPyS. Angélica Cuéllar ha iniciado su periodo como directora del plantel y el alumnado agradece que haya existido una pronta respuesta al problema.

Nuevo inicio escolar, dos alarmas, ningún incidente: operaciones fallidas de prueba para el equipo de Vigilancia UNAM. Las mujeres esperan porque el botón no vuelva a sonar y si lo hace saben que aún no están a salvo. Las sirenas siguen sin alertar al lobo que las acecha y éste continuará en búsqueda de un robo, una agresión o hasta una violación.

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