Buscaba vacacionar, halló arresto: crónica de la captura de Duarte.

Por: Oliver López (con información de El Universal Reforma)

  • El Ex gobernador nunca salió de su habitación hasta su arresto.

Javier Duarte había presentado licencia al cargo de gobernador de Veracruz el 12 de octubre del año pasado después de una entrevista que tuvo con Carlos Loret de Mola. Desapareció del ojo público y, a pesar de ello, aún no tenía una orden de aprehensión hasta dos días después que fue girada.

Duarte se había reunido con el fiscal, Luis Ángel Bravo, en Xalapa. Ahí tomó un helicóptero que fue facilitado por el gobernador interino Flavino Ríos con destino a Coatzacoalcos. Al llegar, un Jetta lo transportó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas donde se hospedó con el hermano de un suegro. Continuó camino por tierra a Tecún Umán, Guatemala, y rentó un helicóptero que lo llevó a la capital de dicho país donde lo alcanzaría su esposa, Karime Macías, el pasado 19 de octubre.

Las autoridades mexicanas consideran que desde Ciudad de Guatemala, Duarte se trasladó por helicóptero a diversas localidades. Con apoyo del gobierno guatemalteco, México contactó a uno de los pilotos quien reconoció en fotografías al ex gobernador y aportó nuevos datos para la investigación.

A pesar de rumores que decían que el veracruzano estaría en Inglaterra, España, Costa Rica, Argentina y Nicaragua, el Cisen siempre pensó que Duarte estaría moviéndose por Chiapas, Guatemala y Belice. En la recta final de la investigación previa, un hombre fue clave para dar con el paradero de Duarte: Nelson Benito Carchalac. La infección a su celular por las autoridades permitió saber que éste iba y venía entre Alto Valle y Panajachel (lugar donde fue capturado el ex gobernador). Inclusive, Nelson Carchalac se hospedó en el mismo hotel de la captura.

Las autoridades supieron entonces que Javier Duarte se estaba preparando para una reunión familiar. Eran vacaciones para los niños; era la oportunidad perfecta para que la familia saliera de México.

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Hacía cinco meses Javier Duarte había adquirido una suite del hotel de cuatro estrellas, La Riviera de Atitlán, en Guatemala. Desde que llegó a dicho lugar el jueves con su esposa Karime Macías, el veracruzano se encerró en el quinto piso, en el departamento 505. Sus tres hijos llegaron el viernes desde Toluca en compañía de sus tíos Mónica Macías y José Armando Rodríguez Ayala más sus primos y su abuela.

Los Duarte solicitaban servicios de alimento al cuarto para nueve personas dos veces al día. El desayuno era solicitado alrededor del medio día y la comida hasta las 19:00 hrs, aunque había veces que comían a las 20:00 hrs.

El ex gobernador y sus familiares requerían sopas de entrada y de plato fuerte pedían carne de res o pollo, mientras que para beber ordenaban naranjadas, las cuales siempre fueron llevadas al departamento 505 por un encargado durante los tres días en los que la familia estuvo alojada en dicho complejo turístico. Nunca solicitaron bebidas alcohólicas.

Para ingresar al hotel, Duarte no se había registrado en el acceso y el proceso lo habría realizado un tercero para así poder pasar desapercibido en el lugar como un turista cualquiera. Los trabajadores del lugar nunca supieron que en el departamento 505 se alojaba un prófugo de la justicia mexicana quien fue arrestado por elementos de la Policía Nacional Civil y la Interpol de Guatemala.

El sábado pasado Javier Duarte se asomó a través de la persiana de su departamento. En ese instante, una foto fue capturada por el comando de agentes investigadores mexicanos que llevaba siguiéndolo. Esa foto fue la confirmación de que el veracruzano se encontraba en el hotel y la última prueba necesaria para su captura.

El proceso de detención no fue inmediato. En Guatemala, los jueces no giran tan rápido las órdenes de aprehensión. Así que el director de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, Omar García Harfuch, y sus aliados de la Interpol se sentaron en la cafetería del hotel de a lado a esperar durante varias horas.

En la desesperación, el subprocurador jurídico y de asuntos internacionales de la PGR, Alberto Elías Beltrán, voló a Guatemala a presionar a las instancias guatemaltecas. Casi a las ocho de la noche de dicho país, recibieron por correo electrónico la autorización del juez. Imprimieron la orden de captura en la recepción del hotel contiguo y se apresuraron a ir a lugar donde se encontraba Duarte.

Podían aprehenderlo si salía, pero no podían entrar a su apartamento por él, ya que en Guatemala la ley prohíbe los cateos después de las seis de la tarde. Al llegar las autoridades, quisieron subir los cinco pisos del elevador, pero no funcionó. Lo hicieron por las escaleras; el departamento del ex gobernador se hallaba al final del corredor.

Cuando estaban a punto de llegar, Duarte con más kilos encima, abrió la puerta de su departamento 505 y se topó a las autoridades en el pasillo: momento perfecto para su captura sin violar las leyes guatemaltecas.

Las autoridades lo detuvieron y se percataron que Duarte estaba muy nervioso, aunque quería aparentar que no tenía miedo.

––Buenas noches, dijo el ex gobernador.

––No lo voy a esposar, pero tenga las manos atrás, dijo uno de los policías guatemaltecos.

 Duarte obedeció sin oponer resistencia y junto con cinco personas bajó hasta el lobby por el elevador que ahora sí había funcionado.

En el trayecto a la austera comisaría local a Duarte se le veía nervioso. Lo metieron ahí y se quejó que dos fotógrafos locales se habían colado y que ––según él–– estaban violando su presunción de inocencia; sin embargo, el veracruzano sonrió para las cámaras. A las 8:01 pm el ex gobernador de Veracruz había sido capturado.

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