Día de Contingencia en el Distrito Federal

Desde las 5 am ya no hay vagón por cual hallar un hueco, ni un buen ratero que lo quiera a uno bolsear. A travesar la línea 1 es un demosche. Toda la rufia sólo quiere trabajar.

Los vagoneros sufren con la contingencia. Ya ni siquiera los dejan ni vender. El boletaje ya anda en cero pesos, pa’ que manejo si en el metro uno puede viajar.

Los hedores y el sudor no es algo nuevo. Los arrimones comienzan a las 2. Los policías ahora sí tienen trabajo. “Pues Don Mancera ya me envió a trabajar”. Así es un día de contingencia en el Distrito Federal: ¡Día de contingencia en el Distrito Federaaaal!

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¿En verdad la CDMX será el estado 32?

La Reforma Política del Distrito Federal fue aprobada por la Cámara de Senadores el 15 de diciembre del 2015. Después de 191 años, la capital del país –Distrito Federal– pasará a ser nombrada como Ciudad de México, la cual contará con autonomía política y financiera, además de que será la única entidad del país en recibir recursos federales para educación y salud. Con este aval, el D.F. no sólo cambiaría de nombre, sino que las delegaciones serán demarcaciones territoriales –denominadas “alcaldías”– que contarán con autonomía presupuestal y una Constitución y Congreso local propios. Sin embargo, la cuestión es que gran cantidad de medios han mencionado que la Ciudad de México se convertirá en el estado 32 de la República Mexicana: ¿Es esto cierto?

En primera instancia, a finales de enero del presente año, senadores y diputados precisaron que la reforma política del Distrito Federal no significaba la creación del estado 32, sino el nacimiento de una nueva entidad denominada Ciudad de México que contaría con plena autonomía, pero no con total soberanía como la que poseen los Estados de la Federación. La Ciudad de México seguirá siendo la capital del país, una entidad federativa y no un estado porque es sede de los Poderes de la Federación.

Asimismo, la Ciudad de México no puede ser un estado, debido a que no cuenta con municipios: esto a razón de que a la entidad no le conviene la municipalización. En caso de que existiese lo anterior, habría una disgregación en materia de servicios públicos y lo que se acordó en el pleno de la Cámara de Senadores fue la integración de los mismos en el gobierno central.

El nuevo Artículo 44 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, producto de la reciente reforma política aquí comentada, dice a la letra lo siguiente: “La Ciudad de México es la entidad federativa, sede de los poderes de la Unión y Capital de los Estados Unidos Mexicanos; se compondrá del territorio que actualmente tiene y, en caso de que los poderes federales se trasladen a otro lugar, se erigirá un Estado de la Unión con la denominación de Ciudad de México”.

Es decir, que el Distrito Federal –como ya se vio– no se ha convertido en un Estado, sino que mantiene su naturaleza jurídica tradicional. La única forma de que lo sea es que los Poderes de la Unión se trasladen a otro lugar. Además, el título de entidad federativa le había sido designado a la ciudad desde 1917 en el Artículo 43 de la Constitución. Por ende, si la reforma política del 2016 no creó el Estado 32 ni habilitó a la capital como entidad federativa: ¿Qué es lo nuevo de la reforma?

Los estados de la República están regulados desde los artículos 115 al 121 de la Constitución y la Ciudad de México a partir del 122. El nuevo Artículo 122 es el que fijará los límites a la Asamblea Constituyente de tal forma que los nuevos cambios serán los siguientes:

  1. La Ciudad de México seguirá siendo la capital del país y sede de los poderes federales.
  2. La Ciudad de México conservará el título de entidad federativa que goza de autonomía en lo que concierne a su régimen interior, organización política y administrativa.
  3. El Poder Legislativo se depositará en la Legislatura de la Ciudad. Los diputados serán electos mediante sufragio y durarán en el cargo 3 años.
  4. El titular del Poder Ejecutivo será nombrado como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y será electo por un periodo de 6 años. En ningún caso podrá reelegirse.
  5. El Poder Judicial estará dirigido por el Tribunal Superior de Justicia, el Consejo de la Judicatura y los juzgados y tribunales que establezca la nueva Constitución de la Ciudad.
  6. El gobierno de las “demarcaciones territoriales” (antiguamente delegaciones) estarán a cargo de “alcaldías”. Las Alcaldías estarán integradas por un alcalde y un Concejo electo por 3 años.
  7. La Ciudad de México contará con organismos constitucionales autónomos que la constitución prevé para entidades federativas como lo son: Instituto Electoral de Derechos Humanos e Instituto Federal de Acceso a la Información.

En general, las anteriores serán algunas de las principales consecuencias de la reforma política que acaba de aprobarse en el gobierno de Miguel Ángel Mancera y lo único que falta será su aprobación por el presidente de la República Enrique Peña Nieto quien promulgará este viernes 29 de enero la nueva Reforma Política, que pasará a ser publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF).

Una vez que la declaratoria de constitucionalidad sea publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) por el Gobierno de la República, el Instituto Nacional Electoral (INE) tendrá 15 días de margen para lanzar la convocatoria destinada a conformar la Asamblea Constituyente. Por lo tanto, es recomendable seguir informándose al respecto, porque a partir de hoy algunos medios seguirán desinformando a la ciudadanía al mencionar que la Ciudad de México se ha convertido en el estado 32 de la República Mexicana. Lo único de lo que sí estamos seguros hasta ahora y sin especulaciones es que al fin la ciudadanía podrá decir: “Adiós D.F., hola, Ciudad de México”.

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Entre las lágrimas de un indigente

Por: Don Errata (Oliver López)

 Mediante la empatía se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás

Ryzard Kapuscinski

Noviembre, 2013

“¡A la víbora, víbora de la mar…! ¡Viva! ¡Viva! “. Rafael Cruz Vidal se dirige hacia mí y comienza a cantar con una sonrisa y una mirada que ––extrañamente–– se encuentra perdida. Sus movimientos de vaivén acompañados de tropiezos sobre la acera reflejan una condición poco común. El resto de sus compañeros, formados a las afueras del Comedor Comunitario de La Casa de Apoyo al Menor Trabajador, comienzan a rolar “las monas” desde atrás hacia adelante; pareciera como si el adelanto del postre ya se estuviera suscitando. La droga se encuentra en la mano de los jóvenes y adultos. Miradas perdidas, encapuchados adictos, voces sin tono, olores de olvido y religiosos en búsqueda de la salvación.

Rafael Cruz, joven de 25 años, es el tímido del grupo. Se le ve postrado contra la pared del comedor comunitario. Hasta ese momento nadie le dirige la palabra, lleva ambas manos en la bolsa de su suéter color verde acompañado por una cachucha grisácea que, por lo desgastada que está, todo parecía indicar que antiguamente era de un color verde oscuro.

Rafael Cruz Vidal me observa, me extiende la mano, y hacemos contacto inmediato. Me considera su hermano, “tocayo” como bien me diría al cruzar las primeras palabras con él. Es uno más dentro del clan de las personas en situación de calle de la Ciudad de México.

Comenta que antiguamente vivía en Tijuana, tierra que lo vio lo nacer y lo llevó a un futuro liderado por el Narco y las armas. Su padre murió a causa de un complot hecho por el cartel de Tijuana. Rafael Cruz habla demasiado rápido que la mayoría de sus palabras se esfuman quizás a causa de lo dramático de su situación; no quieren ser oídas, prefieren perderse entre el aire para no volver a ser recordadas al menos por él, sino únicamente por Dios, su único salvador.

“Yo sé que los pecadores no alcanzarán el reino de Dios pero, a pesar de eso, yo amo a mi México Querido: México lindo y querido, si muero lejos de ti, que me traigan aquí y que me entierren aquí”. Rafael Cruz revela que ha sido un pecador, canta con fervor México Lindo porque para él, a pesar de vivir en un país repleto de corrupción, existe una oportunidad para aquellos abandonados por las autoridades. La única forma de lograr un lugar en estar tierra es encomendarse a Dios.

Rafael Cruz mencionó que para él la vida en Tijuana “está cabrona” y que en los ranchos está mucho peor, porque existe la figura de los rancheros, los “botudos”, los “sombrerudos”, los machistas. “Mis amigos me decían que si los rancheros me faltaban al respeto, yo no debía dejarme. Lo conveniente era matar a esos putos y partirles la madre. Por lo tanto, mi padre ––antes de morir–– me djio que aprendiera todo lo que pudiera de él”.

La violencia de Tijuana fue un factor del cual Rafael Cruz Vidal no pudo librarse, ya que no sólo se convertiría en una causa de pérdida de muchos familiares, sino también en su modus vivendi. Paralelamente, a la edad de 24 años, Rafael se había juntado con una mujer de 40 años y comentaba que, para celebrar sus cumpleaños ––en lugar de chelas y pastel––, su jefe le daba drogas con muchos químicos.

Al mencionar la palabra droga, la voz de Rafael se corta por momentos, sus ojos comienzan a cristalizarse y su mirada comienza a enrojecerse, una pequeña inhalación y suspiro lo pone de nuevo en combate. Afirmó que uno de sus mejores amigos murió a causa de “tanta pinche droga” .

––No fue fácil. Fue mi amigo desde la primaria y lo encontré la última vez bien drogado. Y le dije: “Guey, ¿qué tienes?”. Y me respondió que estaba bien, aunque en el fondo sabía yo que estaba bien perdido en las drogas. Yo me considero una persona muy inteligente y siempre me encomiendo a Dios para que me dé más, y sé que todo lo que esté en nombre del Padre será cumplido y lo he comprobado.

Rafael Cruz afirmó que él no peca para Dios, que no hay que ponerlo a prueba y tampoco a Cristo. “Yo lo amo a él y él me ama a mí”. Así es como su fe religiosa se convierte en un escudo protector que lo cuida diariamente de los peligros que se viven en la colonia Tacubaya en la cual habita. Para él Dios es la única salida que le queda.

––(canta) Por que me amaste a mí, te amo más que a mi vida con una corona de espinas…

A medida en que Rafael Cruz platica su experiencia, de su lengua amarillenta ––plagada de una espesa masa blanquecina que revelaría quizá alguna infección–– salen palabras que denotan su paso de creer en el narco a convertirse en un humano meramente religioso. Menciona que nunca ha tenido paz en su vida y que, desde que su antiguo jefe lo comprometió al Narco con una 9 milímetros, empezó a involucrarse más con los cárteles. Sin embargo, cree que el gobierno tiene muchas cosas que hacer como lidiar con el narcotráfico y que para él lo peor era cuando el ejército hacía antidoping en Tijuana. Comentó que esta práctica “era la perdición para muchos de nosotros”. (Rafael Cruz comienza a secar sus lágrimas que recién acababan de salir de su rostro y dice: “Hace mucho tiempo que no lloraba”).

––Perdona. Es que luego me acuerdo de mi padre y me duele en el corazón porque lo extraño mucho (vuelve a caer en llanto) pero ps ya ni modo, así es la vida ¿no? Nacemos, crecemos y después morimos. El tiempo pasa y no se detiene. Afortunadamente, conocí a un rapero que estaba devastado, pero Dios lo cambió. Dios sana, él restaura vidas.

––Es entonces “el salvador” como muchos le dicen ¿no?

–– Sí, así es. Él está dispuesto a salvarnos del pecado. Él dio su sangre por nosotros sus pecadores. Yo fui pecador, pero me arrepentí después. Deja te leo un párrafo de San Juan.

Rafael Cruz Vidal ––inesperadamente–– saca del bolsillo de su sudadera una Biblia  muy pequeña color azul (del estilo de aquellas que suelen regalar ––rara vez–– a las afueras del metro), recorre las páginas de la misma con sus manos entintadas de un color negruzco a causa ––quizás–– de la suciedad de las calles y de las coladeras donde suele dormir. Encuentra el versículo deseado y entre las hojas se asoma un esperanzador billete de 20 pesos. Por mi mente pasó que ––al menos–– por aquel día él no pasaría hambre.

––Te cito el versículo: “Los principales sacerdotes buscaban testimonios contra Jesús para regalarle a la muerte, porque muchos decían falsos testimonios contra él, mas sus testimonios no concordaban”. Todo esto no fue cierto, porque la gente creía en los milagros de Jesús. Fue una gran muestra de amor que diera su vida y su amor puro.

Rafael Cruz, a pesar de ser víctima del Narco, también se consideró víctima de las mujeres a las cuales desprecia por lo que vivió en su pasado. Mencionó que éstas exigen amor puro a cambio de dinero. Para él, el amor es una cosa sublime, pero ––por ahora–– sólo confía en el amor de Dios.

La condición de Rafael Cruz se debe principalmente a su neurosis, la cual padece desde hace ya unos años. De ahí el porqué de sus movimientos descontrolados, su delirio y su falta de conexión de las ideas asociadas a un volumen de voz que subía y bajaba recayendo por momentos en la felicidad, el enojo y la tristeza.

Mencionó que está en un grupo de “neuróticos anónimos” a causa de que nunca usaba su cabeza para actuar adecuadamente, ya que jamás le importó la vida de las demás personas durante su vida pasada. “Cuando iba a la sierra pues había narcos, guey. Todos ellos vendían droga, pero no nos podíamos llevar nada nosotros, nos obligaban a regresarla. Y ––aunque no lo creas–– yo estuve preso 5 años, está muy canijo ahí”.

––¿Hace cuánto que salió de la cárcel?

––Salí hace 3 años.

––¿Por qué lo encarcelaron?

––Por una supuesta violación a una menor. Yo no hago esas cosas, se trataba de una niña de un año o dos, ni que la hubiera matado; ahí sí se las aceptaba, pero no soy estúpido. Antes soñaba que alguien me violaba; eran más bien pesadillas. Conocía a un gay que le gustaban, en ese entonces, los jóvenes como yo, y me dijo que si revelaba algo de él me iba a matar. Yo le dije que a mí nadie me mataría, pero si hubiese tenido la oportunidad yo lo hubiera matado antes.

––Pero… ¿usted no cree en la venganza?

––No. Y a pesar de que Dios es grande, yo lo hubiera matado desde cuando. Lo único que llegué a hacer fue robarle a ese maricón 10 mil pesos; me pasé de lanza. Yo no soy gay, ni activo ni pasivo, nada de eso. Yo soy un hombre hecho y derecho. Pues… déjame te digo que tengo un hijo de siete años.

––Y, ¿él dónde está ahorita?

–– Está en Manzanillo, Colima.

––¿Con quién está viviendo su hijo?

––Con su mamá. Ella ya no quiere estar conmigo, yo le decía a Ana –mi esposa– que teníamos que juntarnos por el bien del niño, se lo pedía de favor. La última vez que vi a mi hijo, me dijo: (Rafael nuevamente vuelve a caer en lágrimas) “Papi, ¿no nos vas a ayudar?”. Y yo le respondí: “Tranquilo, papito. No llores”. Le dije que no lo quería, sino que lo amaba. Después de dejar a la madre de mi hijo, nunca me volví a casar. Ana me rechazó después de que tuvimos al niño. Pero, a pesar de que me las vi negras con mi pareja, siempre intenté hacer lo posible por ofrecerle a mi hijo comida, principalmente, tortillas y frijoles.

Rafael Cruz Vidal dice que se muestra como una persona olvidada donde la calle es su casa, la generosidad de la gente sus ingresos y antiguamente las drogas sus refugio de la realidad. Su vida no ha sido sencilla desde que salió de las filas del cártel de Tijuana. Aprendió a no pecar después de cinco años de estar preso. Ahora es un hombre libre, abandonado y en búsqueda de la salvación que se postra no en las autoridades o en programas sociales del Gobierno del Distrito Federal, sino ––más bien–– en la fe de Dios con la cual afirma que puede conectarse con Él en el fondo de su corazón.

Las lágrimas compartidas por Rafael Cruz Vidal reflejan la vida de un hombre que, a pesar de padecer neurosis, refleja sentimientos encontrados, historias pasadas y muestra la humildad de una persona que vive el día a día en las calles en búsqueda del pan diario. Su historia hace reflexionar hacia dónde vamos, por qué desaprovechamos lo que tenemos, por qué no actuamos por salvar a aquellas personas que son nuestros olvidados vecinos nocturnos. La respuesta está en voltear a ver a nuestras calles, a nuestros rincones de la colonia para darnos cuenta que nosotros también podemos compartir lágrimas con estas personas, porque somos humanos y ––al igual que Rafael–– hemos sido pecadores. “La fe es mi única esperanza”. 

 

Testigos de la calle: Vida de un indigente en el Distrito Federal

La vida en las calles implica una gran travesía, las vías públicas se convierten en refugios, las banquetas en dormitorios y las bolsas con basura en un manjar. Numerosas vidas transitan en busca de satisfacer su presente sin preocuparse del futuro; sin embargo, algunos ciudadanos del Distrito Federal han llegado a la indigencia por el abandono familiar, desempleo, depresión o drogas.

El gobierno intenta apoyar a personas en situación de calle comúnmente catalogadas como indigentes, el Dr. Francisco Serrano Muñoz –médico cirujano egresado del IPN– menciona: “El indigente es el que pide para sobrevivir y se pueden menear, algunos son corridos y rechazados por la familia los cuales pueden caer en abandono social”.

A pesar de esto, a algunos les desagrada la calidad de los servicios de los programas de asistencia social que brinda el gobierno del Distrito Federal, mediante el Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS).

El IASIS es una institución cuya creación se decretó en la gaceta oficial del Distrito Federal el 18 de enero del 2001, tiene por objeto brindar apoyo, promover, coordinar, supervisar y evaluar la asistencia social en el Distrito Federal. Además, esta institución ofrece servicios a personas en situación de calle, extrema pobreza o vulnerabilidad.

Sin embargo, las personas y directivos que se encuentran al mando de estas entidades gubernamentales suelen no cumplir con la ética que se les confiere, la búsqueda por indagar en esta problemática no es sencilla, los protocolos que se necesitan para poder solicitar información sobre sus albergues y comedores públicos es un proceso lento.

Existen dos alternativas para tener contacto con personas en situación de calle, una de ellas es acudir a las dependencias gubernamentales donde se sigue un protocolo para poder acceder a los servicios que ofrecen, o buscar directamente en las calles a gente en esta situación.

En el Distrito Federal existen alrededor de cuatro mil personas en situación de calle, muchos de ellos se han establecido en inmediaciones del transporte público, en parques, cruceros de gran afluencia vehicular y debajo de los puentes. En la delegación Miguel Hidalgo se calculan alrededor de 147 indigentes; sin embargo, uno de los casos que agravian esta situación, es la drogadicción con un porcentaje del 61% en las personas indigentes de la Ciudad de México. La Casa de Apoyo al Menor Trabajador ubicada en la calle José María Vigil número 60, en la colonia Escandón es actualmente uno de los centros donde se reúne gente en situación de calle.

Contacto Directo

Los indigentes comenzaron a llegar poco a poco a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, algunos aguardaban un puesto en la fila del comedor desde las 12:00 horas. Sus caras delgadas se veían demacradas, llenas de arrugas, barros y polvo. Estas personas se reúnen en el comedor principalmente para satisfacer una de sus necesidades básicas: la alimentación.

Sin embargo, estas personas en situación de calle tienen que satisfacer de alguna manera sus demás necesidades básicas: casa (vista como un lugar en donde dormir o pasar la noche), salud, vestido, higiene y educación. Ellos lo hacen de manera muy sencilla y práctica, desde dormir en la calle sobre un cartón, vestir de ropa regalada, usar una Coca-Cola como remedio para el dolor de cabeza y bañarse una vez a la semana hasta cultivar su inteligencia con periódicos y revistas viejas que encuentran en los botes de basura.

Las primeras personas en la fila del comedor eran dos señores mayores de edad. El primero traía un pants rojo y cargaba consigo una bolsa de tela pequeña, se mostraba muy tímido y se rehusó a brindar su nombre. El segundo llevaba camisa negra, una chamarra que estaba llena de mugre, un pantalón roto de las rodillas y unas  botas desgastadas que tenían pequeñas manchas de pintura blanca.

El señor de la camisa negra se llama Luis Gutiérrez Rocha de 49 años, al preguntarle un poco sobre su vida indicó que era trabajador de limpieza en el servicio de transporte colectivo “Metro”, donde recibía una paga miserable de 1200 pesos: “Es muy poco lo que me pagan y por lo tanto tengo la necesidad de venir aquí al comedor para así ahorrarme algo de dinero”. Al parecer, la comida casera o de supermercado es un lujo para estas personas, el comedor público es su escapatoria para satisfacer el hambre.

Detrás de Luis se encontraba la señora Irma Romero de 52 años, al preguntarle que si la comida del comedor le sabía bien respondió: “Sí, sí está bien, pero tenemos que comer por necesidad. La sopa no está buena pero, ¿qué hacemos?” No cabe duda que el mejor aderezo para la comida es el hambre y más cuando no se ha satisfecho por varios días.

Al lado de Irma se encontraba Beatriz Mendoza, quien se incorporó a la plática, las dos mencionaron que eran mejores amigas. Al preguntarles cómo y dónde satisfacían su necesidad de descanso, Irma dijo: “Estoy viviendo en un albergue, se llama “Benito Juárez, está ubicado en Mixcoac” y Betty: “Yo vivo en la calle, abajo del periférico, en una lona y un colchón. Estuve en un albergue por la Villa, no me gustó, en los cuartos donde estuve olía a patas, roncan, se quejaban y ni dejaban dormir. Yo prefiero estar solita, a gusto”.

Así, como Betty, más indigentes de la fila mostraron su descontento con el servicio de los albergues del Distrito Federal, Maritza de 29 años igualmente se quejaba: “Están bien sucios, hay cucarachas, hay chinches, hay piojos, na´más fui una vez y me empiojé”. Estos indigentes prefieren dormir en las calles sobre algún cartón, en las bancas de los parques públicos o en colchones usados debajo de algún puente antes que hacerlo en un albergue; ya que éstos se encuentran inhabitables e insalubres.

Las pláticas con los indigentes se llenaban de confianza con cada palabra, Maritza comentó que ella no visitaba la Casa de Apoyo al Menor Trabajador por la comida: “Yo na´más vine una vez y no me gustó (la comida) porque agarran, comen, lo lavan (el plato), pero no lo lavan bien, lo dejan con un montón de grasa. No limpian bien, yo namás vengo a bañar a la niña, a bañarnos. Nos cobran siete pesos por bañarnos”.

La Casa de Apoyo al Menor Trabajador no sólo funge como comedor, también otorga los servicios “gratuitos” de regaderas, lavaderos, consultas médicas, corte de cabello, talleres de cultura de belleza, manualidades y panadería; sin embargo no todos los indigentes que visitan el lugar están enterados de esto.

Hubo un indigente que causó controversia, su nombre es Rafael Vidal quien sonreía y cantaba como un enfermo mental, un neurótico. Al platicar con él, su enfermedad psicológica fue confirmada. Rafael contó cómo era que trataba la enfermedad: “Yo estoy en un grupo de neuróticos anónimos porque yo hice muchas tonterías por la neurosis, no usaba la cabeza y decía que no me importaba la vida de los demás”.

Por otra parte Margarita de 72 años habló de que ella padecía dolores de corazón y cabeza, decidió contar una de sus experiencias vividas en la búsqueda de salud: “Una vez ya me iba yo a caer y vi una mano, llegó una doctora y se me quedó viendo y me agarró. Me estuvo revisando y me dijo que era la presión, se fue y compró una Coca-Cola, ¡bien fría!, la echó en un vaso y le echó jugo de limón, ahí estuvo hasta que me curó”. Me dijo: “Cuando se vuelva usted a sentir mal tómese un vaso de coca con jugo de limón” y “a partir de ese entonces, he aplicado ese remedio”.

Así como Margarita y Rafael, más indigentes mencionaban tratamientos que iban desde caminar un rato durante la tarde, tomar refrescos azucarados y platicar en grupo hasta acudir a clínicas de salud pagadas por el gobierno, lo anterior en los casos más extremos.

La mayoría de los indigentes no mostraban gran interés en satisfacer su necesidad intelectual y educativa, de 30 indigentes que se encontraban en la fila del comedor, ninguno tenía una licenciatura, la mayoría estudió hasta la primaria y sólo dos hasta la secundaria. Los que llegaban a interesarse era porque leían revistas y periódicos que encontraban en la basura o que les regalaba la gente.

Uno de los indigentes de la fila escuchó las preguntas que se le hacían a otro y decidió preguntar si podía contar su historia. Su nombre prefirió omitirlo, pero pidió que se le llamara por su alias: “Calimán”. Mencionó que, a pesar de que sólo llegó a la primaria, sabía leer planos, un poco de matemáticas y mucho de historia: “Nunca me conformé, buscaba aprender más. Soy adicto a la lectura, a parte a otras cosas, pero leve. Hay que leer porque lees y ya sabes a dónde vas. Me sé la historia de México, leo cosas de esoterismo y creo en los ovnis”.

Durante la hora que va de las 12:00 a la 13:00 horas, y en lo que llegaba la comida que brinda el IASIS se dio una cascada de vivencias, ideas y datos impactantes sobre cómo satisfacen sus necesidades primordiales las personas en situación de calle. Sin duda, fue una forma muy distinta de ver la vida, cada uno de ellos tenía una historia para contar.

Otra cara de la moneda

“Cómo te digo, ésta es la otra cara de la moneda, aquí los demás no saben lo que es fletarse para sacar este servicio adelante”. Fueron las palabras de Héctor Vallejo, un diseñador gráfico, quien por azares del destino acabó como trabajador en las oficinas de la delegación Miguel Hidalgo y actualmente funge como director principal del comedor de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador.  ¿Es verdad que los directivos actúan adecuadamente bajo una responsabilidad mayor?, ¿existen carencias a pesar de que el IASIS brinde un servicio considerado de “calidad”?

La única voz que se hizo escuchar dentro del comedor fue la del director Héctor Vallejo, quien en su despacho repleto de papeles y cajas de cartón amontonadas sobre su escritorio, comentaba con un tono prepotente, que al poco tiempo se tornó amable: “Pues mira, aquí no solamente se ofrecen servicios para la comunidad en situación de calle, sino también para la población en general, porque las condiciones son otras”.

Una de las cuestiones que se pudieron ver fue la presencia de diversos cuartos dentro de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo comentaba que el servicio de comedor en este lugar era de 13:00 a 15:00 horas.

Con referencia a los servicios que brinda la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo mencionó: “Algunos servicios tienen costo extra, pero evidentemente, por la situación en general de que la gente no tienen los recursos suficientes, pues igual a ellos se les puede hacer una excepción, que no en todas las veces se da el caso. A pesar de eso, los costos son accesibles”.

El servicio de comedores públicos, son establecimientos que están a cargo del gobierno del Distrito Federal, buscan asegurar a las personas el acceso a la alimentación adecuada y suficiente. A pesar de que son gratuitos, tratan de ayudar a gente en situación de vulnerabilidad social y proteger el ingreso familiar. Héctor Vallejo comentó que existían otro tipo de comedores que son los comunitarios, donde se les cobra a la población una cantidad de 10 pesos.

El servicio que se brinda en la Casa de Apoyo al Menor Trabajador parte de un programa antiguo llamado “Nueva Dinámica Callejera” que surgió en el 2010 durante la gestión de Demetrio Sodi, –ex jefe delegacional de Miguel Hidalgo– no solamente se impartía comida sino que, Héctor Vallejo mencionó que organizaban a los indigentes, los atendían, los asistían para que no fueran rechazados en cuestión de servicios médicos y documentación. “Eso lo seguimos haciendo aquí, aunque el programa ya no exista como tal”.

 

Una muchacha de estatura baja, de tez morena y cuerpo extremadamente delgado, que acababa de salir del comedor, se acercó hacia el encargado, éste le dijo: “¡Qué onda!, ¿ya te bañaste? o ¿Solamente comiste?” Ella con balbuceos logró responderle con dificultad diciéndole: “Ya padre, ya comí”, a lo que el encargado respondió: “Más te vale”.

La chica se alejó lentamente con pasos de vaivén. Héctor Vallejo aparte de encargado fungía como un padre para algunos indigentes del lugar e indignado mencionó: “Pobre chica, ya se había recuperado y volvió a caer en la pinche droga, así como se ve, hace dos meses era otra”. El encargado prosiguió con la explicación de la dinámica del comedor público:

-El comedor de aquí tiene capacidad para 60 personas ¿no?

-Bueno, el área de comedor tiene capacidad para 27 personas sentadas, salen y entran. Aquí, a pesar de que no tenemos lugares, se les da de comer como a 150 personas y a partir del 1º de noviembre empezaremos a ofrecer cenas de 19:00 a 21:00 horas porque entra el Programa de Invierno. El IASIS proporciona el café, té o atole, y hay ocasiones que se da como postre galletas, pero pocas veces sucede.

-Y ¿Hay aquí cocineras suficientes?

– Yo tengo aquí cocina y comedor, el alimento nos lo traen, llegan en camionetas por parte del IASIS. Ellos son una cosa, nosotros otra. Aquí, únicamente se brinda el espacio y el apoyo de empleados o vecinos de la colonia. Pero en el caso de las cenas, el responsable soy yo.

-Entonces, ¿el gobierno manda algún tipo de apoyo económico?

-Aquí no, porque no estamos relacionados directamente con IASIS, ellos sólo traen la comida, nosotros ponemos todo lo demás, incluso a cada empleado le toca aportar dinero para hacer aquí mismo el agua de limón y muy rara vez pasa de que, el IASIS no trae el jabón y uno debe comprarlo para los trastes. El chiste es sacar adelante el servicio del día.

Afuera del edificio se encontraba Jesús Torres, el segundo encargado del comedor, estaba parado al ras de la banqueta frente a la entrada del comedor, disfrutaba de un cigarro que recién acababa de prender con la mirada fija en los indigentes formados, varios de ellos sostenían con ambas manos un recipiente lleno de thinner que inhalaban fervientemente, a consecuencia de un vicio común entre la mayoría de los que acuden a este comedor público.

-Cuándo se drogan las personas, ¿no les llaman la atención?

-Es que es un arma de dos filos, porque se intenta poner orden y algunos simplemente te amenazan, muchos ya no vienen, na´más se meten y comen con la mona.

El encargado acerca el cigarrillo a la comisura de su boca con la mano temblorosa e inhala lento, con la mirada fija en el pitillo lo retira para expirar con suma tranquilidad.

-Para esto pedí una carta a los derechos ciudadanos civiles donde dice que… Todos son libres de hacer lo que quieran, siempre y cuando no afecten a terceros, en este caso cuando vienen las familias y niños pues los están afectando los grupitos de drogadictos, ya con eso me basé para presionarlos un poquito.

-Entonces usted nota que el mayor problema son las drogas.

-Si… Los altera en su comportamiento, ya en su vida pues hay muchos que no quieren trabajar, porque trabajo sí hay. De cierto modo, yo los entiendo porque yo anduve así como ellos, a mí me rescataron en la TAPO…

-Yo soy producto de un programa que salió hace cuatro años, llamado “Nueva Dinámica Callejera”, a finales de noviembre me llevaron a un albergue de los del IASIS, ahí en Coruña y me topé con un amigo de la primaria que trabajaba ahí, gracias a él estuve con trabajo un tiempo en los albergues y ya después me pasaron para acá, no tengo muchos estudios pero… A base de trabajo y esfuerzo se saca todo.

Una camioneta con las siglas “IASIS” venía en camino en ese momento, el motor resonaba y miradas por parte de los indigentes se dejaban apreciar, Jesús Torres pide una disculpa y se acerca a la camioneta para autorizar unas firmas, se revelaron dos ollas enormes, una traía consigo sopa de fideos y la segunda un guisado de carne de res con pimientos. El aroma disolvió las miradas de los comensales, los encargados entraron al comedor con las ollas junto con sus invitados.

La caminata muda de los indigentes traspasaba las rejas de la puerta del comedor, en el interior mesas con manteles azules, jarras de agua, bolillos y platos color café generaban una satisfacción. Una cocineta en una esquina, atendida por cuatro personas, tres señoras y un hombre, quien también era uno de los encargados del lugar, se movían de un lado a otro en un encendido y apagado de estufas.

Los indigentes y la gente de mayor edad probaba cada bocado, nadie dejaba sobrantes en su plato, incluso uno que otro se atrevió a pedir una ración más porque como dijo Héctor Vallejo: “Aquí a nadie se le niega un segundo plato, al fin y al cabo la cuestión es que se acabe lo que trae la institución”.

La travesía del indigente por sobrevivir día a día es complicada, pocos deciden ingresar a los albergues, otros se preocupan por el presente y la mayoría posee la concepción de salir tarde o temprano de esa situación en la que se encuentra.

Por otro lado, las autoridades con preocupación evitan que lo que se vive en sus instalaciones se saquen del ámbito privado al público y así fue como lo planteó Héctor Vallejo quien dijo al final de la jornada del día: “Espero y no publiquen las fotos que tomaron hoy, te pido de favor que solamente sean cuidadosos con lo que escriban, no queremos problemas”.

Intento Fallido “Instituciones sin transparencia”

La falta de respuesta era de esperarse, la ausencia de legalidad y transparencia por parte de las instituciones en México es existente actualmente. El Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS), no fue la excepción.

Con gran incertidumbre por conocer más a fondo en qué situación se encuentran aquellos “apoyos” para dichos individuos, se acudió a las oficinas del IASIS, ubicadas en Lucas Alamán, número 122, colonia Obrera, para solicitar el permiso que permitiría ingresar al albergue en Atlampa, que fue en primera istancia considerado como un medio para contactar  de manera segura con personas en situación de calle.

Los cuestionamientos por parte del personal de las oficinas no se hizo esperar y se logró entablar, a pesar de lo anterior, una comunicación adecuada con la encargada quien aclaró las condiciones necesarias para el ingreso: un permiso de hoja membretada firmado por alguna autoridad de la institución de origen, copias del IFE de cada uno de los que asistirían al albergue, explicaciones de qué se quería investigar ahí adentro; sin mencionar  antes que la cámara de video estaría prohibida si se otorgaba el acceso.

Sin más preámbulos, se optó por realizar el permiso con todas y cada una de las indicaciones solicitadas. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales proporcionó apoyo inmediato para el oficio.

Una vez obtenido el documento, hubo un traslado nuevamente a las oficinas del IASIS para entregarlo, y con ello, pronto recibir una respuesta. Después de esperar de tres a cinco días hábiles, que había recomendado la secretaria de la institución, se debería aguardar para recibir una respuesta del oficio.

La señorita no aseguró la aceptación del documento, pero comentó lo siguiente: “Sí, como estos centros tienen un convenio con la UNAM, lo más seguro es que el acceso que solicitan sea permitido, sólo cumplan con todos los requisitos que ya les mencioné y es recomendable que no pidan hacer uso de cámara de video, pueden hacerlo, pero yo les recomiendo que no”.

Debido a que la espera se convirtió en incertidumbre, se decidió ir a las oficinas personalmente: “Tienen que esperar, no pueden pasar, quien los puede atender salió a comer y regresa a las 16:00 horas” explicó un policía que mientras hablaba, comía en su escritorio. Se esperó alrededor de dos horas en lo que terminaban las horas de comida.

“Ay chicos, lo siento, es que los directivos están de vacaciones” fue la respuesta de la jefa del departamento del COE, cuyas siglas no fueron aclaradas. Después de escuchar la situación por la que se acudió a ella, respondió sin pedir el folio que se supone buscarían para saber cuál fue la respuesta al oficio entregado días antes. La plática después de una larga espera, concluyó en menos de cinco minutos.

A causa de la inconformidad, se publicó vía Twitter tal insatisfacción, casi de inmediato se recibió respuesta por parte del Director del IASIS, el ingeniero Rubén Fuentes, quien solicitó algún teléfono para comunicarse y así le fuera explicado lo sucedido. Éste se comunicó a través de un encargado del departamento de adicciones que un poco desconcertado por la versión negó que el director se encontrase de vacaciones y comentó que el ingeniero laboraba normalmente en su oficina. La encargada del COE había mentido.

Se prometió de nuevo una respuesta, ahora vía telefónica, que de nuevo nunca llegó, ¿pero podría ser información que no concierne a todos? Tal vez, es por eso que el acceso a ésta requiere un proceso al que las autoridades no están dispuestas a concluir.

A pesar de esto, indagar en la vida de los indigentes comprende una gran enseñanza ya que muestran distintas maneras de sobrevivir a pesar de las adversidades que se presentan día con día, algunos sufren de abondono familiar, otros caen en las drogas, otros por su estado psicológico son discriminados y algunos debido a la migración se ven obligados a dejar sus lugares de origen.

De esta forma, al no contar con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas caen en la indigencia, cuya base fundamental para apoyarlos, según Gudelia Barrios –psicóloga social de la UNAM– sería: “Una educación donde hubiera cambios en los valores, que provocara en cada individuo el rescate de su autoestima para así volvernos más productivos”.

Las formas en las que estos indigentes satisfacen el hambre, la necesidad de descansar, su salud y hasta el cultivo de su inteligencia son afectados porque hay un concepción distinta de lo primordial para satisfacer en sus vidas. Por un lado está lo que es la comida como elemento principal y por otro la dependencia a los estupefacientes, donde la mayor parte de los 3 mil 400 indigentes hombres y 347 mujeres que se han registrado en el Distrito Federal han caído en esta problemática.

A pesar de que, la mayoría de los indigentes caen en la drogadicción, causada por la falta de empleo, el abandono social y familiar, los malos salarios y demás adversidades, tienen como alternativa el salir de esta situación gracias a instituciones gubernamentales que aún con deficiencias, brindan una gran ayuda.

Las drogas toman un lugar muy importante en el desarrollo de vida indigente, porque personas que llegaron a tener una vida digna, ahora se ven influenciadas por estos factores que los sacan de la realidad. La preocupación por el futuro no existe, es el presente lo que los inquieta por seguir adelante en ésta lucha porque como diría, con lágrimas en su rostro Rafael Cruz Vidal, comensal que acudió a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador: “La calle es mi casa, la generosidad de la gente mis ingresos, las drogas mi refugio de la realidad y la fe mi única esperanza. Sé que habrá salvación algún día”.

BIBLIOGRAFÍA