Telaraña

Por: Don Errata

Cuando andes  cansada,

inocente tú estarás,

frente al límite del lago de la inmensa tempestad.

Quién te dijo que te fueras,

compra tiempo y rebobina,

aquella escena tan divina que de lejos tentarás.

No me olvides alma mía,

compra tela y teje ya,

una nueva telaraña de recuerdos que olvidé.

Telraña

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“La forma de escribir de alguien revela quién es realmente” (Entrevista con Juan Nadal Palazón)

Juan nadal

Noviembre, 2014

¿Qué ha sido de aquellos alumnos que han ganado la medalla Alfonso Caso y Gabino Barreda, las cuales otorga la UNAM a sus mejores estudiantes? ¿Han llegado a trascender después de obtener este reconocimiento? La respuesta, en el caso de Juan Nadal Palazón, es sí. Un hombre al que la edad de 35 años no lo ha perjudicado, al contrario, lo ha vuelto más joven con el paso del tiempo. Imparte las materias de Redacción, y Periodismo y Lenguaje Narrativo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde semestre a semestre recibe a más de una cuarentena de alumnos, quienes siguen confundiéndolo con el adjunto e, incluso, dudan si en verdad él es el profesor.

Sus satisfacciones personales han sido la docencia y con el tiempo descubrió su pasión por la investigación, la cual lo ha llevado a escribir varios libros entre ellos un análisis relacionado a los titulares periodísticos en México y otro que recoge los primeros relatos periodísticos de Gabriel García Márquez. Actualmente, trabaja en un nuevo libro sobre la hermeneútica de los titulares periodísticos.

El haber pasado por la licenciatura en Comunicación, la maestría en Lingüística Hispánica y el doctorado en Filología, realizado en la Universidad de Salamanca, España, lo dotó de nuevos conocimientos que le permitieron aplicarlos en la enseñanza de cada uno de los temas de su clase; sin embargo, lo que siempre le caracterizó, desde su formación universitaria, fue el compromiso y la responsabilidad: valores adquiridos de sus padres.

“Mis padres siempre me apoyaron y me dijeron que estudiara lo que a mí me causara ilusión de estudiar. En realidad era lo esperable en ellos, porque toda mi familia se ha dedicado siempre a la enseñanza. Por tanto, ellos siempre han tenido claro que una persona, para poder destacar en su profesión, tiene que estudiar lo que a uno le guste”.

Sus padres también fueron estudiantes de la UNAM e igualmente se dedican a la docencia. Juan Nadal es miembro de una familia con muchos méritos, puesto que su madre fue una de las primeras mujeres en recibir el grado de doctorado en Filosofía en México y es la mayor especialista, a nivel internacional, en la obra de Fernando de Lizardi. Su padre, a pesar de estar alejado del ambiente humanista, ha tenido también relevancia en la enseñanza de la Economía, mientras que el hermano de Juan Nadal se ha dedicado a la escritura de libros sobre Biología adolescente.

Juan Nadal había de estudiar la carrera de Comunicación, nunca dudó, estaba destinado a ello y escogió a la Facultad de Ciencias Políticas como alma mater para poseer herramientas que le permitieran desarrollar la investigación periodística.

El joven Nadal asistía en coche a la Facultad, era admirador del horario de la mañana y decidía comer siempre en su casa ubicada en el Centro de Coyoacán. La vida de un estudiante ganador de la Gabino Barreda no únicamente estaba puesta en hacer tarea todas las tardes, igualmente, acudía a cualquier fiesta a la que era invitado, principalmente las de fin de semestre. Era una persona querida por su generación y por sus profesores; nunca sufrió de abusos por parte de sus compañeros.

A pesar de tener un buen inicio en la carrera, la Huelga del 99-2000 obstaculizó su visión a futuro. Por nueve meses, estuvo a punto de abandonar la licenciatura y dejar a un lado la UNAM para mudarse a otra universidad.

“Me tocó la Huelga del 99-2000 y fue un periodo muy fuerte y traumatizante para nosotros; estuvimos nueve meses parados sin hacer nada. Hubo un momento en el que me vi desesperado preguntándome qué futuro me esperaba, porque no parecía claro que aquéllo iba a terminar. Imagínese usted que pasaban dos, tres, seis meses, ocho meses, nueves meses y no se veía para cuándo. Yo necesitaba hacer mi carrera”.

Juan Nadal decidió no dejar la UNAM a causa de que en otras universidades no le revalidaban las materias que ya había cursado durante los primeros cuatro semestres. Por tanto, el haber regresado a clases después de la huelga, lo motivó a seguir adelante. Fue así cuando comenzó a reconocer la importancia del estudiante de comunicación el cual decía que: “es de esperarse de éste un mejor desempeño en cuestiones de manejo mediático y de expresión”.

Juan Nadal crecería con estas habilidades al formar parte de una familia con una gran preparación académica, sólo faltaba que alguien le diera un empujón para consolidar nuevas metas como lo fue la docencia. Él se interesó en este ámbito durante su preparación como comunicólogo gracias a la ayuda de tres profesoras que lo admitieron como su ayudante y lo proyectaron a la búsqueda de esta vocación.

“En esa época, en la que fui yo ayudante de profesor, aprendí muchísimo observando a otros profesores dar clase y di alguna que otra sesión. Algunos comentarios que me hicieron las profesoras me ayudaron. Desde ese momento, estar frente a grupo lo hace a uno percibir de una manera muy distinta las clases”.

Juan Nadal tomó seriamente su papel como ayudante y, de manera autodidáctica, fue observando los aciertos y errores que un profesor debía tener gracias a que en su trayecto académico siempre estuvo ante la presencia de profesores buenos y malos. Para él, un buen profesor debe ser alguien comprometido con lo que hace y que, principalmente va a tratar a los alumnos como personas y a valorar su trabajo; sin embargo, lo que odia de su profesión es el carácter evaluativo, pero trata de apegarse a las operaciones matemáticas para tratar de ser objetivo con su alumnado.

El profesor Juan Nadal ha perdido el nerviosismo del primer día de su docencia, ahora entra a su salón y se enfrenta cotidianamente a la preocupación de si realmente está haciendo bien su trabajo, procura que no quede ninguna duda y vela porque su presencia como maestro no se vuelva un obstáculo en la vida de sus estudiantes.

Además de trabajar como docente, Juan Nadal cuelga el traje de profesor y se coloca, en otra instancia del día, el de investigador. Acude diariamente al Instituto de Investigaciones Filológicas que se convertiría en su pasión y también en un arma de doble filo. Es un instituto en donde puede desarrollar sus investigaciones; sin embargo, le consume mucho tiempo y es por ello que no ha podido impartir otras materias en la Facultad. Únicamente puede dar una materia al semestre.

Juan Nadal ve en todo momento la importancia de la redacción, su constante pauseo al hablar revela la pertinencia con la cual utiliza las palabras, por lo cual su discurso suele ser claro y entendible. Las faltas de ortografía son su peor enemigo y el periodismo su herramienta de trabajo. Sin embargo, ¿qué hay más allá de Juan Nadal que simplemente un profesor e investigador de tiempo completo?

Es un hombre que diariamente se levanta a las seis de la mañana, duerme a las doce, dice que alguna vez se enamoró en la Facultad y procura ir seis veces por semana al gimnasio. Sus pronunciados bíceps marcados en su playera tipo Polo lo delatan.

Dice que su mayor miedo es el fracaso y su comida favorita la española. España es su país favorito incluso por su acento de voz ––cuasi castellanizado–– podría decirse que debió haber nacido dentro de fronteras ibéricas más que mexicanas; no obstante, su identidad como chilango se hace presente a detenerse por un momento a pensar la respuesta a la raíz cuadrada de 100; no es tan perfecto como se creía, hasta un doctorante puede dudar.

Se dice estar ya cansado de la corrupción en el país y aspira a seguir siendo profesor e investigador en los próximos cinco años. La sonrisa inocente de Juan Nadal estará siempre presente, lo vuelve inmune a los enojos y lo inmortaliza en un ser dotado de conocimiento, cordialidad, humildad y tolerancia. Para él, si una persona comete errores es porque realmente está convencida de querer cometerlos. No perdona ni siquiera las faltas ortográficas de los diarios, anda por la vida corrigiendo hasta el más mínimo detalle y ha adoptado como un lema personal: “No haga el oso”. Juan Nadal incita a la autorreflexión, a la crítica continua y al adecuado uso de las palabras, ya que como él diría: “La forma de escribir de alguien revela quién es realmente”.