Ohayou! : el anime en México

Por: Iván Cruz y Oliver López (Don Errata)

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“Lo que me motivó a ver anime fue una muchacha, su familia era descendiente de Japón. De ahí me empezó a gustar toda la cuestión japonesa y me basé en el anime, la música, literatura, revistas, hasta me enseñó el idioma”. Israel Martínez sonríe mientras espera a su esposa, quién busca figuras de personajes pertenecientes al Seinen, Shojo, Josei, Ecchi, entre otras variantes del anime. Su hijo se postra en el suelo para esperar a que sus padres terminen el ritual con el que buscan inculcarle una cultura.

     Israeru tiene 36 años, 2,000 amigos en Facebook (cuyo común denominador es la atracción por los productos culturales asiáticos), acude a conferencias, convenciones, e interactúa de manera efímera con la gente, pues la amistad la tiene reservada para el único amigo de la infancia que no lo abandonó al conocer su afinidad a un modo de vida alejado de la cultura mexicana.

   El riesgo de acercarse a la cultura nipona se convirtió en una gratificación para Israel y, a la vez, se tornó en un factor de rechazo para su familia y sus vecinos de la colonia. “Mi familia dice que soy un japonés fracasado”.

   Su fisonomía refleja ciertas elementos adquiridos por la cercanía con el anime: lentes cuadrados, playera negra con estampado de una serie Mecha ––género del anime enfocado a robots gigantes––, pantalón de mezclilla deslavado, ojos casi rasgados, y una actitud cómica hacia sí mismo. Se dice un consumidor de anime culto y lo ve como un acercamiento a la cultura japonesa. “Yo sí te veo cualquier género, desde el más leve hasta el más fuerte. El que más me ha gustado hasta ahora es Tokyo Ghoul al igual que Akira. Para mí, el anime es parte de la cultura de Japón”.

Israeru, como se autonombra en Facebook, forma parte de una cultura que llegó a México en el año de 1970 con la obra de Osamu Tzuka: Astroboy, la cual se expandió en los años noventa a partir de su transmisión en televisión abierta, principalmente en el Canal 5 y el Canal 7.

   Hablar de anime y manga es hacer referencia a series animadas e historietas de origen japonés, éstas no están dirigidas a un público específico, pues muchas veces retoman sus temáticas de historias locales, leyendas, mitos, e inclusive novelas o libros.

   Luis Antonio Vidal Pérez ––comunicólogo peruano de la Universidad César Vallejo–– indica en su tesis El anime como elemento de trasculturación: “El anime junto con el manga, son los que distinguen a Japón y Estados Unidos, vistos como países del primer mundo.” El autor hace referencia a la forma en que las potencias tecnológicas impulsan el arte popular de los dibujos animados, los cuales ya son aclamados por distintas naciones alrededor del globo terráqueo, entre ellas Estados Unidos y Latinoamérica.

   Actualmente, uno de los lugares más importantes en la difusión y consumo del anime a nivel mundial es Estados Unidos, pues es el organizador de la segunda convención de anime más influyente: Otakon.

   Sin embargo, dentro de la cultura del anime se encuentran ciertas etiquetas que segregan y a la vez unen a las personas consumidoras de este tipo de productos culturales. Una de ellas es la del “otaku”, que Vidal Pérez define: “como al fanático del anime y el manga. ‘Otaku’ significa originalmente: usted, y en el Japón moderno se utiliza para nombrar a los aficionados a distintos tipos de hobbies: anime otaku (fans del anime), cosplay otaku (fans del cosplay), manga otaku (fans del manga), entre otros”.

   En los últimos 10 años, la imagen de los otakus ha mejorado considerablemente gracias a su exposición en medios de comunicación y al consumo de productos de anime en gran diversidad de países. No obstante, bajo los beneficios de esta industria del anime se encuentran los niños, jóvenes y adultos que desde muy temprana edad se han acercado a este tipo de dibujos animados.

   Muchos de ellos han perdido amigos, otros han tratado de adoptar las conductas de sus personajes de anime favoritos, hay quienes invierten más de 4 horas al día en ver series japonesas, otros han sido influenciados por familia y amigos; y hay quienes dicen que el anime es un escape de la realidad cotidiana. El anime los ha moldeado hacia lo que podría denominarse para algunos como una adicción.

Casi frente al Palacio de Bellas Artes, sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas, la gente se conglomera para conseguir los productos que más llaman su atención: ropa en Aldo Conti, Men’s Factory, Zapaterías Las Vegas; e incluso comida rápida y tecnología. En el #9 de Eje Central se reúnen los fieles al consumo de tecnología, videojuegos, anime, doramas, figuras de acción y comida de origen japonés.

     La Frikiplaza (cuyo nombre original es Bazar del entretenimiento y el videojuego) recibe todos los fines de semana un estimado de cinco mil visitantes que buscan conseguir contrincantes en un duelo de Yu-Gi-Oh!, partidas de Smash Bros., intercambios de pokemones en sus Nintendo 3DS; que van con la única motivación de presumir los disfraces de sus personajes favoritos de Death Note, Naruto, Shaman King; que quieren conseguir la novela japonesa de moda, el manga de la semana, el último disco de Super Junior; que quieren consumir las comidas de una cultura lejana: sodas con frutas conservadas, ramen, sushi, onigiri, entre otras cosas.

     Según datos de La Razón de San Luis, este bazar forma parte de un corporativo que inició hace diez años y que administra la Plaza de la Tecnología. El cambio drástico se dio cuando, en el lugar que se vendían los accesorios de cómputo y telefonía, pusieron maquinitas y consolas de videojuegos. Se atrajo a un público mucho más joven.

   La entrada no muestra rasgos que delaten el tipo de productos que se pueden encontrar en los cuatro pisos del recinto heredado a la cultura friki. La entrada está repleta de vendedores de celulares usados, protectores de pantalla, accesorios para móviles. Los pasillos de la planta baja siguen la misma línea: tecnología a precios bajos. Sin embargo, hay unas escaleras eléctricas que llevan al mini Japón mexicano. El primer piso está dedicado en su totalidad a la venta de series de anime, doramas; muñecos de Pokémon, Mario Bros, Assassins Creed; consolas de videojuegos (nuevas y vintage); y playeras con estampados de Sailor Moon, Los Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball Z, Devil May Cry, One Piece, Evangelion, y más.

   Para poder llegar al segundo piso se tiene que pasar por unas escaleras de alrededor de cuatro metros de ancho, en las paredes hay dibujos de animes y leyendas con referencia a la Frikiplaza. El segundo piso está dedicado a la compra venta de tarjetas de los llamados Trading Card Games, cuyos principales referentes son Yu-Gi-Oh!, Pokémon y Magic. En el centro de ese piso se encuentran una serie de mesas en las que decenas de visitantes se dan cita para tener duelos, y en algunas ocasiones disputar los premios de los concursos organizados en la plaza. Según David Murrieta, coordinador de mercadotecnia de la Frikiplaza, todos los productos son originales. Esto a pesar de que hay series que ya no se consiguen en otros lados, y por tanto son comercializadas como copias.

   En el tercer piso se encuentra el paraíso culinario de la cultura japonesa, desde sushi hasta el okonomiyaki (una especie de masa cocinada a la plancha con carne, calamar, verduras y queso). Esto sin dejar de lado los pequeños espacios donde se distribuyen figuras de acción y una que otra estética en la que se especializan en los cortes de personajes de anime. El lugar huele a una mezcla de carne asada con ajos, cebolla, pescado fresco y pasta que permite a los amantes de la cultura japonesa sentirse un poco más cerca de su segunda patria. Los curiosos disfrutan de probar nuevas experiencias en sus paladares.

   El cuarto y último piso causa mucha expectativa debido al ruido que transporta por todo el cubo del edificio. Al subir al lugar las personas se encuentran con locales repletos de pantallas de led, maquinitas con Street Fighters, Nintendos Wii, tapetes de baile con canciones asiáticas, sillones de piel, y una pequeña fuente de sodas para revitalizar a los asiduos gamers que se reúnen ahí día tras día.

     El lugar, como las otras 23 Frikiplazas que existen actualmente en el país, permite a las personas adentrarse en un mundo paralelo casi asiático dentro del Centro Histórico de la Ciudad de México, acercarse a otra cultura; aunque para unos funciona como lugar de convivencia con personas que tienen sus mismos gustos y aficiones; para otros es el lugar que los provee del material audiovisual que rellena sus tiempos libres. Una ventana a otro mundo.

Andrea

Su puesto se encuentra en el segundo piso de la Friki Plaza de Eje Central, los pasillos diminutos llevan hacia una de las esquinas donde Andrea se halla postrada en una silla negra con patas delgadas como si fueran popotes. Juegos de Xbox, Play Station 4, Game Cube, Nintendo 64 decoran las paredes del local tipo 4×4. Hay una mesa de cristal frente a ella. Muñecos de Pokemón, Digimón, consolas de antaño como Atari, SNES y Sega tapizan los niveles dentro de aquella caja de cristal. Peluches de Sailor Moon, Doroto, Hamtaro cuelgan del techo cuales rosarios amarrados a un retrovisor de taxista.

   Andrea es tímida por momentos, su maquillaje caracterizado por delineador color negro alrededor de sus ojos revela a una joven de quizás unos 21 años. Sin embargo, no es así. Ella tiene 17 y su vida está enteramente ligada al mundo de la Friki Plaza. Sus familiares la influenciaron para formar parte del club otaku. “Empecé a ver anime a los 12. Mis hermanos empezaron a encariñarse primero con Dragon Ball Z y Caballeros del Zodiaco. Yo buscaba anime en Internet o en los tianguis también solía comprar”.

   Con el paso del tiempo, su adicción por el anime empezó a romper con sus actividades cotidianias. Andrea, durante su adolescencia, respiraría, pensaría y soñaría con series de anime y videojuegos. “Hubo un tiempo en el que veía mucho anime, me dormía como a las 4 de la mañana, me acababa dos series en un día, y mi mamá me decía que las viera con calma. Sin embargo, ya después no me decía nada; ya se había acostumbrado…”.

   En el caso de Andrea, el haberse acercado al mundo del anime logró que sus relaciones con sus amigos de la escuela mejoraran. Como bien diría, “no me consideraban otaku, sino que me hablaban más”. Así fue como encontró a gente con los mismos gustos que ella, lo cual llevó a que ella viera al anime como una parte importante dentro de su proceso identitario. “El consumir el anime ya se ha vuelto parte de mi identidad”, comenta Andrea con una sonrisa que empuja sus mejillas como si desearan alcanzar los lóbulos de sus orejas.

   A pesar de que Andrea estuviera en contacto con muchas series de anime, su deseo por identificarse con algún personaje nunca se manifestó. No obstante, esta situación sí suele ocurrir en muchos casos de jóvenes aficionados al anime quienes, al poseer cierta afición por algún personaje, deciden caracterizarse como el mismo y ––en cierto modo–– hasta tratan de imitar sus actitudes y su forma de hablar. Esta actividad llevaría por nombre cosplay.

   El cosplay, según la tesis de Josué Romero Quiroz ­––comunicólogo de la Universidad Autónoma del Estado de México––, es definido como: “La actividad a través de la cual los otakus se caracterizan como el personaje de anime de su preferencia. La caracterización no sólo se refleja en la vestimenta, sino también en la forma de ser del personaje”.

   “Nunca he tenido deseo de identificarme con un personaje, jamás. Pero, sí hubo un tiempo en que me envicié mucho con Kira de Death Note, pero jamás hubiera decidido vestirme como él”, comentaría Andrea con un tono molesto con lo cual daría a entender que para ella el cosplay es algo que nunca haría en su vida.

   El trayecto de Andrea ha sido largo en la búsqueda por una identidad. El anime la encontró como bien ha atrapado a muchos no sólo en México, sino en todo el mundo. Fue víctima durante gran parte de su niñez y de su pubertad de las series e historias japonesas. A pesar de que ya no ha visto anime a lo largo de un año, su deseo por volver a la vieja costumbre continúa imperando en ella.

No obstante, las responsabilidades del trabajo la han desviado de su objetivo, pero ––a pesar de ello–– la afición por el anime continúa arraigada en aquella joven con cuerpo de señorita y alma de niña. “De aquí a cinco o diez años creo seguir viendo anime: es algo que me gusta. El anime tiene buenas historias, son entretenidas; es un buen pasatiempo para mí. Sí he aprendido una que otra cosa, no sólo es perder el tiempo viendo un capítulo”.

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José

Un par de muchachos se azoman a uno de los locales de la Frikiplaza, al parecer les llama la atención las “esferas del dragón” exhibidas detrás del cristal del escaparate o, posiblemente, sea la exaltación por unas figuras de Naruto que se encuentran a lado de las esferas color naranjas con estrellas rojas. Los jóvenes salen de la tienda, sus rostros revelan la ansiedad por adquirir alguno de los productos recien vistos. Discusión, intercambio de palabras… No se concreta la compra. Uno de ellos se separa para adentrarse a los baños; deja a su amigo en medio del pasillo. Su nombre es José.

   José, quien cuenta con 14 años, sería un vistante más dentro de la Frikiplaza de Eje Central. Su seriedad, timidez y miedo al hablar demuestran que se trata de un chico solitario e, inclusive, introvertido. Descubrió el anime por sí mismo desde hace dos años, a diferencia de Andrea, quien fue influida a la cultura japonesa por sus hermanos.

   “Lo que me motivó a ver anime fue que en la televisión ya no pasaban cosas buenas y pues empecé a buscar series en internet y así me topé con el anime. El que más me ha gustado es Naruto”, comenta José susurrando como si tratara de ocultar aquella información que posiblemente revelaría a alguien ajeno a él por primera vez.

Para José, el anime no es un pasatiempo, sino más bien un escape que ha llevado a que la construcción de su identidad fuera afectada por este tipo de productos ante los cuales ha llegado a generar, como él mismo diría: “una adicción”. “El anime para mí sería como un escape de otro tipo de cosas, sería como una adicción para mí el verlo, porque me gusta. Es algo bueno y recomendaría que todos lo vieran”.

José, a lo largo de sus dos años de contacto con el anime, ha llegado a un punto en el que su forma de vida se ha visto afectada por su afición a esta serie, en especial al personaje de Itachi. A diferencia de Andrea, José sí ha adoptado conductas de un personaje con la finalidad de llegar a ser como él.

“En mi gusto por Naruto sí me ha llamado la atención ser como uno de los personajes: Itachi. Me atrae su forma de actuar. Hasta ahora sólo he llegado a ponerme la ropa de Itachi, pero sí he arraigado algunas conductas de la serie porque ves al personaje y te imaginarías cómo sería ser él en la vida real”.

   En entrevista con la doctora Garay Cruz Luz María, académica dela Universidad Pedagógica Nacional, asegura que no existe una edad o temporalidad específica para el desarrollo de la identidad, sino que esta se construye desde el momento en que se nace hasta el momento en que se muere. “Es un proceso constante dependiendo de los espacios donde interaccione el sujeto”. Sin embargo, objetó que sí hay un momento específico donde se definen los elementos básicos como: lenguaje, historia, cultura y religión, que es la adolescencia.

     A sus 14 años, José ha tomado el rumbo de la cultura del anime. Sus padres no lo han detenido porque no consideran a dichas series algo nocivo para su hijo. La ausencia de hermanos ha hecho que José haya descubierto este mundo al cual llama un escape, una adicción. Por ahora su vida girará en torno a estas realidades alternas de las cuales aprende valores y adquiere conductas durante las cuatro horas que pasa frente a la computadora. Las etiquetas para él no son problema alguno, ya que él mismo afirma: “Me siento identificado como un otaku”.

Fernando

El primer piso de la Friki Plaza lleva por nombre “sección de anime y manga”. Al subir las escaleras del primer piso, un local rectangular acapara la vista y divide al lugar en dos pasillos. Blu-Rays, DVD´s, VCD´s, VHS´s, tanto como clones como originales tapizan el puesto que se postra en la mitad del camino. En él, un hombre vestido de color negro resalta entre las coloridas portadas de dibujos animados. Revisa cuidadosamente las películas que está a punto de pagar. Su nombre es Fernando y él también es un fanático de la cultura del anime.

   Fernando demuestra que no hay edad para dejar de ser fan del anime. Sus 30 años lo delatan a pesar de portar gafas oscuras que evitan hacer contacto con su mirada, quizás, los recuerdos por adquirir sus series favoritas en aquel puesto le habrían hecho brotar alguna lágrima; quería ocultarlas.

   Fernando menciona que su incursión con las series japonesas comenzaron hace más de 20 años. Dice ser uno de los primeros fans del anime en México. “A mí me tocó el auge del anime en México que fue con los Caballeros del Zodiaco: La Saga de Hades, Yu-Gi-Oh!, Evangelion. Yo llegué a ver esos animes en VHS y así conseguí los primeros capítulos. También compraba los VCD´s que traían como 3 capítulos. Para ese entonces, yo tenía 15 años y no existía la Friki Plaza”.

Al igual que Andrea y José, Fernando logró un consumo excesivo del anime durante su niñez, lo cual originaba que su mamá le dijera que todo lo que veía en aquel entonces era algo “satánico”. Fernando afirma que se sintió otaku en algún momento de su vida, pero que actualmente esto ha tomado un tinte más extremo. Voltea a ver hacia su lado derecho donde está parada una chica cacterizada como un personaje de anime, su color de pelo color azul la delata. “Ven: a eso es a lo que me refiero con extremo…”.

   En entrevista con la doctora Garay, ella indicó que la identidad es una construcción social que hacen los individuos. Esta se desarrolla a través de la socialización, permite reconocer quienes son los otros para después construir una serie de actitudes y valores que van a definir la individualidad de las personas. Afirmó que, según la psicología social, un individuo debe estar en grupos de interacción donde aprenda un lenguaje, saber si es niño o es niña, mexicano, estadounidense o japonés. Esto para después darse cuenta de que pertenece a un grupo de personas más grande que define su identidad colectiva.

   Las palabras de Fernando, quien se hace pasar por un gran conocedor del anime toman un tono emotivo al mencionar que durante su adolescencia sí hubo un momento en que se identificó con algún personaje de una serie de anime. “Sí me identifiqué con un personaje. La primera serie que vi fue Love Hina y ahí había un chavo que era medio fracasado”.

   Fernando formó una parte de su identidad a raíz de lo que veía en las series japonesas a tal grado de proyectarse en los personajes que salían en las mismas. Sin embargo, actualmente, ha llegado a la madurez donde el consumo por el anime se ha disminuido a sólo cuando tiene tiempo libre; para él haber comprado estos productos no ha sido una pérdida, sino una inversión. “Es feo cunado le dedicas todas tus ganancias a esto, yo me seguiré viendo dentro de 5 o 10 años comprando cada dos meses anime, porque es algo que me gusta. Y, pos si te gusta algo no lo vas a dejar, o ¿sí? ”.

A partir del 2010 el animé dejó de ser un gusto extraño y se volvió un interés común entre ciertos grupos sociales, se convirtió en una moda. Se vende en eventos masivos y ha llegado a formar parte de las temáticas televisivas de programas como La Rosa de Guadalupe. Este tipo de representaciones, en las que se considera al anime como un agente patógeno, originó que los seguidores se movilizaran para iniciar una marcha del orgullo otaku/friki. En esta se busca que se identifique a la comunidad otaku como tal, y no como una tribu urbana, pedir respeto y tolerancia hacia el estilo de vida que llevan.

   Héctor Carbajal, de 23 años, empezó de niño a ver animes como Dragon Ball, Pokémon, Digimon, esto debido a que se incluían en la programación de canales de televisión abierta como el Canal 5. “No son como las caricaturas americanas, donde siempre es lo mismo, sólo te dan risa. En el anime, no. En el anime encuentras un motivo: siempre hay que vencer algo para mejorar.”

     “Yo soy más de ver el anime, no de actuar para él”, menciona Héctor, que utiliza los tiempos libres que tiene después del trabajo para ver sus series y escuchar música. Le dedica alrededor de seis horas al día. Menciona que no le gusta disfrazarse, que eso es otra cosa: fanatismo. Nunca se ha sentido identificado con algún personaje. Asegura que “al final de cuentas, el anime es un historia ficticia, cosas que nunca van a pasar, es fantasía. La vida real es diferente”.

     La académica Garay Cruz dice que el consumo de productos culturales, como el anime, no desarrolla de manera directa una identidad, pero sí afecta a la persona cuando estas temáticas comienzan a formar parte de sus formas de socialización con otras personas. Con el anime buscan satisfacer ciertas necesidades culturales. Los seguidores de estas series buscan en los personajes cierto tipo de idealización, se identifican con la fuerza, con la concepción del héroe. A partir de esto es que comienzan a buscar parecerse físicamente, para intentar obtener las características que le atraen de su personaje favorito.

   Héctor Carbajal menciona que el problema de volverse adictos a este tipo de historias alternas es que muchas personas quitan el ancla de la realidad. Dice que aún el máximo seductor de las series y las películas no existe, y si existe le va mal en algún momento. Indica que las personas que se pierden en el mundo del anime no están mal, se siente feliz por ellas, porque encuentran una forma de escapar de la realidad social tan deprimente que vive el país o de olvidarse de alguna situación dañina que tienen en su familia.

     Él mismo dice que el anime incide en la identidad de las personas, pero no las define como tal. En algunos casos es más un refugio. Para él, el anime es una forma de escapar, una salida, una distracción ante la labor del día a día. “Al encontrarte con retos, siempre es bueno un momento de ocio. Así como hay gente que le gusta el anime, hay gente que le gusta el deporte, a otros los videojuegos, las mascotas, los juguetes.” El anime funciona como un desestrés para él.

     Sin embargo, está la postura de Israeru, quien lleva a niveles más extremos su gusto por el anime, pues dice identificarse de manera concreta con la cultura japonesa. Este padre de familia se sigue viendo dentro de unos años como fan del anime, además uno de sus sueños es ir a Japón. “Le digo a mi esposa que si al menos no llego vivo, pues muerto sí. Que ella aviente mis cenizas ahí ”.

Fuentes documentales

Vidal, L. (2010). El animé como elemento de transculturación. Tesis [PDF]. Disponible en: http://ddd.uab.cat/pub/tesis/2010/100074/anime_a2010.pdf [Consultado el día 15 de mayo de 2015]

Quiroz, J. Influencia cultural del anime y manga japonés en México. Tesis [PDF]. Disponible en: http://ri.uaemex.mx/bitstream/123456789/13693/1/402554.pdf [Consultadp el día 14 de mayo de 2015]

Agencia Reforma (2015). “10 de ser frikis”, en La Razón de San Luis [En línea]. Disponible en: http://www.larazonsanluis.com/index.php/agencia-reforma/especiales/item/73624-10-anos-de-ser-frikis [Consultado el 11 de mayo de 2015]

Morales, F. “FrikiPlaza: entre cómics, manga y videojuegos”, en Milenio [En línea]. Disponible en: http://m.milenio.com/tendencias/Frikiplaza-comics-manga-videojuegos-corea-frikis-anime_0_246575496.html [Consultado el 11 de mayo de 2015]

S/A. (2014) “Barrio Friki: La nueva Frikiplaza de la Ciudad de México”, en Excélsior [En línea]. Disponible en: http://m.excelsior.com.mx/hacker/2014/09/08/980672 [Consultado el 11 de mayo de 2015]

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De la gloria al declive: Crisis del sexenio de EPN.


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 Por: Rafael Oliver López López (Don Errata)

El primero de diciembre de 2012 trajo consigo un proyecto en donde el “nuevo PRI” articularía el andamiaje para la consolidación de un proyecto de nación el cual se manifestaría con la instauración de un Pacto entre las tres principales fuerzas políticas. El Pacto por México sería visto como el fortalecimiento de la democracia donde las fronteras partidistas habían terminado. Ahora PRI,PAN y PRD coadyuvarían por la construcción de un país que estaría en constante movimiento a través de cada una de las Reformas que fueron acordándose en las mesas de trabajo. Sin embargo, en los meses de noviembre y diciembre del año pasado, se disolvió el Pacto. A pesar de ello, las reformas estructurales habían comenzado a operar.

Los líderes, en aquel entonces, como Jesús Zambrano del PRD y Gustavo Madero del PAN se vieron traicionados ante las maniobras políticas del PRI. El gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN), al estilo de los científicos durante el Porfiriato, fue apoderándose del Pleno Legislativo a través del cual lograría, mediante el fast-track, la promulgación y aprobación de nuevas leyes y reformas durante el primer y parte del segundo año de su sexenio.

El año 2014 sería clave para la reconstrucción de un gobierno en el cual se dejaría atrás el estigma de ver a México manchado por el narco para comenzar a observar un nuevo país con fines progresistas mediante la formulación de acuerdos internacionales y el fortalecimiento de alianzas con Estados Unidos a través de, por ejemplo, la Reforma Energética. Cada uno de los movimientos realizados por el gabinete de EPN hizo que la revista inglesa Time le dedicara la portada completa al presidente con el lema “Saving Mexico” (Salvando a México). A raíz de esto, la construcción de la línea política del gobierno peñista comenzaba a fortalecerse en la opinión pública de los diarios extranjeros. Inclusive, llegaría a instaurar el lema de “Mover a México” el cual denotaba la aproximación hacia un status quo que ya se había encarrilado desde la conformación del Pacto por México. Asimismo, la legitimación del gobierno de Peña logró consolidarse con la aprobación de la Reforma Energética en agosto y, posteriormente, con la entrega en septiembre del Segundo Informe de Gobierno que dio a conocer el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. Diarios nacionales como Excélsior, Milenio y Reforma, se encontraban postrados en la visión de los avances gubernamentales del gobierno peñista; sin embargo, a mediados de septiembre, la visión modernista que había alcanzado a instaurar el “nuevo PRI” comenzó a derrumbarse y a causar dudas.

Sale a la luz el caso Tlatlaya, ocurrido el pasado 30 de junio, en el que se encontraban implicados elementos del Ejército quienes ejecutaron a ocho de los 22 fallecidos en una bodega de dicho municipio en el Estado de México. La opinión pública había causado un giro de 180 grados en cuanto a los temas de la agenda nacional los cuales cambiaron en gran medida cuando se publicaron, a finales de septiembre, las primeras notas respecto al asesinato de 6 estudiantes normalistas de la Escuela Rural Isidro Burgos y la desaparición de otros 43 en la comunidad de Iguala, Guerrero.

La crisis del gobierno peñista se suscitó y la glorificación por las nuevas reformas estructurales se vieron opacadas por estos dos casos en los cuales estaban involucrados, por una parte, el Ejército y los cárteles del narco. A partir de ese momento, la agenda pública día con día comenzó a documentar los hechos, los padres de los normalistas de Ayotzinapa exigían que el caso no quedara impune, y las protestas pacíficas por la aparición de los 43 normalistas desaparecidos afloraron en los estados de la República e impresionaron en el Distrito Federal.

La desmitificación de la PGR acerca del hallazgo de los restos de posibles normalistas en el basurero de Cocula, Guerrero se convertiría en una escena que generó la ebullición de un movimiento que no perdía la esperanza y que avanzó con más fuerza a partir de las declaraciones del procurador Jesús Murillo Karam quien, al final de su conferencia de prensa, afirmó: “Ya me cansé”.

Bajo el hashtag #YaMeCanse miles de ciudadanos del país comenzaron a manifestarse ante las declaraciones del procurador. Ni los padres de los normalistas, ni siquiera la propia ciudadanía confiaban en las irregulares evidencias mostradas por la institución. Por tanto, decidieron mandar el caso para su rectificación a peritos del Equipo de Argentino de Antropología Forense (EAAF) para esclarecer el caso.

La aparición de EPN fue mínima en cuanto a la contribución de apoyo a los padres de los normalistas y, además, comenzó a ser criticado por la prensa mexicana y extranjera al hacer su viaje de negocios a China cuyo objetivo era consolidar alianza comerciales, pero se decía que en ese viaje estaría inmiscuido el tema de la licitación del tren de alta velocidad con ruta México-Querétaro la cual le fue cancelada a la constructora China Railway Construction Corporation.

El “Mover a México” difundido en los spots oficialistas se vio opacado por el avance del caso Ayotzinapa y las constantes críticas que harían Time, The Economist, The New York Time, etc., quienes decían que el discurso de EPN siempre había considerado a la seguridad como un punto importante en el país; sin embargo, nunca dijo cómo lograría dicho cometido y únicamente se centró en la parte económica que se vería en mayor medida en cada uno de sus informes.

Así, el presidente EPN se mantuvo resguardado detrás de los miembros de su gabinete, posición a través de la cual afirmaría que no aprobaba los actos violentos de las manifestaciones y que, en caso de que se suscitaran, haría uso de la fuerza para su control. Por tanto, a casi tres meses de que aconteció el conflicto de Ayotzinapa, las respuestas continúan sin esclarecerse. La confirmación de los restos de unos de los normalistas ––Alexander Mora–– por parte de los peritos argentinos, comienza a sembrar la certeza de que los estudiantes fueron asesinados por el cártel de los Guerreros Unidos en Cocula. La renuncia del gobernador Ángel Aguirre y el encarcelamiento de José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa denotan una eficacia de las exigencias de la sociedad ante las autoridades y connotan un cumplimiento por parte de las autoridades que es visto en la superficie, pero que en el fondo son instituciones que continúan sin lograr un avance significativo en cuanto a la resolución de problemas que atañen a la nación.

Así, el gobierno del EPN pasó de la narratividad progresista al regreso del estigma dejado por el sexenio de Felipe Calderón, el gobierno del narco y de las miles de muertes vuelve a flote en los grandes diarios nacionales. El proyecto peñista comienza a generar dudas, el alza del petróleo se ha suscitado y la caída del peso frente al dólar es una realidad. En sólo tres meses, el declive de un proyecto de nación se ha venido abajo, el trabajo de dos años no ha rendido frutos y comienza a ver sus propias ineficacias pese a lo esperado.

Las elecciones de 2015 están cada vez más cerca, la ciudadanía empieza a dudar si realmente debe salir a las urnas el próximo año. ¿PRD,PRI,PAN? Cada uno de los partidos se encuentra en la resolución de sus propios problemas internos, la esperanza del concepto “democracia”, conforme pasa el tiempo, suele ser menos creíble. Postrar el voto de confianza en los partidos políticos se vuelve algo ineficaz, el descontento se ha acumulado y las protestas se han intensificado.

¿Qué le espera al gobierno peñista lo que resta de sus sexenio? Es mejor darle el beneficio de la duda, hay que esperar a ver el avance de los sucesos; sin embargo, lo que es un hecho es que cada vez el presidente EPN se ve puesto contra las cuerdas a través de la revelación de información que atañe directamente a su gobierno o a su persona como la situación de “La casa blanca” de su esposa Angélica Rivera. La salida no será fácil y es probable que el repunte de la figura de Peña Nieto lleve a un cambio electoral donde su partido pierda votos y no se logre el cometido de ocupar las alcaldías y diputaciones en cada uno de los estados de la república. La ciudadanía será la que tendrá la última palabra y las urnas la consolidación de un nuevo cambio político nacional.

Testigos de la calle: Vida de un indigente en el Distrito Federal

La vida en las calles implica una gran travesía, las vías públicas se convierten en refugios, las banquetas en dormitorios y las bolsas con basura en un manjar. Numerosas vidas transitan en busca de satisfacer su presente sin preocuparse del futuro; sin embargo, algunos ciudadanos del Distrito Federal han llegado a la indigencia por el abandono familiar, desempleo, depresión o drogas.

El gobierno intenta apoyar a personas en situación de calle comúnmente catalogadas como indigentes, el Dr. Francisco Serrano Muñoz –médico cirujano egresado del IPN– menciona: “El indigente es el que pide para sobrevivir y se pueden menear, algunos son corridos y rechazados por la familia los cuales pueden caer en abandono social”.

A pesar de esto, a algunos les desagrada la calidad de los servicios de los programas de asistencia social que brinda el gobierno del Distrito Federal, mediante el Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS).

El IASIS es una institución cuya creación se decretó en la gaceta oficial del Distrito Federal el 18 de enero del 2001, tiene por objeto brindar apoyo, promover, coordinar, supervisar y evaluar la asistencia social en el Distrito Federal. Además, esta institución ofrece servicios a personas en situación de calle, extrema pobreza o vulnerabilidad.

Sin embargo, las personas y directivos que se encuentran al mando de estas entidades gubernamentales suelen no cumplir con la ética que se les confiere, la búsqueda por indagar en esta problemática no es sencilla, los protocolos que se necesitan para poder solicitar información sobre sus albergues y comedores públicos es un proceso lento.

Existen dos alternativas para tener contacto con personas en situación de calle, una de ellas es acudir a las dependencias gubernamentales donde se sigue un protocolo para poder acceder a los servicios que ofrecen, o buscar directamente en las calles a gente en esta situación.

En el Distrito Federal existen alrededor de cuatro mil personas en situación de calle, muchos de ellos se han establecido en inmediaciones del transporte público, en parques, cruceros de gran afluencia vehicular y debajo de los puentes. En la delegación Miguel Hidalgo se calculan alrededor de 147 indigentes; sin embargo, uno de los casos que agravian esta situación, es la drogadicción con un porcentaje del 61% en las personas indigentes de la Ciudad de México. La Casa de Apoyo al Menor Trabajador ubicada en la calle José María Vigil número 60, en la colonia Escandón es actualmente uno de los centros donde se reúne gente en situación de calle.

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Los indigentes comenzaron a llegar poco a poco a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, algunos aguardaban un puesto en la fila del comedor desde las 12:00 horas. Sus caras delgadas se veían demacradas, llenas de arrugas, barros y polvo. Estas personas se reúnen en el comedor principalmente para satisfacer una de sus necesidades básicas: la alimentación.

Sin embargo, estas personas en situación de calle tienen que satisfacer de alguna manera sus demás necesidades básicas: casa (vista como un lugar en donde dormir o pasar la noche), salud, vestido, higiene y educación. Ellos lo hacen de manera muy sencilla y práctica, desde dormir en la calle sobre un cartón, vestir de ropa regalada, usar una Coca-Cola como remedio para el dolor de cabeza y bañarse una vez a la semana hasta cultivar su inteligencia con periódicos y revistas viejas que encuentran en los botes de basura.

Las primeras personas en la fila del comedor eran dos señores mayores de edad. El primero traía un pants rojo y cargaba consigo una bolsa de tela pequeña, se mostraba muy tímido y se rehusó a brindar su nombre. El segundo llevaba camisa negra, una chamarra que estaba llena de mugre, un pantalón roto de las rodillas y unas  botas desgastadas que tenían pequeñas manchas de pintura blanca.

El señor de la camisa negra se llama Luis Gutiérrez Rocha de 49 años, al preguntarle un poco sobre su vida indicó que era trabajador de limpieza en el servicio de transporte colectivo “Metro”, donde recibía una paga miserable de 1200 pesos: “Es muy poco lo que me pagan y por lo tanto tengo la necesidad de venir aquí al comedor para así ahorrarme algo de dinero”. Al parecer, la comida casera o de supermercado es un lujo para estas personas, el comedor público es su escapatoria para satisfacer el hambre.

Detrás de Luis se encontraba la señora Irma Romero de 52 años, al preguntarle que si la comida del comedor le sabía bien respondió: “Sí, sí está bien, pero tenemos que comer por necesidad. La sopa no está buena pero, ¿qué hacemos?” No cabe duda que el mejor aderezo para la comida es el hambre y más cuando no se ha satisfecho por varios días.

Al lado de Irma se encontraba Beatriz Mendoza, quien se incorporó a la plática, las dos mencionaron que eran mejores amigas. Al preguntarles cómo y dónde satisfacían su necesidad de descanso, Irma dijo: “Estoy viviendo en un albergue, se llama “Benito Juárez, está ubicado en Mixcoac” y Betty: “Yo vivo en la calle, abajo del periférico, en una lona y un colchón. Estuve en un albergue por la Villa, no me gustó, en los cuartos donde estuve olía a patas, roncan, se quejaban y ni dejaban dormir. Yo prefiero estar solita, a gusto”.

Así, como Betty, más indigentes de la fila mostraron su descontento con el servicio de los albergues del Distrito Federal, Maritza de 29 años igualmente se quejaba: “Están bien sucios, hay cucarachas, hay chinches, hay piojos, na´más fui una vez y me empiojé”. Estos indigentes prefieren dormir en las calles sobre algún cartón, en las bancas de los parques públicos o en colchones usados debajo de algún puente antes que hacerlo en un albergue; ya que éstos se encuentran inhabitables e insalubres.

Las pláticas con los indigentes se llenaban de confianza con cada palabra, Maritza comentó que ella no visitaba la Casa de Apoyo al Menor Trabajador por la comida: “Yo na´más vine una vez y no me gustó (la comida) porque agarran, comen, lo lavan (el plato), pero no lo lavan bien, lo dejan con un montón de grasa. No limpian bien, yo namás vengo a bañar a la niña, a bañarnos. Nos cobran siete pesos por bañarnos”.

La Casa de Apoyo al Menor Trabajador no sólo funge como comedor, también otorga los servicios “gratuitos” de regaderas, lavaderos, consultas médicas, corte de cabello, talleres de cultura de belleza, manualidades y panadería; sin embargo no todos los indigentes que visitan el lugar están enterados de esto.

Hubo un indigente que causó controversia, su nombre es Rafael Vidal quien sonreía y cantaba como un enfermo mental, un neurótico. Al platicar con él, su enfermedad psicológica fue confirmada. Rafael contó cómo era que trataba la enfermedad: “Yo estoy en un grupo de neuróticos anónimos porque yo hice muchas tonterías por la neurosis, no usaba la cabeza y decía que no me importaba la vida de los demás”.

Por otra parte Margarita de 72 años habló de que ella padecía dolores de corazón y cabeza, decidió contar una de sus experiencias vividas en la búsqueda de salud: “Una vez ya me iba yo a caer y vi una mano, llegó una doctora y se me quedó viendo y me agarró. Me estuvo revisando y me dijo que era la presión, se fue y compró una Coca-Cola, ¡bien fría!, la echó en un vaso y le echó jugo de limón, ahí estuvo hasta que me curó”. Me dijo: “Cuando se vuelva usted a sentir mal tómese un vaso de coca con jugo de limón” y “a partir de ese entonces, he aplicado ese remedio”.

Así como Margarita y Rafael, más indigentes mencionaban tratamientos que iban desde caminar un rato durante la tarde, tomar refrescos azucarados y platicar en grupo hasta acudir a clínicas de salud pagadas por el gobierno, lo anterior en los casos más extremos.

La mayoría de los indigentes no mostraban gran interés en satisfacer su necesidad intelectual y educativa, de 30 indigentes que se encontraban en la fila del comedor, ninguno tenía una licenciatura, la mayoría estudió hasta la primaria y sólo dos hasta la secundaria. Los que llegaban a interesarse era porque leían revistas y periódicos que encontraban en la basura o que les regalaba la gente.

Uno de los indigentes de la fila escuchó las preguntas que se le hacían a otro y decidió preguntar si podía contar su historia. Su nombre prefirió omitirlo, pero pidió que se le llamara por su alias: “Calimán”. Mencionó que, a pesar de que sólo llegó a la primaria, sabía leer planos, un poco de matemáticas y mucho de historia: “Nunca me conformé, buscaba aprender más. Soy adicto a la lectura, a parte a otras cosas, pero leve. Hay que leer porque lees y ya sabes a dónde vas. Me sé la historia de México, leo cosas de esoterismo y creo en los ovnis”.

Durante la hora que va de las 12:00 a la 13:00 horas, y en lo que llegaba la comida que brinda el IASIS se dio una cascada de vivencias, ideas y datos impactantes sobre cómo satisfacen sus necesidades primordiales las personas en situación de calle. Sin duda, fue una forma muy distinta de ver la vida, cada uno de ellos tenía una historia para contar.

Otra cara de la moneda

“Cómo te digo, ésta es la otra cara de la moneda, aquí los demás no saben lo que es fletarse para sacar este servicio adelante”. Fueron las palabras de Héctor Vallejo, un diseñador gráfico, quien por azares del destino acabó como trabajador en las oficinas de la delegación Miguel Hidalgo y actualmente funge como director principal del comedor de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador.  ¿Es verdad que los directivos actúan adecuadamente bajo una responsabilidad mayor?, ¿existen carencias a pesar de que el IASIS brinde un servicio considerado de “calidad”?

La única voz que se hizo escuchar dentro del comedor fue la del director Héctor Vallejo, quien en su despacho repleto de papeles y cajas de cartón amontonadas sobre su escritorio, comentaba con un tono prepotente, que al poco tiempo se tornó amable: “Pues mira, aquí no solamente se ofrecen servicios para la comunidad en situación de calle, sino también para la población en general, porque las condiciones son otras”.

Una de las cuestiones que se pudieron ver fue la presencia de diversos cuartos dentro de la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo comentaba que el servicio de comedor en este lugar era de 13:00 a 15:00 horas.

Con referencia a los servicios que brinda la Casa de Apoyo al Menor Trabajador, Héctor Vallejo mencionó: “Algunos servicios tienen costo extra, pero evidentemente, por la situación en general de que la gente no tienen los recursos suficientes, pues igual a ellos se les puede hacer una excepción, que no en todas las veces se da el caso. A pesar de eso, los costos son accesibles”.

El servicio de comedores públicos, son establecimientos que están a cargo del gobierno del Distrito Federal, buscan asegurar a las personas el acceso a la alimentación adecuada y suficiente. A pesar de que son gratuitos, tratan de ayudar a gente en situación de vulnerabilidad social y proteger el ingreso familiar. Héctor Vallejo comentó que existían otro tipo de comedores que son los comunitarios, donde se les cobra a la población una cantidad de 10 pesos.

El servicio que se brinda en la Casa de Apoyo al Menor Trabajador parte de un programa antiguo llamado “Nueva Dinámica Callejera” que surgió en el 2010 durante la gestión de Demetrio Sodi, –ex jefe delegacional de Miguel Hidalgo– no solamente se impartía comida sino que, Héctor Vallejo mencionó que organizaban a los indigentes, los atendían, los asistían para que no fueran rechazados en cuestión de servicios médicos y documentación. “Eso lo seguimos haciendo aquí, aunque el programa ya no exista como tal”.

 

Una muchacha de estatura baja, de tez morena y cuerpo extremadamente delgado, que acababa de salir del comedor, se acercó hacia el encargado, éste le dijo: “¡Qué onda!, ¿ya te bañaste? o ¿Solamente comiste?” Ella con balbuceos logró responderle con dificultad diciéndole: “Ya padre, ya comí”, a lo que el encargado respondió: “Más te vale”.

La chica se alejó lentamente con pasos de vaivén. Héctor Vallejo aparte de encargado fungía como un padre para algunos indigentes del lugar e indignado mencionó: “Pobre chica, ya se había recuperado y volvió a caer en la pinche droga, así como se ve, hace dos meses era otra”. El encargado prosiguió con la explicación de la dinámica del comedor público:

-El comedor de aquí tiene capacidad para 60 personas ¿no?

-Bueno, el área de comedor tiene capacidad para 27 personas sentadas, salen y entran. Aquí, a pesar de que no tenemos lugares, se les da de comer como a 150 personas y a partir del 1º de noviembre empezaremos a ofrecer cenas de 19:00 a 21:00 horas porque entra el Programa de Invierno. El IASIS proporciona el café, té o atole, y hay ocasiones que se da como postre galletas, pero pocas veces sucede.

-Y ¿Hay aquí cocineras suficientes?

– Yo tengo aquí cocina y comedor, el alimento nos lo traen, llegan en camionetas por parte del IASIS. Ellos son una cosa, nosotros otra. Aquí, únicamente se brinda el espacio y el apoyo de empleados o vecinos de la colonia. Pero en el caso de las cenas, el responsable soy yo.

-Entonces, ¿el gobierno manda algún tipo de apoyo económico?

-Aquí no, porque no estamos relacionados directamente con IASIS, ellos sólo traen la comida, nosotros ponemos todo lo demás, incluso a cada empleado le toca aportar dinero para hacer aquí mismo el agua de limón y muy rara vez pasa de que, el IASIS no trae el jabón y uno debe comprarlo para los trastes. El chiste es sacar adelante el servicio del día.

Afuera del edificio se encontraba Jesús Torres, el segundo encargado del comedor, estaba parado al ras de la banqueta frente a la entrada del comedor, disfrutaba de un cigarro que recién acababa de prender con la mirada fija en los indigentes formados, varios de ellos sostenían con ambas manos un recipiente lleno de thinner que inhalaban fervientemente, a consecuencia de un vicio común entre la mayoría de los que acuden a este comedor público.

-Cuándo se drogan las personas, ¿no les llaman la atención?

-Es que es un arma de dos filos, porque se intenta poner orden y algunos simplemente te amenazan, muchos ya no vienen, na´más se meten y comen con la mona.

El encargado acerca el cigarrillo a la comisura de su boca con la mano temblorosa e inhala lento, con la mirada fija en el pitillo lo retira para expirar con suma tranquilidad.

-Para esto pedí una carta a los derechos ciudadanos civiles donde dice que… Todos son libres de hacer lo que quieran, siempre y cuando no afecten a terceros, en este caso cuando vienen las familias y niños pues los están afectando los grupitos de drogadictos, ya con eso me basé para presionarlos un poquito.

-Entonces usted nota que el mayor problema son las drogas.

-Si… Los altera en su comportamiento, ya en su vida pues hay muchos que no quieren trabajar, porque trabajo sí hay. De cierto modo, yo los entiendo porque yo anduve así como ellos, a mí me rescataron en la TAPO…

-Yo soy producto de un programa que salió hace cuatro años, llamado “Nueva Dinámica Callejera”, a finales de noviembre me llevaron a un albergue de los del IASIS, ahí en Coruña y me topé con un amigo de la primaria que trabajaba ahí, gracias a él estuve con trabajo un tiempo en los albergues y ya después me pasaron para acá, no tengo muchos estudios pero… A base de trabajo y esfuerzo se saca todo.

Una camioneta con las siglas “IASIS” venía en camino en ese momento, el motor resonaba y miradas por parte de los indigentes se dejaban apreciar, Jesús Torres pide una disculpa y se acerca a la camioneta para autorizar unas firmas, se revelaron dos ollas enormes, una traía consigo sopa de fideos y la segunda un guisado de carne de res con pimientos. El aroma disolvió las miradas de los comensales, los encargados entraron al comedor con las ollas junto con sus invitados.

La caminata muda de los indigentes traspasaba las rejas de la puerta del comedor, en el interior mesas con manteles azules, jarras de agua, bolillos y platos color café generaban una satisfacción. Una cocineta en una esquina, atendida por cuatro personas, tres señoras y un hombre, quien también era uno de los encargados del lugar, se movían de un lado a otro en un encendido y apagado de estufas.

Los indigentes y la gente de mayor edad probaba cada bocado, nadie dejaba sobrantes en su plato, incluso uno que otro se atrevió a pedir una ración más porque como dijo Héctor Vallejo: “Aquí a nadie se le niega un segundo plato, al fin y al cabo la cuestión es que se acabe lo que trae la institución”.

La travesía del indigente por sobrevivir día a día es complicada, pocos deciden ingresar a los albergues, otros se preocupan por el presente y la mayoría posee la concepción de salir tarde o temprano de esa situación en la que se encuentra.

Por otro lado, las autoridades con preocupación evitan que lo que se vive en sus instalaciones se saquen del ámbito privado al público y así fue como lo planteó Héctor Vallejo quien dijo al final de la jornada del día: “Espero y no publiquen las fotos que tomaron hoy, te pido de favor que solamente sean cuidadosos con lo que escriban, no queremos problemas”.

Intento Fallido “Instituciones sin transparencia”

La falta de respuesta era de esperarse, la ausencia de legalidad y transparencia por parte de las instituciones en México es existente actualmente. El Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS), no fue la excepción.

Con gran incertidumbre por conocer más a fondo en qué situación se encuentran aquellos “apoyos” para dichos individuos, se acudió a las oficinas del IASIS, ubicadas en Lucas Alamán, número 122, colonia Obrera, para solicitar el permiso que permitiría ingresar al albergue en Atlampa, que fue en primera istancia considerado como un medio para contactar  de manera segura con personas en situación de calle.

Los cuestionamientos por parte del personal de las oficinas no se hizo esperar y se logró entablar, a pesar de lo anterior, una comunicación adecuada con la encargada quien aclaró las condiciones necesarias para el ingreso: un permiso de hoja membretada firmado por alguna autoridad de la institución de origen, copias del IFE de cada uno de los que asistirían al albergue, explicaciones de qué se quería investigar ahí adentro; sin mencionar  antes que la cámara de video estaría prohibida si se otorgaba el acceso.

Sin más preámbulos, se optó por realizar el permiso con todas y cada una de las indicaciones solicitadas. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales proporcionó apoyo inmediato para el oficio.

Una vez obtenido el documento, hubo un traslado nuevamente a las oficinas del IASIS para entregarlo, y con ello, pronto recibir una respuesta. Después de esperar de tres a cinco días hábiles, que había recomendado la secretaria de la institución, se debería aguardar para recibir una respuesta del oficio.

La señorita no aseguró la aceptación del documento, pero comentó lo siguiente: “Sí, como estos centros tienen un convenio con la UNAM, lo más seguro es que el acceso que solicitan sea permitido, sólo cumplan con todos los requisitos que ya les mencioné y es recomendable que no pidan hacer uso de cámara de video, pueden hacerlo, pero yo les recomiendo que no”.

Debido a que la espera se convirtió en incertidumbre, se decidió ir a las oficinas personalmente: “Tienen que esperar, no pueden pasar, quien los puede atender salió a comer y regresa a las 16:00 horas” explicó un policía que mientras hablaba, comía en su escritorio. Se esperó alrededor de dos horas en lo que terminaban las horas de comida.

“Ay chicos, lo siento, es que los directivos están de vacaciones” fue la respuesta de la jefa del departamento del COE, cuyas siglas no fueron aclaradas. Después de escuchar la situación por la que se acudió a ella, respondió sin pedir el folio que se supone buscarían para saber cuál fue la respuesta al oficio entregado días antes. La plática después de una larga espera, concluyó en menos de cinco minutos.

A causa de la inconformidad, se publicó vía Twitter tal insatisfacción, casi de inmediato se recibió respuesta por parte del Director del IASIS, el ingeniero Rubén Fuentes, quien solicitó algún teléfono para comunicarse y así le fuera explicado lo sucedido. Éste se comunicó a través de un encargado del departamento de adicciones que un poco desconcertado por la versión negó que el director se encontrase de vacaciones y comentó que el ingeniero laboraba normalmente en su oficina. La encargada del COE había mentido.

Se prometió de nuevo una respuesta, ahora vía telefónica, que de nuevo nunca llegó, ¿pero podría ser información que no concierne a todos? Tal vez, es por eso que el acceso a ésta requiere un proceso al que las autoridades no están dispuestas a concluir.

A pesar de esto, indagar en la vida de los indigentes comprende una gran enseñanza ya que muestran distintas maneras de sobrevivir a pesar de las adversidades que se presentan día con día, algunos sufren de abondono familiar, otros caen en las drogas, otros por su estado psicológico son discriminados y algunos debido a la migración se ven obligados a dejar sus lugares de origen.

De esta forma, al no contar con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas caen en la indigencia, cuya base fundamental para apoyarlos, según Gudelia Barrios –psicóloga social de la UNAM– sería: “Una educación donde hubiera cambios en los valores, que provocara en cada individuo el rescate de su autoestima para así volvernos más productivos”.

Las formas en las que estos indigentes satisfacen el hambre, la necesidad de descansar, su salud y hasta el cultivo de su inteligencia son afectados porque hay un concepción distinta de lo primordial para satisfacer en sus vidas. Por un lado está lo que es la comida como elemento principal y por otro la dependencia a los estupefacientes, donde la mayor parte de los 3 mil 400 indigentes hombres y 347 mujeres que se han registrado en el Distrito Federal han caído en esta problemática.

A pesar de que, la mayoría de los indigentes caen en la drogadicción, causada por la falta de empleo, el abandono social y familiar, los malos salarios y demás adversidades, tienen como alternativa el salir de esta situación gracias a instituciones gubernamentales que aún con deficiencias, brindan una gran ayuda.

Las drogas toman un lugar muy importante en el desarrollo de vida indigente, porque personas que llegaron a tener una vida digna, ahora se ven influenciadas por estos factores que los sacan de la realidad. La preocupación por el futuro no existe, es el presente lo que los inquieta por seguir adelante en ésta lucha porque como diría, con lágrimas en su rostro Rafael Cruz Vidal, comensal que acudió a la Casa de Apoyo al Menor Trabajador: “La calle es mi casa, la generosidad de la gente mis ingresos, las drogas mi refugio de la realidad y la fe mi única esperanza. Sé que habrá salvación algún día”.

BIBLIOGRAFÍA