Entre las lágrimas de un indigente

Por: Don Errata (Oliver López)

 Mediante la empatía se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás

Ryzard Kapuscinski

Noviembre, 2013

“¡A la víbora, víbora de la mar…! ¡Viva! ¡Viva! “. Rafael Cruz Vidal se dirige hacia mí y comienza a cantar con una sonrisa y una mirada que ––extrañamente–– se encuentra perdida. Sus movimientos de vaivén acompañados de tropiezos sobre la acera reflejan una condición poco común. El resto de sus compañeros, formados a las afueras del Comedor Comunitario de La Casa de Apoyo al Menor Trabajador, comienzan a rolar “las monas” desde atrás hacia adelante; pareciera como si el adelanto del postre ya se estuviera suscitando. La droga se encuentra en la mano de los jóvenes y adultos. Miradas perdidas, encapuchados adictos, voces sin tono, olores de olvido y religiosos en búsqueda de la salvación.

Rafael Cruz, joven de 25 años, es el tímido del grupo. Se le ve postrado contra la pared del comedor comunitario. Hasta ese momento nadie le dirige la palabra, lleva ambas manos en la bolsa de su suéter color verde acompañado por una cachucha grisácea que, por lo desgastada que está, todo parecía indicar que antiguamente era de un color verde oscuro.

Rafael Cruz Vidal me observa, me extiende la mano, y hacemos contacto inmediato. Me considera su hermano, “tocayo” como bien me diría al cruzar las primeras palabras con él. Es uno más dentro del clan de las personas en situación de calle de la Ciudad de México.

Comenta que antiguamente vivía en Tijuana, tierra que lo vio lo nacer y lo llevó a un futuro liderado por el Narco y las armas. Su padre murió a causa de un complot hecho por el cartel de Tijuana. Rafael Cruz habla demasiado rápido que la mayoría de sus palabras se esfuman quizás a causa de lo dramático de su situación; no quieren ser oídas, prefieren perderse entre el aire para no volver a ser recordadas al menos por él, sino únicamente por Dios, su único salvador.

“Yo sé que los pecadores no alcanzarán el reino de Dios pero, a pesar de eso, yo amo a mi México Querido: México lindo y querido, si muero lejos de ti, que me traigan aquí y que me entierren aquí”. Rafael Cruz revela que ha sido un pecador, canta con fervor México Lindo porque para él, a pesar de vivir en un país repleto de corrupción, existe una oportunidad para aquellos abandonados por las autoridades. La única forma de lograr un lugar en estar tierra es encomendarse a Dios.

Rafael Cruz mencionó que para él la vida en Tijuana “está cabrona” y que en los ranchos está mucho peor, porque existe la figura de los rancheros, los “botudos”, los “sombrerudos”, los machistas. “Mis amigos me decían que si los rancheros me faltaban al respeto, yo no debía dejarme. Lo conveniente era matar a esos putos y partirles la madre. Por lo tanto, mi padre ––antes de morir–– me djio que aprendiera todo lo que pudiera de él”.

La violencia de Tijuana fue un factor del cual Rafael Cruz Vidal no pudo librarse, ya que no sólo se convertiría en una causa de pérdida de muchos familiares, sino también en su modus vivendi. Paralelamente, a la edad de 24 años, Rafael se había juntado con una mujer de 40 años y comentaba que, para celebrar sus cumpleaños ––en lugar de chelas y pastel––, su jefe le daba drogas con muchos químicos.

Al mencionar la palabra droga, la voz de Rafael se corta por momentos, sus ojos comienzan a cristalizarse y su mirada comienza a enrojecerse, una pequeña inhalación y suspiro lo pone de nuevo en combate. Afirmó que uno de sus mejores amigos murió a causa de “tanta pinche droga” .

––No fue fácil. Fue mi amigo desde la primaria y lo encontré la última vez bien drogado. Y le dije: “Guey, ¿qué tienes?”. Y me respondió que estaba bien, aunque en el fondo sabía yo que estaba bien perdido en las drogas. Yo me considero una persona muy inteligente y siempre me encomiendo a Dios para que me dé más, y sé que todo lo que esté en nombre del Padre será cumplido y lo he comprobado.

Rafael Cruz afirmó que él no peca para Dios, que no hay que ponerlo a prueba y tampoco a Cristo. “Yo lo amo a él y él me ama a mí”. Así es como su fe religiosa se convierte en un escudo protector que lo cuida diariamente de los peligros que se viven en la colonia Tacubaya en la cual habita. Para él Dios es la única salida que le queda.

––(canta) Por que me amaste a mí, te amo más que a mi vida con una corona de espinas…

A medida en que Rafael Cruz platica su experiencia, de su lengua amarillenta ––plagada de una espesa masa blanquecina que revelaría quizá alguna infección–– salen palabras que denotan su paso de creer en el narco a convertirse en un humano meramente religioso. Menciona que nunca ha tenido paz en su vida y que, desde que su antiguo jefe lo comprometió al Narco con una 9 milímetros, empezó a involucrarse más con los cárteles. Sin embargo, cree que el gobierno tiene muchas cosas que hacer como lidiar con el narcotráfico y que para él lo peor era cuando el ejército hacía antidoping en Tijuana. Comentó que esta práctica “era la perdición para muchos de nosotros”. (Rafael Cruz comienza a secar sus lágrimas que recién acababan de salir de su rostro y dice: “Hace mucho tiempo que no lloraba”).

––Perdona. Es que luego me acuerdo de mi padre y me duele en el corazón porque lo extraño mucho (vuelve a caer en llanto) pero ps ya ni modo, así es la vida ¿no? Nacemos, crecemos y después morimos. El tiempo pasa y no se detiene. Afortunadamente, conocí a un rapero que estaba devastado, pero Dios lo cambió. Dios sana, él restaura vidas.

––Es entonces “el salvador” como muchos le dicen ¿no?

–– Sí, así es. Él está dispuesto a salvarnos del pecado. Él dio su sangre por nosotros sus pecadores. Yo fui pecador, pero me arrepentí después. Deja te leo un párrafo de San Juan.

Rafael Cruz Vidal ––inesperadamente–– saca del bolsillo de su sudadera una Biblia  muy pequeña color azul (del estilo de aquellas que suelen regalar ––rara vez–– a las afueras del metro), recorre las páginas de la misma con sus manos entintadas de un color negruzco a causa ––quizás–– de la suciedad de las calles y de las coladeras donde suele dormir. Encuentra el versículo deseado y entre las hojas se asoma un esperanzador billete de 20 pesos. Por mi mente pasó que ––al menos–– por aquel día él no pasaría hambre.

––Te cito el versículo: “Los principales sacerdotes buscaban testimonios contra Jesús para regalarle a la muerte, porque muchos decían falsos testimonios contra él, mas sus testimonios no concordaban”. Todo esto no fue cierto, porque la gente creía en los milagros de Jesús. Fue una gran muestra de amor que diera su vida y su amor puro.

Rafael Cruz, a pesar de ser víctima del Narco, también se consideró víctima de las mujeres a las cuales desprecia por lo que vivió en su pasado. Mencionó que éstas exigen amor puro a cambio de dinero. Para él, el amor es una cosa sublime, pero ––por ahora–– sólo confía en el amor de Dios.

La condición de Rafael Cruz se debe principalmente a su neurosis, la cual padece desde hace ya unos años. De ahí el porqué de sus movimientos descontrolados, su delirio y su falta de conexión de las ideas asociadas a un volumen de voz que subía y bajaba recayendo por momentos en la felicidad, el enojo y la tristeza.

Mencionó que está en un grupo de “neuróticos anónimos” a causa de que nunca usaba su cabeza para actuar adecuadamente, ya que jamás le importó la vida de las demás personas durante su vida pasada. “Cuando iba a la sierra pues había narcos, guey. Todos ellos vendían droga, pero no nos podíamos llevar nada nosotros, nos obligaban a regresarla. Y ––aunque no lo creas–– yo estuve preso 5 años, está muy canijo ahí”.

––¿Hace cuánto que salió de la cárcel?

––Salí hace 3 años.

––¿Por qué lo encarcelaron?

––Por una supuesta violación a una menor. Yo no hago esas cosas, se trataba de una niña de un año o dos, ni que la hubiera matado; ahí sí se las aceptaba, pero no soy estúpido. Antes soñaba que alguien me violaba; eran más bien pesadillas. Conocía a un gay que le gustaban, en ese entonces, los jóvenes como yo, y me dijo que si revelaba algo de él me iba a matar. Yo le dije que a mí nadie me mataría, pero si hubiese tenido la oportunidad yo lo hubiera matado antes.

––Pero… ¿usted no cree en la venganza?

––No. Y a pesar de que Dios es grande, yo lo hubiera matado desde cuando. Lo único que llegué a hacer fue robarle a ese maricón 10 mil pesos; me pasé de lanza. Yo no soy gay, ni activo ni pasivo, nada de eso. Yo soy un hombre hecho y derecho. Pues… déjame te digo que tengo un hijo de siete años.

––Y, ¿él dónde está ahorita?

–– Está en Manzanillo, Colima.

––¿Con quién está viviendo su hijo?

––Con su mamá. Ella ya no quiere estar conmigo, yo le decía a Ana –mi esposa– que teníamos que juntarnos por el bien del niño, se lo pedía de favor. La última vez que vi a mi hijo, me dijo: (Rafael nuevamente vuelve a caer en lágrimas) “Papi, ¿no nos vas a ayudar?”. Y yo le respondí: “Tranquilo, papito. No llores”. Le dije que no lo quería, sino que lo amaba. Después de dejar a la madre de mi hijo, nunca me volví a casar. Ana me rechazó después de que tuvimos al niño. Pero, a pesar de que me las vi negras con mi pareja, siempre intenté hacer lo posible por ofrecerle a mi hijo comida, principalmente, tortillas y frijoles.

Rafael Cruz Vidal dice que se muestra como una persona olvidada donde la calle es su casa, la generosidad de la gente sus ingresos y antiguamente las drogas sus refugio de la realidad. Su vida no ha sido sencilla desde que salió de las filas del cártel de Tijuana. Aprendió a no pecar después de cinco años de estar preso. Ahora es un hombre libre, abandonado y en búsqueda de la salvación que se postra no en las autoridades o en programas sociales del Gobierno del Distrito Federal, sino ––más bien–– en la fe de Dios con la cual afirma que puede conectarse con Él en el fondo de su corazón.

Las lágrimas compartidas por Rafael Cruz Vidal reflejan la vida de un hombre que, a pesar de padecer neurosis, refleja sentimientos encontrados, historias pasadas y muestra la humildad de una persona que vive el día a día en las calles en búsqueda del pan diario. Su historia hace reflexionar hacia dónde vamos, por qué desaprovechamos lo que tenemos, por qué no actuamos por salvar a aquellas personas que son nuestros olvidados vecinos nocturnos. La respuesta está en voltear a ver a nuestras calles, a nuestros rincones de la colonia para darnos cuenta que nosotros también podemos compartir lágrimas con estas personas, porque somos humanos y ––al igual que Rafael–– hemos sido pecadores. “La fe es mi única esperanza”. 

 

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“La forma de escribir de alguien revela quién es realmente” (Entrevista con Juan Nadal Palazón)

Juan nadal

Noviembre, 2014

¿Qué ha sido de aquellos alumnos que han ganado la medalla Alfonso Caso y Gabino Barreda, las cuales otorga la UNAM a sus mejores estudiantes? ¿Han llegado a trascender después de obtener este reconocimiento? La respuesta, en el caso de Juan Nadal Palazón, es sí. Un hombre al que la edad de 35 años no lo ha perjudicado, al contrario, lo ha vuelto más joven con el paso del tiempo. Imparte las materias de Redacción, y Periodismo y Lenguaje Narrativo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde semestre a semestre recibe a más de una cuarentena de alumnos, quienes siguen confundiéndolo con el adjunto e, incluso, dudan si en verdad él es el profesor.

Sus satisfacciones personales han sido la docencia y con el tiempo descubrió su pasión por la investigación, la cual lo ha llevado a escribir varios libros entre ellos un análisis relacionado a los titulares periodísticos en México y otro que recoge los primeros relatos periodísticos de Gabriel García Márquez. Actualmente, trabaja en un nuevo libro sobre la hermeneútica de los titulares periodísticos.

El haber pasado por la licenciatura en Comunicación, la maestría en Lingüística Hispánica y el doctorado en Filología, realizado en la Universidad de Salamanca, España, lo dotó de nuevos conocimientos que le permitieron aplicarlos en la enseñanza de cada uno de los temas de su clase; sin embargo, lo que siempre le caracterizó, desde su formación universitaria, fue el compromiso y la responsabilidad: valores adquiridos de sus padres.

“Mis padres siempre me apoyaron y me dijeron que estudiara lo que a mí me causara ilusión de estudiar. En realidad era lo esperable en ellos, porque toda mi familia se ha dedicado siempre a la enseñanza. Por tanto, ellos siempre han tenido claro que una persona, para poder destacar en su profesión, tiene que estudiar lo que a uno le guste”.

Sus padres también fueron estudiantes de la UNAM e igualmente se dedican a la docencia. Juan Nadal es miembro de una familia con muchos méritos, puesto que su madre fue una de las primeras mujeres en recibir el grado de doctorado en Filosofía en México y es la mayor especialista, a nivel internacional, en la obra de Fernando de Lizardi. Su padre, a pesar de estar alejado del ambiente humanista, ha tenido también relevancia en la enseñanza de la Economía, mientras que el hermano de Juan Nadal se ha dedicado a la escritura de libros sobre Biología adolescente.

Juan Nadal había de estudiar la carrera de Comunicación, nunca dudó, estaba destinado a ello y escogió a la Facultad de Ciencias Políticas como alma mater para poseer herramientas que le permitieran desarrollar la investigación periodística.

El joven Nadal asistía en coche a la Facultad, era admirador del horario de la mañana y decidía comer siempre en su casa ubicada en el Centro de Coyoacán. La vida de un estudiante ganador de la Gabino Barreda no únicamente estaba puesta en hacer tarea todas las tardes, igualmente, acudía a cualquier fiesta a la que era invitado, principalmente las de fin de semestre. Era una persona querida por su generación y por sus profesores; nunca sufrió de abusos por parte de sus compañeros.

A pesar de tener un buen inicio en la carrera, la Huelga del 99-2000 obstaculizó su visión a futuro. Por nueve meses, estuvo a punto de abandonar la licenciatura y dejar a un lado la UNAM para mudarse a otra universidad.

“Me tocó la Huelga del 99-2000 y fue un periodo muy fuerte y traumatizante para nosotros; estuvimos nueve meses parados sin hacer nada. Hubo un momento en el que me vi desesperado preguntándome qué futuro me esperaba, porque no parecía claro que aquéllo iba a terminar. Imagínese usted que pasaban dos, tres, seis meses, ocho meses, nueves meses y no se veía para cuándo. Yo necesitaba hacer mi carrera”.

Juan Nadal decidió no dejar la UNAM a causa de que en otras universidades no le revalidaban las materias que ya había cursado durante los primeros cuatro semestres. Por tanto, el haber regresado a clases después de la huelga, lo motivó a seguir adelante. Fue así cuando comenzó a reconocer la importancia del estudiante de comunicación el cual decía que: “es de esperarse de éste un mejor desempeño en cuestiones de manejo mediático y de expresión”.

Juan Nadal crecería con estas habilidades al formar parte de una familia con una gran preparación académica, sólo faltaba que alguien le diera un empujón para consolidar nuevas metas como lo fue la docencia. Él se interesó en este ámbito durante su preparación como comunicólogo gracias a la ayuda de tres profesoras que lo admitieron como su ayudante y lo proyectaron a la búsqueda de esta vocación.

“En esa época, en la que fui yo ayudante de profesor, aprendí muchísimo observando a otros profesores dar clase y di alguna que otra sesión. Algunos comentarios que me hicieron las profesoras me ayudaron. Desde ese momento, estar frente a grupo lo hace a uno percibir de una manera muy distinta las clases”.

Juan Nadal tomó seriamente su papel como ayudante y, de manera autodidáctica, fue observando los aciertos y errores que un profesor debía tener gracias a que en su trayecto académico siempre estuvo ante la presencia de profesores buenos y malos. Para él, un buen profesor debe ser alguien comprometido con lo que hace y que, principalmente va a tratar a los alumnos como personas y a valorar su trabajo; sin embargo, lo que odia de su profesión es el carácter evaluativo, pero trata de apegarse a las operaciones matemáticas para tratar de ser objetivo con su alumnado.

El profesor Juan Nadal ha perdido el nerviosismo del primer día de su docencia, ahora entra a su salón y se enfrenta cotidianamente a la preocupación de si realmente está haciendo bien su trabajo, procura que no quede ninguna duda y vela porque su presencia como maestro no se vuelva un obstáculo en la vida de sus estudiantes.

Además de trabajar como docente, Juan Nadal cuelga el traje de profesor y se coloca, en otra instancia del día, el de investigador. Acude diariamente al Instituto de Investigaciones Filológicas que se convertiría en su pasión y también en un arma de doble filo. Es un instituto en donde puede desarrollar sus investigaciones; sin embargo, le consume mucho tiempo y es por ello que no ha podido impartir otras materias en la Facultad. Únicamente puede dar una materia al semestre.

Juan Nadal ve en todo momento la importancia de la redacción, su constante pauseo al hablar revela la pertinencia con la cual utiliza las palabras, por lo cual su discurso suele ser claro y entendible. Las faltas de ortografía son su peor enemigo y el periodismo su herramienta de trabajo. Sin embargo, ¿qué hay más allá de Juan Nadal que simplemente un profesor e investigador de tiempo completo?

Es un hombre que diariamente se levanta a las seis de la mañana, duerme a las doce, dice que alguna vez se enamoró en la Facultad y procura ir seis veces por semana al gimnasio. Sus pronunciados bíceps marcados en su playera tipo Polo lo delatan.

Dice que su mayor miedo es el fracaso y su comida favorita la española. España es su país favorito incluso por su acento de voz ––cuasi castellanizado–– podría decirse que debió haber nacido dentro de fronteras ibéricas más que mexicanas; no obstante, su identidad como chilango se hace presente a detenerse por un momento a pensar la respuesta a la raíz cuadrada de 100; no es tan perfecto como se creía, hasta un doctorante puede dudar.

Se dice estar ya cansado de la corrupción en el país y aspira a seguir siendo profesor e investigador en los próximos cinco años. La sonrisa inocente de Juan Nadal estará siempre presente, lo vuelve inmune a los enojos y lo inmortaliza en un ser dotado de conocimiento, cordialidad, humildad y tolerancia. Para él, si una persona comete errores es porque realmente está convencida de querer cometerlos. No perdona ni siquiera las faltas ortográficas de los diarios, anda por la vida corrigiendo hasta el más mínimo detalle y ha adoptado como un lema personal: “No haga el oso”. Juan Nadal incita a la autorreflexión, a la crítica continua y al adecuado uso de las palabras, ya que como él diría: “La forma de escribir de alguien revela quién es realmente”.

Española en tránsito: diálogos con Elsa Cabria, periodista sin límites.

Octubre, 2013.

Qué satisfactoria puede ser la carrera de periodismo si desde un inicio sabes a lo que te quieres dedicar; pero, ¿qué sucede en los casos donde únicamente se sigue el cauce de las acciones hacia un futuro incierto, pero lleno de oportunidades y esperanzas? La presión del qué hacer después de terminar una licenciatura es un temor que debe enfrentarse con decisión, donde la insatisfacción constante se convierte en una travesía de nunca acabar.

 

Elsa Cabria, periodista proveniente de Santander, España, vestida con short de mezclilla, que hacía relucir sus largas y torneadas piernas, apoyada sobre unas botas vaqueras color café, y envuelta en una blusa color durazno; a pesar de sus 29 años, mostraba un carácter juvenil con el que comenzó a revelar quién era en realidad aquella mujer de ojos verdes y cabello a hombros que, por lo nerviosa que se veía al inicio, fue víctima de una entrevista más en su vida o quizás la primera.

 

Elsa, una mujer que llegó a México desde España, se considera como una periodista en busca de la satisfacción cotidiana que comenzó a sus 17 años cuando decidió estudiar periodismo. Fue a partir de ese momento cuando inició su travesía. Había cumplido 22 años cuando terminó la licenciatura. Sin experiencia laboral, fue solicitada por el periódico El Pueblo de Ceuta y, sin tener nada que perder, emprende una aventura a dicha provincia ubicada en suelo marroquí.

 

Al trasladarse tiempo después a Madrid, Elsa estudió la maestría en El País donde aprendió a valorar lo que en verdad estudió, mencionó que “el periodismo es un oficio, chamba tras chamba, escuchar, leer y escribir, fin, se acabó. A eso debes dedicarte todo el tiempo, en donde una noticia es todo aquello relevante que nadie quiere que sea publicado, debes procurar que tu información sea rigurosa, en donde al final esto va un poco de molestar, pero con argumentos claros”.

 

Elsa Cabria terminó su maestría a los 27 años y ––con la ayuda de su madre–– decidió adentrarse en una travesía a México, donde mencionó que: “Siempre que doy un movimiento a otra ciudad lo considero como buena idea, pero ahora con la llegada a México lo tengo súper claro”. Es así cómo desde el año 2011, la periodista ha colaborado con diversos medios en los que ha realizado reportajes de viajes, de temas sociales y ha trabajado últimamente como editora en Grupo CNN Expansión.

Lo que define el ir y venir de temáticas que ha tratado Elsa a lo largo de su vida se resume en lo que expresó: “No soy experta en ningún tema de los que trato, pero en eso consiste el periodismo, de aprender, preguntar, leer para conocer”. Dentro del trabajo periodístico de Elsa existieron momentos difíciles que tuvo que atravesar. Para conocer más a fondo su vida laboral, respondió sobre las penalidades que ha sufrido para sacar adelante un buen reportaje:

 ––En relación a la censura que ves aquí en México, ¿has encontrado algún obstáculo para ejercer

libremente tu oficio como periodista?

––Para mí sería muy falso decir que no me ha tocado. En la prensa anterior en la que trabajaba, mis jefes eran priístas, pero a pesar de que tenían un buen proyecto, el haber colaborado con ellos ha sido una disyuntiva para mí en donde siento que lo que hago está mal y a pesar de la imposición de lo que mis jefes querían que hiciera, paso. No me quiero ni enterar.

 

––A partir de tu experiencia, ¿crees que el periodista debería asumir una postura para entrar al medio o solamente su trabajo es informar?

––Yo creo que todo el mundo tiene una postura política, sería una mentira no decirlo. Lo ideal es que si el medio ya está posicionado, tú ya no tienes que aportarle todavía más, ya que eso pasa en los periódicos, lo cual es visto mucho en España, y si tu diario ya está casado con tal partido, tú dedícate a informar, qué mas quieres, para qué vas a interpretar opiniones; no creo que debas posicionarte. Tu trabajo habla por ti, ésa es mi concepción.

 ––Después de lo anterior ¿qué es para ti el periodismo?, ¿cómo lo has llegado a concebir?

––Hay un hecho de insatisfacción constante. El chiste es informar, ser creativo, tener un espíritu para hacer tu trabajo cada vez mejor, no es que quieras ser mejor que el otro, sino simplemente hacerlo bien y sentirte orgullosa de que la gente se enteró de algo más. Eso es lo que más llena, porque el lector siempre será el primero de todos. El periodismo es como diría mi profesor del máster de El País: “Escribir para el señor de Cuenca”.

 

Elsa Cabria no solamente es periodismo puro. Detrás de ella existe una vida plagada de incógnitas, una mujer que busca posibilidades, corre riesgos, no sólo vive aislada sobre un escritorio en el que prepara la nota del día siguiente. También tiene un lado humano que refleja a una mujer que no piensa parar con su travesía, es alguien que desde muy joven ha recorrido sola los beneficios y tropiezos de la vida, donde la inseguridad en sí misma le ha jugado un mala pasada, pero a pesar de todo esto:

 ––– Verdaderamente, ¿quién es Elsa Cabria, como mujer, amante y ciudadana?

 ––Soy un loro como ya te habéis dado cuenta, creo que soy bastante curiosa. En general me llama mucho la atención lo que la gente piensa, siento que no me entero de nada, pero cuando lo hago, ¡qué ilusión! Creo en las personas, tengo fe en la vocación. Y como ciudadana tengo mucho que mejorar para que cuando vea una marcha que tenga sentido decir: por qué no me uní o por qué no estoy encabezando al píe del cañón algún movimiento como el femen en España. Me cuestiono mucho porque siento que no lo he hecho suficientemente bien.

 ––Por último Elsa, ¿qué harías si no fueras periodista?

––Quiero ser periodista, espero haber servido de un buen mal ejemplo…

 

Elsa parece tener la certeza de lo que hará el día de mañana; sin embargo, su vida siempre girará en torno a las posibilidades que se le aparezcan enfrente, cual péndulo que oscila constantemente, en las que intenta encontrar una salida que la lleve a nuevos horizontes e interacciones con nuevas culturas. Es Elsa Cabria en la intimidad, una española que inspira el deseo de nunca rendirse a pesar de no tener claro, en algún momento de la vida, lo que se quiera hacer.

 

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