¿De qué hablamos cuando hablamos de nosotros mismos?

Por: Oliver López (Don Errata)

Ilocución Narcisista

Habilidades-sociales-1

Ahora estoy aquí. Tengo un arma bajo mi control, una bala que puede esfumarse sin temor. ¿Por qué no terminar con todo de una vez? ¿Por qué no finalizar con las propias palabras que albergan en mí? Oigo voces a mi alrededor: una, decenas, miles… ¿Serán reales? Cada uno de nosotros cuenta con un lenguaje, surge al momento de nacer. Asociación de significados de la realidad con objetos y códigos construidos a partir de convencionalidades. ¿En realidad somos originales? El chip sintáctico, semántico y gramático se apodera de nosotros, aprendemos a apropiarnos de nuestras propias palabras, de nuestras voces internas. Quién más que uno mismo para decidir un futuro; sin embargo, aún no es el momento de partir. La vida continúa y la reverberación silábica nos contagia mientras uno a uno los morfemas huyen en búsqueda de un contagio oral. Esperamos la llegada del verdadero don de la palabra y no de la inerte y escasa auto-aprobación yoica y exacta de nuestras propias oraciones. Porque, aunque no lo tengamos en cuenta, es necesario preguntarse: ¿De qué hablamos cuando hablamos de nosotros mismos?

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Cuarto Menguante

Por: Don Errata

Suenan pasos a mi alrededor. ¿Qué es esto que oigo? ¿Habrá alguien ahí…? No creo levantarme. La duela rechina lentamente y mis tímpanos perciben aquel ligero y delicado vibrar. Sigo con los ojos cerrados, puede que sea mi imaginación o al menos eso espero creer yo. Mis párpados continúan descansado pegados a mis oculares como viejos parabrisas bajo un rayo de sol de verano; siguen sin funcionar al menos hasta que algún trueno los haga moverse.

No soy el único que piensa en que estás ahí. Miles en el mundo, quizás, hagan lo mismo que yo en este momento; sin embargo, este día es diferente, este día puedo percibirte, este día puedo oler ese aroma diferente en el ambiente; sé que podré verte otra vez. 

 

Si estás escuchando lo que suscita en mi mente sabrás que sigues latente en mí, la pérdida me hizo fuerte, no endeble. El rencor se convirtió en superación, las marcas quedaron cicatrizadas una vez supe que siempre tuviste tiempo para volver. Bien… ha llegado el momento, la luz ha bajado, la penumbra entra por la ventana y oigo el tic-tac del reloj que con estruendo impacta en estas paredes solitarias.

¿Puedo abrir los ojos ahora? Es el momento, sólo di si una vez que lo haga quedarás inmortalizada para siempre, al menos en mi memoria y si no, por lo menos di que podré descansar sabiendo que las fronteras no existen y que nuestros caminos podrán vincularse llegado el cuarto menguante.  

 

Los he abierto. Increíble hallazgo, distorsión de polvo convertida en simetría perfecta, ahora puedo verte de nuevo. Recuerdo aquellos viejos tiempos en que supe que eras así, por fin te he recuperado. Ahora no podremos separarnos, a menos que el pecado nos junte de nuevo; sé que he vuelto a ser un hombre completo, un hombre cotidiano, he regresado a ser el que fui antes.

Ahora la vista ha vuelto a mí, la oscuridad me había alejado y los sonidos me habían orientado. Ahora espero ansioso la llegada del nuevo amanecer para apreciar ––en plenitud máxima–– aquellos tonos que me fueron arrebatados años atrás cuando no reconocía la importancia de tenerte junto a mí. Puedo ver ahora en el espejo la nueva escama de aquella silueta que alguna vez fue solamente negra.

 

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