FCPyS: La boca del lobo de C.U.

Por: Oliver López

  • 60 botones de pánico han sido colocados en los baños de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM a raíz de una ola de violencia que se acrecentó desde febrero. A pesar de ello, las mujeres y hombres de la FCPyS dicen sentirse inseguros, y los trabajadores siguen sin reconocer el protocolo de seguridad para actuar adecuadamente.

Una mano comenzó a deslizarse debajo de uno de los cubículos del baño de mujeres en el edificio A de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). Una bolsa de mano que se encontraba en el piso se arrastró hasta llegar a desaparecer de la vista de ella. La puerta de a lado se abrió y el hombre corrió con la ilusión de desaparecer de la vista de aquella joven.

Ella decidió salir en busca de él. Sacó su celular y, al ver que la lentitud del hombre era algo digno de aplaudirse, logró llegar al baño de hombres donde ella lo tomó por la camisa empujándolo contra la pared amarillenta del baño. Apuntó la cámara de su celular a su rostro y apretó el botón. Eran alrededor de las 8:00 pm del día 17 de febrero del 2016.

Mientras este joven era confrontado por la estudiante, en otro punto de la Facultad un hombre vestido de negro con una paleta de banca en las manos se acercó a otra estudiante. Al verla desprevenida –entre los pasillos solitarios– decidió golpearla justo en la cabeza. Las suturas que la joven recibió posteriormente revelaron que el golpe pudo haber arrancado su oreja. Ella, a diferencia de su compañera, no pudo reaccionar. El hombre había escapado perdiéndose en la oscuridad de los jardines de la FCPyS.

El día 17 de febrero del presente año se convirtió en un día negro no sólo para la FCPyS, sino para toda la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Aquel día, además del caso de ambas jóvenes, se había suscitado un tercer intento de robo del cual nunca fueron revelados los detalles. Había existido un ataque triangulado; sin embargo, el personal de vigilancia no pudo hacer nada al respecto.

El agresor capturado en la pantalla del celular no pudo ser sancionado por la Unidad Jurídica de la Facultad, ya que no existen protocolos para sancionar y erradicar la violencia de género en la Universidad. Lo único que la Unidad Jurídica hizo con el agresor fue remitirlo al Ministerio Público Universitario ubicado cerca del Metro Universidad.

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Supuesto agresor que robó bolso a estudiante en febrero del 2016. Fuente: Facebook

A partir del caso de las tres estudiantes agredidas, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México continuó con la investigación –según información de El Universal– y encontró que en los primeros 30 días del 2016 se habían registrado en la FCPyS cinco denuncias de robo perpetuadas dentro del plantel. Las víctimas poseían el mismo perfil: mujeres a quienes se les habían quitado su celular, dinero en efectivo y bolsos.

Según la investigación de la procuraduría capitalina, el agresor es el mismo que desde 2012 ha realizado diversos robos junto a otras cuatro personas, quienes –según la procuraduría– se esconden en el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, por lo que su ubicación se ha dificultado. Mientras tanto, la FCPyS a altas horas de la noche se ha convertido en la boca del lobo para los estudiantes del plantel.

 

Botones, cámaras, credencialización… ¡Ayuda!

Bajo el nombre “Red No Están Solas”, estudiantes y grupos feministas marcharon en mayo de 2014 para denunciar los nulos mecanismos de seguridad y de protección que tienen las mujeres de la FCPyS. Según información de El Universal del día 14 de mayo de 2014, las mujeres del colectivo explicaron que sus consignas se debían a que las denuncias de tres alumnas agredidas fueron ignoradas por las instancias jurídicas de la Facultad.

El grupo de mujeres había enviado una carta al aquel entonces director de la FCPyS –Fernando Castañeda– y a la instancia de Derechos Humanos de la UNAM donde exigían la expulsión definitiva del agresor, Juan Carlos “N”. Asimismo, velaban por la creación de protocolos y reglamentaciones que sancionaran a los agresores y protegieran a las víctimas.

El rumor acerca de la instalación de cámaras y del sistema de credencialización comenzó a propagarse por los salones y pasillos de la FCPyS. El martes 5 de mayo del 2015 –según información del portal digital La Izquierda Diario– estudiantes y profesores acudieron a la sala del Consejo Técnico de la Facultad donde se discutió la instalación de dichas medidas de seguridad.

Las 700 firmas recolectadas por profesores y alumnos, que fueron entregadas a la administración de dicha discusión, no fueron tomadas en cuenta y estudiantes de diversas carreras apelaron por ampliar la discusión donde toda la comunidad de la Facultad (profesores, maestros, trabajadores) pudieran participar en un proyecto en común que diera solución al problema de violencia en el plantel.

La instalación de cámaras y credencialización para el acceso a la Facultad fueron medidas que el ex director –Fernando Castañeda– quiso implementar en diversas ocasiones. En el semestre 2015-1, su administración ordenó que se solicitara desde el primer día de clases la credencialización: medida que tomó por sorpresa a los alumnos quienes manifestaron su descontento, lo cual frenó dicha iniciativa.

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Fernando Castañeda Sabido: ex director de la FCPyS. Fuente: diario.mx

Asimismo, el intento de colocar cámaras de seguridad también fue una iniciativa que fue reprimida por los estudiantes, quienes argumentaban el uso criminalizador de la misma como ocurrió en el caso de las grabaciones de dos años de asambleas estudiantiles realizadas en el Auditorio Justo Sierra encontradas en noviembre de 2014.

Igualmente, otra denuncia de los alumnos –reportadas por La Izquierda Diario en mayo de 2015– fue la manipulación de la información obtenida por las cámaras de vigilancia de la UNAM. Tal es el caso de la negación de ofrecer videos para esclarecer la investigación del asesinato del activista y estudiante de la FFyL –Carlos Sinuhé– en el año de 2011. Y sobre el asesinato de Adriana Morlett, estudiante de Arquitectura, a quien se le había visto por última vez cerca de la Biblioteca Central.

Todo estos mecanismos de seguridad (credencialización y cámaras de seguridad) no solamente eran propuestas provenientes de la comunidad estudiantil de la FCPyS, sino que iban en sintonía con lo estipulado en el Manual de Seguridad de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (del cual la UNAM forma parte) y que fue elaborado en 2011 con la colaboración del ex secretario de Seguridad –Genaro García Luna–.

Dicho manual plantea una alineación en lo que respecta a las medidas de seguridad de las instituciones universitarias al plan de seguridad nacional basado en la militarización y criminalización al consumo de drogas.

 

Los botones de pánico de Angélica Cuéllar

El silencio de la Facultad hacía sintonía con los pasillos relucientes propios del inicio de la primera semana de clases. Las puertas de los salones de la planta baja del edificio B se hallaban cerradas; todos estaban en clase. Alrededor de las 8:00 de la mañana sonó una alarma que generó desconcierto en los alumnos. Ni un solo grito. Pasaron los minutos y la sirena sonaba sin que alguien la desactivara.

La alerta provenía del baño de mujeres ubicado cerca del primer piso del edifico B del plantel. Un trabajador de seguridad afirmó: “Una chica activó por descuido el botón de pánico. Se confundió con el botón de la puerta”. El hombre con la chaqueta azul y letras doradas en su pecho que decían “Vigilancia UNAM” decía que la alarma aún sonaba porque necesitaba un código, el cual aún no tenía.

Estudiantes se acercaban a la “supuesta escena de la agresión” con sus manos tapando sus oídos. Sólo observaban una puerta abierta de la cual nadie salía, mientras otros bajaban las escaleras sin saber realmente lo que había sucedido. Así transcurrió la “falsa alarma” hasta que cuando todos volvieron a sus salones ésta cesó su pitido. Sin embargo, a los 10 minutos volvió a activarse con mayor intensidad y más rápido; todo parecía indicar que esta vez no era una falsa alarma, sino todo lo contrario.

La alerta parecía provenir del mismo sitio, pero esta vez un ligero grito con voz femenina alcanzó a escucharse. La alarma se desactivó a los escasos segundos y ya no se supo qué ocurrió después. Esta falsa alarma no únicamente ocurrió el pasado viernes 12 de agosto, sino que, asimismo, la estudiante Dulce Carranza afirmó que el día lunes 8 de agosto, entre la primera y segunda hora de clases, había sonado la alerta de pánico.

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Botones de emergencia colocados en baños de la FCPyS. Fuente: El Universal.

La Doctora Angélica Cuéllar –actual directora de la FCPyS– desde el inicio de su campaña rumbo a la dirección del plantel aseguró que iba a adherirse a los planes de seguridad implementados por el rector de la UNAM, Enrique Graue. De ese modo, decidió durante el periodo vacacional instalar 60 botones de pánico dentro de los cubículos sanitarios de la Facultad aunado a paredes más largas que aislaran a las estudiantes en caso de cualquier intento de agresión.

Antes de la inauguración del ciclo escolar, los nuevos estudiantes tuvieron una semana de bienvenida en la cual se les habló acerca de los botones de emergencia recién implementados. El coordinador del Centro de Estudios Políticos, Khemvirg Puente Martínez, afirmó en entrevista con el portal de noticias etcétera.com.mx que los botones deben ser usados en emergencia y no sólo para generar una alarma.

“Nos pidieron en la coordinación que no diéramos muchos detalles con respecto a los botones para no asustar a los chavos a pesar de que toda la primera semana de bienvenida estuvieron sonando cada 10 minutos”, comentó una monitora durante la semana de bienvenida, quien decidió guardar el anonimato.

Igualmente, en la nota del 28 de julio, El Universal afirmó que el día de la semana de bienvenida uno de los botones de pánico fue activado por accidente y los vigilantes habían tardado en llegar 30 segundos. A pesar de esto, uno de los trabajadores de limpieza de la Facultad –que fue entrevistado por el diario– señaló que las autoridades de la Facultad no les han dicho cómo debe ser el protocolo para actuar en caso de que algún botón se active.

“Ni los alumnos saben. Hicimos algunos letreros para pegarlos junto al botón porque sonaban cada 10 minutos o media hora, pero ni nos han pagado tiempo extra desde marzo; así cómo le vamos a echar ganas”, comentó un trabajador de limpieza a El Universal.

Además, los propios trabajadores de seguridad afirman que ellos no tienen la autoridad para detener a los delincuentes y agresores, ya que está prohibido. Además, no cuentan con armas y lo único que pueden hacer es pedir al agresor que se identifique y, si no son de la Facultad, sólo les piden que se retiren.

La Secretaría  Administrativa de la UNAM sabe de esta situación y afirmó a El Universal que, por el momento, no hay presupuesto para contratar a más vigilantes o de instalar videocámaras en el plantel.

Ante el desconocimiento del personal de seguridad sobre los protocolos de seguridad,  un profesor adjunto del plantel -que decidió guardar el anonimato- comentó lo siguiente: “El semestre pasado ayudé a una chica que era alumna de aquí para que levantara una denuncia por un percance ocurrido en el baño y los de seguridad no sabían qué hacer. Si algo pasa en los baños, los de seguridad no tienen facultad para hacer nada. Lo único que podría hacerse es llevar el caso a Ministerio Público de Ciudad Universitaria, pero ninguno de los de seguridad lo hace porque está lejos y se gasta tiempo”.

Mientras tanto, a pesar de contar ya con los botones de emergencia, los estudiantes de la Facultad continúan sintiéndose inseguros porque afirman que los robos que ocurren son también auspiciados por los propios trabajadores de la Facultad, auxiliares de intendencia y vigilantes.

“Sinceramente las mujeres en la Facultad no lo han tomado con seriedad (lo de los botones) y se han escuchado en la semana por quienes lo apretaban por curiosidad. Con o sin los botones me sigo sintiendo insegura por el hecho de que cualquiera puede entrar a la Facultad”, dijo Andrea Arzola –estudiante de Ciencias de la Comunicación–.

Los botones de emergencia –según El Universal– fueron instalados en la Facultad de Medicina desde hace dos años, pero han sido removidos debido a que no funcionaban. La FCPyS hizo su pronunciamiento oficial a la comunidad del plantel vía Facebook con un video de la Coordinación de Atención a los Estudiantes; sin embargo, los recientes hechos confirman que sigue existiendo desconocimiento de su uso responsable.

“Creo que sí es una buena medida inicial para combatir el problema, pero sólo es una medida preventiva. Ahora falta que los directivos tomen más acciones ya no para prevenir, sino para erradicar”, comentó una estudiante de Comunicación quien decidió guardar el anonimato.

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La boca del lobo de Ciudad de Universitaria ha implementado nuevos mecanismos de seguridad. Desde 2015, la Comisión de Género Estudiantil es la única que funciona hasta el momento en lo que respecta a discutir los problemas de la comunidad de la FCPyS. Angélica Cuéllar ha iniciado su periodo como directora del plantel y el alumnado agradece que haya existido una pronta respuesta al problema.

Nuevo inicio escolar, dos alarmas, ningún incidente: operaciones fallidas de prueba para el equipo de Vigilancia UNAM. Las mujeres esperan porque el botón no vuelva a sonar y si lo hace saben que aún no están a salvo. Las sirenas siguen sin alertar al lobo que las acecha y éste continuará en búsqueda de un robo, una agresión o hasta una violación.

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Los apartamentos #304 y #404 de Angélica Rivera

Por: Oliver López (Don Errata)

El día de hoy, el diario británico The Guardian reveló que la primera dama, Angélica Rivera de Peña, utiliza un apartamento de lujo en Miami, Estados Unidos, comprado por la compañía Grupo Pierdant (perteneciente al empresario Ricardo Pierdant), que aspira a competir por contratos públicos del Gobierno Federal en lo que respecta a la gestión de los puertos mexicanos.

Según la información brindada por The Guardian, Grupo Pierdant ha pagado los impuestos asociados a los apartamentos en Miami adquiridos –en un principio– por una compañía establecida por Rivera llamada Unit 304 OTO Inc. 

Los apartamentos con el número 304 y 404 se encuentran en el interior del complejo vallado Ocean Tower One ubicado en 799 Crandon Blvd., los cuales cuentan con piscina y  canchas de tenis.

Angélica Rivera compró en 2005 un apartamento con tres habitaciones con el número 304 de dicho complejo en el cual vivió un año con sus hijas. Éste departamento (el #304) fue el que mencionaría Rivera en sus declaraciones públicas en noviembre del 2014 sobre la “Casa Blanca” y sus múltiples propiedades.

Sin embargo, Grupo Pierdant adquirió mediante la firma Buscayne Ocean Holdings en 2009 el apartamento #404 del mismo complejo Ocean Tower One. Y para marzo de 2014, Grupo Pierdant asumió el pago de los impuestos sobre ambas propiedades (#304 y #404).

La relación entre el grupo empresarial y Rivera –según The Guardian– era más que entrañable a pesar de los intentos recientes del vocero presidencial, Eduardo Sánchez, por desmentir que no existe relación alguna entre el empresario Ricardo Pierdant y el Gobierno Federal.

El pasado 21 de junio, el portal independiente de periodismo de investigación enlapolitika.com reveló –según documentos obtenidos por ellos– que Angélica Rivera sí es propietaria del segundo apartamento (#404) en la ciudad de Miami en la dirección 799 Random Blvd Unidad #404, misma dirección del primer departamento que hizo público Rivera en sus declaraciones de 2014.

El segundo apartamento en Miami de la Pareja Presidencial tiene un tamaño de aproximadamente 3000 pies cuadrados, cuenta con 3 recamaras y 4 baños completos. El portal de bienes raíces www.zillow.com tiene valorado este segundo apartamento en 3 millones 529 mil dólares.

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Departamento #304 de Angélica Rivera

Conflicto de interés: Pierdant-Rivera

De acuerdo al número de expediente 24-5205-066-0430, consultado por enlapolitika.com,  el 3 de marzo del 2014 la esposa del presidente Enrique Peña Nieto pagó 29 mil 703 dólares por concepto del impuesto predial por el inmueble ubicado en el domicilio 799 Crandon Blvd  Unidad #304, el pago fue hecho a través de la empresa Biscayne Ocean Holdings LLC según consta la factura #ECHECK-14-104628 del condado de Miami-Dade.

El mismo 3 de marzo del 2014, la misma empresa que pagó 29 mil 703 dólares por concepto del impuesto predial por el departamento de Angélica Rivera, efectuó otro pago por el mismo concepto, pero a favor del inmueble ubicado en el domicilio 799 Crandon Blvd Unidad #404, según consta la factura #ECHECK-14-104634 del Condado de Miami-Dade.

El 22 de enero del 2010, Biscayne Ocean Holdings LLC empresa que pagó el predial del departamento de Angélica Rivera, adquirió por la cantidad de 2 millones 50 mil dólares, el departamento ubicado en el domicilio de 799 Crandon Blvd Unidad #404.

Esta empresa (Biscayne Ocean Holdings LLC) fue registrada en el estado de Florida el 17 de diciembre de 2009 donde Ricardo Pierdant aparece como oficial de la empresa. Además, Darío Celis del diario Excélsior publicó que Ricardo Pierdant y Juan Armando Hinojosa Cantú son conocidos y pretenden participar en licitaciones del Gobierno Federal.

 

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Departamento #404 de Rivera

 

¿Se encuentra Rivera en los apartamentos #304 y #404?

Julio C. Roa, fundador del portal enlapolitika.com, realizó una llamada telefónica en junio de 2016 al departamento #304 de Rivera con el objetivo de que alguien confirmara la posesión del segundo apartamento.

Roa inició la conversación telefónica haciéndose pasar como un personal de una empresa de paquetería mencionando que tenían que entregar un paquete para la Sra. Rivera y que querían saber en cuál de los dos apartamentos podían dejarlo, si en el #404 ó el #304.

La persona que contestó al principio se mostró reticente y dijo que no estaba autorizada para dar información, pero al ver que sólo se trataba de recibir un paquete, aceptó que se dejará en el apartamento 404.

Para reconfirmar que el departamento #404 también es propiedad de la esposa del presidente Enrique Pena Nieto, Julio C. Roa realizó otra llamada telefónica nuevamente haciéndose pasar como empleado de mensajería.

El supuesto paquete a entregar consistía en una botella de vino proveniente de Quebec. La persona que contestó la llamada nuevamente confirmó que la primera dama de México efectivamente posee otro departamento con el número 404. Ricardo Pierdant y Angélica Rivera sí estuvieron involucrados.

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Lobby del complejo habitacional Ocean Tower One.

 

 

 

Los Olvidados de Bicentenario

Por: López López Rafael Oliver (Don Errata)

  • Operadores del Corredor Reforma-Bicentenario se preocupan día a día por lo que ocurrirá con sus empleos a raíz de la próxima apertura de la Línea 7 del Metrobús que pasará por dicha avenida. El número de unidades será menor a la actual y la mayoría de ellos quedarán desempleados.

 

2Las monedas caen directamente sobre el contenedor ubicado a unos pasos de las escaleras. A un lado de éste se encuentra Marco Antonio quien tras el volante mira fijamente cómo sus usuarios entran uno a uno por la puerta delantera hasta llenar su camión. Observa en aquella alcancía de la unidad del Corredor Bicentenario un pago que dentro de unos meses se habrá extinguido. Dice que ha manejado autobuses desde los 13 años y tiene miedo de no pasar el examen para entrar como operador del Metrobús. Las 180 unidades actuales del Corredor serán sustituidas por 90 nuevas de la próxima Línea 7. La guerra laboral comienza a inundar en la conciencia de los operadores, quienes saben que tarde o temprano los removerán de sus trabajos.

“Hay algunos que no tenemos estudios y vamos a tener que buscar en otra parte”, es la frase con la que Juan Carlos Rodríguez resume la inquietud  de la mayor parte de los operadores quienes se encuentran con cierto temor por no saber dónde colocarse una vez que inicie la construcción de la Línea 7 del Metrobús. Sin embargo, existen otros que afirman que no resultarán afectados, sino todo lo contrario. La desaparición del Corredor Reforma-Bicentenario generará pérdidas de empleos, pero –para otros– será el ingreso a una mejor calidad de vida laboral.

La mayor parte de los medios de información se han encargado de velar por la revelación de cuestiones allegadas al proyecto de la nueva línea del Metrobús; no obstante, detrás de éste, existen historias de personas que serán afectadas por la construcción de este nuevo medio de transporte colectivo en la Ciudad de México.

 

Al borde de la desaparición

El Corredor Reforma-Bicentenario, según una nota de Portal Político.tv del año 2009, dio banderazo de salida el 2 de agosto del 2009 a manos del ex jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón. Se trató de la apertura de un corredor vial cuya extensión era de 28.5 kilómetros y que estaba planeada –desde ese entonces– para ir desde Santa Fe hasta Indios Verdes. ParaEbrard ello, el gobierno tuvo que extinguir la antigua Ruta 2 de microbuses que atendía la misma trayectoria y fue de tal modo como los concesionarios de la antigua Ruta 2 y los concesionarios de Bicentenario fundaron la empresa transportista que actualmente opera sobre avenida Reforma.

Para ello, se sustituyeron 365 microbuses y se inició el proyecto con una inversión de 250 millones de pesos en una primera etapa y de 25 millones más en una segunda etapa, según información de Reporte Índigo.

Además, el principal cambio por el cual apostó el gobierno capitalino fue la inmersión de un transporte con estándares internacionales que contara con paradas específicas instaladas a lo largo del Corredor y con el funcionamiento de las barras contadoras ubicadas en las puertas de ascenso que evitarían que éstas alcancías fueran “ordeñadas” por los propios operadores. Y, desde ese momento –como bien anunciaría el informe de Centro Transporte Sustentable (CTS) de 2010– los operadores han tenido que entregar una cuenta diaria de 800 pesos a su concesionario.

Según información obtenida a través del sistema de acceso a la información pública, actualmente el número de concesionarios que participan en el Corredor Reforma-Bicentenario es de 369, el Corredor cuenta con 180 autobuses y transporta al día 15 mil 440 pasajeros. En cada uno de esos 180 microbuses se encuentran las historias, no solamente de los operadores de los autobuses, sino también las de los supervisores quienes pese a su avanzada edad quedarán sin trabajo una vez se extinga el Corredor.

“Van a desmadrar Reforma”, dijo Mario Campos –supervisor de Bicentenario– además comenta que sobre avenida Reforma existen únicamente tres carriles para circular y que, ahora con el ingreso de la Línea 7, solamente quedarán dos puesto que el tercero será exclusivo únicamente para el Metrobús. (Hoy en día, los autobuses del Corredor Bicentenario y autos particulares pueden circular en el mismo carril).

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Mario Campos afirma que las autoridades no se han acercado a hablar con ellos y dice que no sólo él, sino que varios quedarán sin trabajo. “Y luego quieren meter 90 camiones y con 180 no nos damos abasto. Nos va a cargar la chingada; esto es un total fracaso, pero no lo quieren ver”.

Campos dice que hay gente como él de 61 años que ya no podrá ser parte de la Línea 7 y menciona que, para la gente de su edad, la única opción será convertirse en vendedor ambulante o en –últimas instancias– robar. La misma situación ocurriría con Vicente Martínez, también supervisor del Corredor Bicentenario, quien mencionó que a sus 60 años su única alternativa es dedicarse a su taxi o ser mantenido por sus tres hijas, porque para la nueva línea del Metrobús la edad máxima de contratación será de 45 años.

“Van a quedar miles de desempleados como pasó con los de la Ruta 2. Ahí eran como 200 unidades colectivas y no les dieron trabajo a algunos y se quedaron sin empleo. Actualmente, hay mucha gente que come del Corredor”, afirmaría Vicente Martínez con respecto a lo que próximamente sucederá no sólo con él, sino también con sus compañeros.

No obstante, otro de los supervisores del Corredor llamado Javier Rodríguez explica que la construcción del Metrobús en Reforma no es una buena opción para ellos como transportistas. “Lo vemos en Insurgentes donde no se pueden ni subir en horas pico. Aquí lo hacen por negocio para unos cuantos y ya no para los que sí son verdaderos transportistas de aquí en Reforma”, comentaría Javier Rodríguez.

Además, con respecto al destino de las actuales unidades actuales del Corredor, el supervisor Javier Rodríguez declararía lo siguiente: “No son viejas, pero se van a sustituir. Son unidades Mercedes Benz del 2009 y con un buen mantenimiento no habría necesidad de sustituirlas”. Es decir que actualmente el parque vehicular del Corredor, a pesar de contar con buenas condiciones, no será reutilizado para la Línea 7 del Metrobús y así lo reafirmaría Martha Patiño –concesionaria de Bicentenario y líder transportista– en una nota de Publimetro del día 8 de marzo: “Aunque todavía les queda vida útil, no serán reubicadas en otras rutas, debido a que la intención del gobierno es la renovación integral de toda la flota”.

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Jorge Rocha Álvarez –Director de Planeación, Evaluación y Sistemas de Metrobús– comenta en entrevista que éstas unidades (las de Bicentenario) son propiedad de los 369 concesionarios, que ellos son los que tendrán la última palabra sobre el destino de las mismas y que para poder reubicarlas en otras rutas la encargada de ese proceso será la Secretaría de Movilidad (Semovi). Además, mencionó que con los microbuses sí se sigue una política de destrucción; “lo que puede pasar con las unidades de Bicentenario es que las repotencien y las vendan en el estado de México”, afirmó Jorge Rocha.

No obstante, el propio Javier Rodríguez –supervisor del Corredor Bicentenario– explica el modus operandi en que se llevará a cabo la afectación para sus compañeros: “Les va a afectar porque son menos unidades. Aquí son 180 y hay tres turnos (matutino, vespertino y nocturno). Vamos a hablar de tres operadores por día en un sólo camión y luego ese parque vehicular lo van a rebajar a 90 unidades. Imagínate la cantidad de gente que van a quitar, y luego aquí tampoco te van a liquidar”.

Es así como existe la preocupación por parte de los transportistas del Corredor Bicentenario donde es probable que algunos agarren un taxi o terminen delinquiendo como también lo afirmaría el supervisor, Javier Rodríguez.

Los olvidados

“Tenemos un trabajo mal pagado. Aquí para poder sobrevivir –más o menos– tienes que trabajar 15 horas para sacar un sueldo y poderla sobrellevar, pero no para crecer. Aquí no creces nada, al contrario, vas para abajo. Tenemos hasta profesionistas laborando aquí: ingenieros, licenciados, hasta doctores. Y por ocho horas de trabajo sólo te dan doscientos y tantos pesos”, comenta el supervisor Javier Rodríguez.

En el Corredor existen 270 operadores. Algunos han manejado desde su adolescencia este tipo de camiones y otros únicamente están ahí por que es lo único que saben hacer. ¿Qué futuro les deparará a cada uno de estos transportistas?

Armando Galv5án, operador de la unidad No.110 del Corredor Bicentenario, menciona que para él la búsqueda de una oportunidad laboral en la nueva línea del Metrobús dependerá de su desempeño. Menciona que debe existir una ética del operador donde no deben existir accidentes o que no deben cobrar de mano, o que no tengan muchas faltas, ya que esas son cuestiones que la nueva empresa tomará en cuenta.

Sin embargo, Armando Galván comenta que dicha situación sí les afectará directamente porque es posible que no lo puedan contratar. Y afirma: “Pero si tú haces las cosas bien, a lo mejor sí tienes la posibilidad de que te escojan porque ellos (próxima empresa concesionaria de la Línea 7) hacen un currículum de cada operador que hay en la empresa para saber quién es buen conductor y quién no. Y de ahí van descartando gente, ya dependerá de uno pasar los cursos de la nueva empresa para poder ingresar”. Por lo tanto, los cursos de ingreso a la nueva Línea 7 se convertirán para los operadores en la principal fuente de trabajo a la que podrán acceder.

Armando Galván, después de trabajar año y medio, afirma que entró como operador del Corredor Bicentenario con la esperanza de poder ser parte de la nueva línea del Metrobús. Sin embargo, considera que –en caso de entrar– el sueldo sería un factor muy importante:

“Lo que tengo entendido es que van a pagar menos que aquí. Nuestro sueldo actual es de 1,650 por semana. En Metrobús ahorita está el sueldo en 1,800 catorcenal. Además, aquí no tenemos muchas prestaciones que digamos: ni vacaciones, ni uniformes. Aquí las cajas de ahorro no existen y si no trabajas en días festivos, te los descuentan. En Metrobús es todo lo contrario, ahí sí existen todas estas prestaciones”.

Por lo tanto, el entrar al Metrobús sería un paliativo ante las escasas condiciones laborales en las que se encuentran actualmente los operadores. Por eso, una vez que salga la convocatoria de la nueva empresa, gran parte de éstos acudirán a realizar los cursos de preparación con el anhelo de quedar seleccionados o de lo contrario quedarán desempleados. Y esta contratación, cómo bien diría Armando García: “Ya dependerá de la capacidad de cada uno”.

 

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Además, a la par de la voz de Armando García, estaría la del operador de 36 años –Alexander Gómez– quien es el más joven del Corredor con sólo 6 meses de haber ingresado y comenta que sus líderes no le han dicho nada al respecto. “Ellos vienen con su gente y nosotros vamos para afuera”, afirmó Alexander.

Así, la situación de los operadores está en un volado como bien diría Miguel Ríos. Menciona que antes trabajaba en la Ruta 2 y rentaba placas, además de que a los 19 años tuvo a sus hijos y, con lo que ganó en el Corredor, pudo fundar su casa. “Antes había mucha oportunidad, ahorita ya no existirá eso”, afirmó.

Asimismo, Miguel Ríos comentó que la situación que atraviesan tanto él como sus compañeros parte de toda la gente que está involucrada en el proyecto del Corredor. El operador comentó que existen 375 accionistas, quienes están participando con alrededor de 200 mil pesos. Y menciona que las principales empresas del Corredor (Covilsa y Bicentenario) se juntarán para poder participar en el nuevo proyecto del Metrobús que es muy ambicioso, debido a que cada autobús cuesta alrededor de 12 millones de pesos.

A la par de Miguel Ríos, también está el testimonio del operador Jaime Chías Álamo quien maneja la unidad No.079 del Corredor Bicentenario y afirma que él, en comparación con los demás, no le gustaría ingresar a la nueva Línea 7 del Metrobús, debido a que él –desde antes– ya había trabajado como operador de dicho transporte y confiesa que no le gustó. “Cambia mucho. Por ejemplo, aquí trabajamos un sábado sí o luego un domingo, no. Y en Metrobús no es así. Ahí te tienes que ganar un descanso en fin de semana”, afirmó.

Igualmente, comentó que una vez que lo remuevan de su puesto buscará trabajo en muchas de las otras líneas existentes, mientras tanto confiesa con respecto a su emoción por ser operador lo siguiente: “Por ahora sí me gusta ser operador de este Corredor, pero cuando se acabe este despapaye, podré decirle adiós”.

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Para conocer la postura oficial de los funcionarios allegados a la Semovi, con respecto al destino de los actuales operadores del Corredor Bicentenario, se recurrió a Claudia Patricia Recules Velasco –Directora del Fomento al Transporte de la Semovi– quien dijo: “Reitero que yo no estoy facultada para dar información al exterior de algo que aún no hay información oficial y ésa solamente la puede dar mi jefe. Aquí en corto digo que esa parte es complicada porque la información que yo podría proporcionar pudiera generar un conflicto social. El medio de transporte es un medio muy delicado y las personas suelen interpretar las cosas de muchas maneras y entonces hay problemas. No puedo dar información hasta que el director general Moisés Israel Bussey García me dé autorización”.

De este modo, la Secretaría de Movilidad quien es la encargada de velar por la dinámica del transporte colectivo en la ciudad y –a su vez– por lo que corresponde a los Corredores de transporte y otorgamiento de concesiones, se negó a dar opinión alguna sobre la próxima situación de los operadores de Bicentenario y de la Línea 7 del Metrobús. La Secretaría se ha vuelto visto involucrada en supuestos encubrimientos y facilidades que ha otorgado a ciertos concesionarios que han acaparado los Corredores de Transporte en la Ciudad de México, según lo expondría Reporte Índigo en una nota del 16 de octubre del 2013 donde menciona que la Semovi (antes Setravi) enfrentaba ya –desde ese momento– problemas legales por la operación de un nuevo corredor vial que circulaba por la misma ruta a la par de Bicentenario.

Según Reporte índigo, la administración de Miguel Ángel Mancera únicamente favorecía al empresario Jesús Padilla y a su empresa de transporte Covilsa (Corredor Villa-Lomas), ya que permitió que los camiones de Jesús Padilla violaran el contrato que Semovi ya había hecho con la empresa Bicentenario a la cual le habían dado la concesión por un periodo de 10 años; sin embargo, ahora Covilsa –con las facilidades dadas por la secretaría– ha entrado también a circular en la ruta del mismo Corredor Bicentenario.

La Semovi ha sido acusada por permitir una monopolización de los Corredores de Transporte en manos de Martha Patiño –concesionaria del Corredor Bicentenario– quien ha comprado más de 50 de 360 concesiones de Transporte cuando la Ley de Transporte estipula que solamente pueden adquirirse cinco por persona. Además, según información del diario La Jornada del 14 de enero del 2015, se afirmó que Martha Patiño fue muy allegada al ex secretario de la Semovi, Rufino H. León.

 

Línea 7 del Metrobús: un proyecto de ensueño

El 29 de junio del 2015, en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, se promulgó el proyecto de la construcción de la Línea 7 del Metrobús a raíz de que existen vialidades de alta concentración como Calzada de Ticomán, Calzada de los Misterios, Fray Juan de Zumárraga, 5 de Febrero y Paseo de la Reforma, las cuales son puntos importantes en la ciudad que conectan centros habitacionales del Norte de la ciudad con zonas del Centro y Poniente.10

La Línea 7 tendría su origen en el Centro de Transferencia Modal “Indios Verdes” y cuyo destino será en la intersección del Paseo de la Reforma y Anillo Periférico. Según información del diario 24 horas, para la realización de dicho proyecto se tiene destinada una inversión de 2 mil 500 millones de pesos de los cuales 700 se destinarán a la adquisición de las 90 unidades que darán el servicio de movilidad y los 1,800 restantes será para la construcción de obra: estaciones, tuberías, patios de encierro, mejoramiento de pavimentos, principalmente, en Calzada de los Misterios donde también se adecuarán banquetas.

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El pasado 20 de enero, La Jornada publicó que el gobierno de la Ciudad de México otorgará una nueva concesión para operar la Línea 7; sin embargo, actualmente, no se ha otorgado concesión alguna y Jorge Rocha Álvarez –Director de Planeación, Evaluación y Sistemas del Metrobús– comentó que desde 2013 la Semovi ya había acordado con los transportistas de Bicentenario y Covilsa (Martha Patiño y Jesús Padilla) su posible participación en la concesión de la Línea 7. Pero, por ahora, el proceso se está llevando en marcha y en unos meses es probable que se dé la selección cuando ya entre en operación la nueva línea.

Con respecto a la fecha de iniciación de la obra, Jorge Rocha comentó que –pese a retardos– está planeada para que comience a finales de julio y menciona con respecto a la necesidad de implementar dicha ruta del Metrobús lo siguiente: “Surge la necesidad de llevar a cabo este proyecto por la cantidad de demanda de transporte que hay en Reforma. Se le llama vialidad primaria, por eso es que se seleccionó así”.

Además, Jorge Rocha afirma que las nuevas unidades que sustituirán a las del Corredor Bicentenario serán de piso bajo a ras de banquetas para que de esa forma las personas discapacitadas puedan acceder, además de que serán autobuses que cumplirán con la norma Euro 6; es decir, con alta tecnología que permitirá una menor emisión de gases contaminantes, ya que la de los autobuses de Bicentenario –según afirmó– es de tecnología Euro 5. Y menciona que las 90 unidades Enviro 500 que ya adquirió el gobierno capitalino son de doble piso y pertenecen a la firma londinense Alexander Dennis que ha dado servicio tanto en Londres, Tokio y Hong Kong.

 

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Sin embargo, los propios operadores del Corredor Bicentenario se cuestionan por estas nuevas unidades de dos pisos, las cuales consideran complicarán la dinámica de vialidad en cuanto al ascenso y descenso de pasajeros. El supervisor Mario Campos del Corredor Bicentenario dijo al respecto: “Imagínate, transporte de dos pisos… si con un piso tardan mucho en bajar las personas, ahora con dos esto será peor”.

El académico en materia de Sociología Urbana de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Dionisio Hernández señaló: “Con respecto a los autobuses de doble piso no creo que vaya a tener una eficiencia en el transporte masivo. Y si meten un camión de doble piso es absolutamente turístico y es un sistema que va a lucir, no para solucionar problemas grandes en cuestiones de vialidad”.

Jorge Rocha Álvarez comenta que sí podría existir una saturación de las nuevas unidades de doble piso y, en cuanto a la modalidad de los descensos, mencionó que eso ya dependerá de cómo el usuario se adaptará a dicho ambiente de las unidades. Sin embargo, ¿qué pasará con los operadores de Bicentenario?

Rocha Álvarez explica que la nueva empresa que obtenga la concesión de la Línea 7 será la encargada de dar Seguro Social, capacitación y uniformes a los nuevos conductores, porque eso –según él– es una obligación que debe tener el concesionario. Además de que, en julio de 2015 el portal de Agencia de Gestión Urbana de la Ciudad de México, publicó que Jesús Padilla –actual concesionario de Covilsa– afirmó que sí estaría integrando a los actuales operadores a la Línea 7 del Metrobús.

Ahora solamente queda esperar a que los actuales operadores del Corredor Bicentenario esperen la llamada de renuncia. Los retrasos en el proyecto de la Línea 7 han prolongado la estancia de los actuales operadores, quienes siguen operando sobre avenida Reforma. Algunos de ellos esperan con ansias el concurso de selección para ser conductores de la nueva Línea del Metrobús. Otros ven en el proyecto un gran atraso en materia de vialidad y observan cómo la avanzada edad se convertirá automáticamente en factor de retiro laboral.

Reforma es –por el momento– el espacio donde las llantas de los autobuses de Bicentenario ruedan, donde las monedas de los pasajeros siguen cayendo generando ganancias semanales en cada uno de los operadores que anhelan por trabajar horas extras. Son 270 hombres que, de ser compañeros por largos años, pasarán a ser próximamente enemigos en busca de una nuevo espacio de trabajo. No habrá liquidación, sólo una experiencia más, una metamorfosis laboral que con el paso de los años ha venido transformándose: de microbús a autobús, de autobús a metrobús. Al final, como dice Vicente Martínez: “Aún tengo muchas metas que cumplir”.

 

Ohayou! : el anime en México

Por: Iván Cruz y Oliver López (Don Errata)

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“Lo que me motivó a ver anime fue una muchacha, su familia era descendiente de Japón. De ahí me empezó a gustar toda la cuestión japonesa y me basé en el anime, la música, literatura, revistas, hasta me enseñó el idioma”. Israel Martínez sonríe mientras espera a su esposa, quién busca figuras de personajes pertenecientes al Seinen, Shojo, Josei, Ecchi, entre otras variantes del anime. Su hijo se postra en el suelo para esperar a que sus padres terminen el ritual con el que buscan inculcarle una cultura.

     Israeru tiene 36 años, 2,000 amigos en Facebook (cuyo común denominador es la atracción por los productos culturales asiáticos), acude a conferencias, convenciones, e interactúa de manera efímera con la gente, pues la amistad la tiene reservada para el único amigo de la infancia que no lo abandonó al conocer su afinidad a un modo de vida alejado de la cultura mexicana.

   El riesgo de acercarse a la cultura nipona se convirtió en una gratificación para Israel y, a la vez, se tornó en un factor de rechazo para su familia y sus vecinos de la colonia. “Mi familia dice que soy un japonés fracasado”.

   Su fisonomía refleja ciertas elementos adquiridos por la cercanía con el anime: lentes cuadrados, playera negra con estampado de una serie Mecha ––género del anime enfocado a robots gigantes––, pantalón de mezclilla deslavado, ojos casi rasgados, y una actitud cómica hacia sí mismo. Se dice un consumidor de anime culto y lo ve como un acercamiento a la cultura japonesa. “Yo sí te veo cualquier género, desde el más leve hasta el más fuerte. El que más me ha gustado hasta ahora es Tokyo Ghoul al igual que Akira. Para mí, el anime es parte de la cultura de Japón”.

Israeru, como se autonombra en Facebook, forma parte de una cultura que llegó a México en el año de 1970 con la obra de Osamu Tzuka: Astroboy, la cual se expandió en los años noventa a partir de su transmisión en televisión abierta, principalmente en el Canal 5 y el Canal 7.

   Hablar de anime y manga es hacer referencia a series animadas e historietas de origen japonés, éstas no están dirigidas a un público específico, pues muchas veces retoman sus temáticas de historias locales, leyendas, mitos, e inclusive novelas o libros.

   Luis Antonio Vidal Pérez ––comunicólogo peruano de la Universidad César Vallejo–– indica en su tesis El anime como elemento de trasculturación: “El anime junto con el manga, son los que distinguen a Japón y Estados Unidos, vistos como países del primer mundo.” El autor hace referencia a la forma en que las potencias tecnológicas impulsan el arte popular de los dibujos animados, los cuales ya son aclamados por distintas naciones alrededor del globo terráqueo, entre ellas Estados Unidos y Latinoamérica.

   Actualmente, uno de los lugares más importantes en la difusión y consumo del anime a nivel mundial es Estados Unidos, pues es el organizador de la segunda convención de anime más influyente: Otakon.

   Sin embargo, dentro de la cultura del anime se encuentran ciertas etiquetas que segregan y a la vez unen a las personas consumidoras de este tipo de productos culturales. Una de ellas es la del “otaku”, que Vidal Pérez define: “como al fanático del anime y el manga. ‘Otaku’ significa originalmente: usted, y en el Japón moderno se utiliza para nombrar a los aficionados a distintos tipos de hobbies: anime otaku (fans del anime), cosplay otaku (fans del cosplay), manga otaku (fans del manga), entre otros”.

   En los últimos 10 años, la imagen de los otakus ha mejorado considerablemente gracias a su exposición en medios de comunicación y al consumo de productos de anime en gran diversidad de países. No obstante, bajo los beneficios de esta industria del anime se encuentran los niños, jóvenes y adultos que desde muy temprana edad se han acercado a este tipo de dibujos animados.

   Muchos de ellos han perdido amigos, otros han tratado de adoptar las conductas de sus personajes de anime favoritos, hay quienes invierten más de 4 horas al día en ver series japonesas, otros han sido influenciados por familia y amigos; y hay quienes dicen que el anime es un escape de la realidad cotidiana. El anime los ha moldeado hacia lo que podría denominarse para algunos como una adicción.

Casi frente al Palacio de Bellas Artes, sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas, la gente se conglomera para conseguir los productos que más llaman su atención: ropa en Aldo Conti, Men’s Factory, Zapaterías Las Vegas; e incluso comida rápida y tecnología. En el #9 de Eje Central se reúnen los fieles al consumo de tecnología, videojuegos, anime, doramas, figuras de acción y comida de origen japonés.

     La Frikiplaza (cuyo nombre original es Bazar del entretenimiento y el videojuego) recibe todos los fines de semana un estimado de cinco mil visitantes que buscan conseguir contrincantes en un duelo de Yu-Gi-Oh!, partidas de Smash Bros., intercambios de pokemones en sus Nintendo 3DS; que van con la única motivación de presumir los disfraces de sus personajes favoritos de Death Note, Naruto, Shaman King; que quieren conseguir la novela japonesa de moda, el manga de la semana, el último disco de Super Junior; que quieren consumir las comidas de una cultura lejana: sodas con frutas conservadas, ramen, sushi, onigiri, entre otras cosas.

     Según datos de La Razón de San Luis, este bazar forma parte de un corporativo que inició hace diez años y que administra la Plaza de la Tecnología. El cambio drástico se dio cuando, en el lugar que se vendían los accesorios de cómputo y telefonía, pusieron maquinitas y consolas de videojuegos. Se atrajo a un público mucho más joven.

   La entrada no muestra rasgos que delaten el tipo de productos que se pueden encontrar en los cuatro pisos del recinto heredado a la cultura friki. La entrada está repleta de vendedores de celulares usados, protectores de pantalla, accesorios para móviles. Los pasillos de la planta baja siguen la misma línea: tecnología a precios bajos. Sin embargo, hay unas escaleras eléctricas que llevan al mini Japón mexicano. El primer piso está dedicado en su totalidad a la venta de series de anime, doramas; muñecos de Pokémon, Mario Bros, Assassins Creed; consolas de videojuegos (nuevas y vintage); y playeras con estampados de Sailor Moon, Los Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball Z, Devil May Cry, One Piece, Evangelion, y más.

   Para poder llegar al segundo piso se tiene que pasar por unas escaleras de alrededor de cuatro metros de ancho, en las paredes hay dibujos de animes y leyendas con referencia a la Frikiplaza. El segundo piso está dedicado a la compra venta de tarjetas de los llamados Trading Card Games, cuyos principales referentes son Yu-Gi-Oh!, Pokémon y Magic. En el centro de ese piso se encuentran una serie de mesas en las que decenas de visitantes se dan cita para tener duelos, y en algunas ocasiones disputar los premios de los concursos organizados en la plaza. Según David Murrieta, coordinador de mercadotecnia de la Frikiplaza, todos los productos son originales. Esto a pesar de que hay series que ya no se consiguen en otros lados, y por tanto son comercializadas como copias.

   En el tercer piso se encuentra el paraíso culinario de la cultura japonesa, desde sushi hasta el okonomiyaki (una especie de masa cocinada a la plancha con carne, calamar, verduras y queso). Esto sin dejar de lado los pequeños espacios donde se distribuyen figuras de acción y una que otra estética en la que se especializan en los cortes de personajes de anime. El lugar huele a una mezcla de carne asada con ajos, cebolla, pescado fresco y pasta que permite a los amantes de la cultura japonesa sentirse un poco más cerca de su segunda patria. Los curiosos disfrutan de probar nuevas experiencias en sus paladares.

   El cuarto y último piso causa mucha expectativa debido al ruido que transporta por todo el cubo del edificio. Al subir al lugar las personas se encuentran con locales repletos de pantallas de led, maquinitas con Street Fighters, Nintendos Wii, tapetes de baile con canciones asiáticas, sillones de piel, y una pequeña fuente de sodas para revitalizar a los asiduos gamers que se reúnen ahí día tras día.

     El lugar, como las otras 23 Frikiplazas que existen actualmente en el país, permite a las personas adentrarse en un mundo paralelo casi asiático dentro del Centro Histórico de la Ciudad de México, acercarse a otra cultura; aunque para unos funciona como lugar de convivencia con personas que tienen sus mismos gustos y aficiones; para otros es el lugar que los provee del material audiovisual que rellena sus tiempos libres. Una ventana a otro mundo.

Andrea

Su puesto se encuentra en el segundo piso de la Friki Plaza de Eje Central, los pasillos diminutos llevan hacia una de las esquinas donde Andrea se halla postrada en una silla negra con patas delgadas como si fueran popotes. Juegos de Xbox, Play Station 4, Game Cube, Nintendo 64 decoran las paredes del local tipo 4×4. Hay una mesa de cristal frente a ella. Muñecos de Pokemón, Digimón, consolas de antaño como Atari, SNES y Sega tapizan los niveles dentro de aquella caja de cristal. Peluches de Sailor Moon, Doroto, Hamtaro cuelgan del techo cuales rosarios amarrados a un retrovisor de taxista.

   Andrea es tímida por momentos, su maquillaje caracterizado por delineador color negro alrededor de sus ojos revela a una joven de quizás unos 21 años. Sin embargo, no es así. Ella tiene 17 y su vida está enteramente ligada al mundo de la Friki Plaza. Sus familiares la influenciaron para formar parte del club otaku. “Empecé a ver anime a los 12. Mis hermanos empezaron a encariñarse primero con Dragon Ball Z y Caballeros del Zodiaco. Yo buscaba anime en Internet o en los tianguis también solía comprar”.

   Con el paso del tiempo, su adicción por el anime empezó a romper con sus actividades cotidianias. Andrea, durante su adolescencia, respiraría, pensaría y soñaría con series de anime y videojuegos. “Hubo un tiempo en el que veía mucho anime, me dormía como a las 4 de la mañana, me acababa dos series en un día, y mi mamá me decía que las viera con calma. Sin embargo, ya después no me decía nada; ya se había acostumbrado…”.

   En el caso de Andrea, el haberse acercado al mundo del anime logró que sus relaciones con sus amigos de la escuela mejoraran. Como bien diría, “no me consideraban otaku, sino que me hablaban más”. Así fue como encontró a gente con los mismos gustos que ella, lo cual llevó a que ella viera al anime como una parte importante dentro de su proceso identitario. “El consumir el anime ya se ha vuelto parte de mi identidad”, comenta Andrea con una sonrisa que empuja sus mejillas como si desearan alcanzar los lóbulos de sus orejas.

   A pesar de que Andrea estuviera en contacto con muchas series de anime, su deseo por identificarse con algún personaje nunca se manifestó. No obstante, esta situación sí suele ocurrir en muchos casos de jóvenes aficionados al anime quienes, al poseer cierta afición por algún personaje, deciden caracterizarse como el mismo y ––en cierto modo–– hasta tratan de imitar sus actitudes y su forma de hablar. Esta actividad llevaría por nombre cosplay.

   El cosplay, según la tesis de Josué Romero Quiroz ­––comunicólogo de la Universidad Autónoma del Estado de México––, es definido como: “La actividad a través de la cual los otakus se caracterizan como el personaje de anime de su preferencia. La caracterización no sólo se refleja en la vestimenta, sino también en la forma de ser del personaje”.

   “Nunca he tenido deseo de identificarme con un personaje, jamás. Pero, sí hubo un tiempo en que me envicié mucho con Kira de Death Note, pero jamás hubiera decidido vestirme como él”, comentaría Andrea con un tono molesto con lo cual daría a entender que para ella el cosplay es algo que nunca haría en su vida.

   El trayecto de Andrea ha sido largo en la búsqueda por una identidad. El anime la encontró como bien ha atrapado a muchos no sólo en México, sino en todo el mundo. Fue víctima durante gran parte de su niñez y de su pubertad de las series e historias japonesas. A pesar de que ya no ha visto anime a lo largo de un año, su deseo por volver a la vieja costumbre continúa imperando en ella.

No obstante, las responsabilidades del trabajo la han desviado de su objetivo, pero ––a pesar de ello–– la afición por el anime continúa arraigada en aquella joven con cuerpo de señorita y alma de niña. “De aquí a cinco o diez años creo seguir viendo anime: es algo que me gusta. El anime tiene buenas historias, son entretenidas; es un buen pasatiempo para mí. Sí he aprendido una que otra cosa, no sólo es perder el tiempo viendo un capítulo”.

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José

Un par de muchachos se azoman a uno de los locales de la Frikiplaza, al parecer les llama la atención las “esferas del dragón” exhibidas detrás del cristal del escaparate o, posiblemente, sea la exaltación por unas figuras de Naruto que se encuentran a lado de las esferas color naranjas con estrellas rojas. Los jóvenes salen de la tienda, sus rostros revelan la ansiedad por adquirir alguno de los productos recien vistos. Discusión, intercambio de palabras… No se concreta la compra. Uno de ellos se separa para adentrarse a los baños; deja a su amigo en medio del pasillo. Su nombre es José.

   José, quien cuenta con 14 años, sería un vistante más dentro de la Frikiplaza de Eje Central. Su seriedad, timidez y miedo al hablar demuestran que se trata de un chico solitario e, inclusive, introvertido. Descubrió el anime por sí mismo desde hace dos años, a diferencia de Andrea, quien fue influida a la cultura japonesa por sus hermanos.

   “Lo que me motivó a ver anime fue que en la televisión ya no pasaban cosas buenas y pues empecé a buscar series en internet y así me topé con el anime. El que más me ha gustado es Naruto”, comenta José susurrando como si tratara de ocultar aquella información que posiblemente revelaría a alguien ajeno a él por primera vez.

Para José, el anime no es un pasatiempo, sino más bien un escape que ha llevado a que la construcción de su identidad fuera afectada por este tipo de productos ante los cuales ha llegado a generar, como él mismo diría: “una adicción”. “El anime para mí sería como un escape de otro tipo de cosas, sería como una adicción para mí el verlo, porque me gusta. Es algo bueno y recomendaría que todos lo vieran”.

José, a lo largo de sus dos años de contacto con el anime, ha llegado a un punto en el que su forma de vida se ha visto afectada por su afición a esta serie, en especial al personaje de Itachi. A diferencia de Andrea, José sí ha adoptado conductas de un personaje con la finalidad de llegar a ser como él.

“En mi gusto por Naruto sí me ha llamado la atención ser como uno de los personajes: Itachi. Me atrae su forma de actuar. Hasta ahora sólo he llegado a ponerme la ropa de Itachi, pero sí he arraigado algunas conductas de la serie porque ves al personaje y te imaginarías cómo sería ser él en la vida real”.

   En entrevista con la doctora Garay Cruz Luz María, académica dela Universidad Pedagógica Nacional, asegura que no existe una edad o temporalidad específica para el desarrollo de la identidad, sino que esta se construye desde el momento en que se nace hasta el momento en que se muere. “Es un proceso constante dependiendo de los espacios donde interaccione el sujeto”. Sin embargo, objetó que sí hay un momento específico donde se definen los elementos básicos como: lenguaje, historia, cultura y religión, que es la adolescencia.

     A sus 14 años, José ha tomado el rumbo de la cultura del anime. Sus padres no lo han detenido porque no consideran a dichas series algo nocivo para su hijo. La ausencia de hermanos ha hecho que José haya descubierto este mundo al cual llama un escape, una adicción. Por ahora su vida girará en torno a estas realidades alternas de las cuales aprende valores y adquiere conductas durante las cuatro horas que pasa frente a la computadora. Las etiquetas para él no son problema alguno, ya que él mismo afirma: “Me siento identificado como un otaku”.

Fernando

El primer piso de la Friki Plaza lleva por nombre “sección de anime y manga”. Al subir las escaleras del primer piso, un local rectangular acapara la vista y divide al lugar en dos pasillos. Blu-Rays, DVD´s, VCD´s, VHS´s, tanto como clones como originales tapizan el puesto que se postra en la mitad del camino. En él, un hombre vestido de color negro resalta entre las coloridas portadas de dibujos animados. Revisa cuidadosamente las películas que está a punto de pagar. Su nombre es Fernando y él también es un fanático de la cultura del anime.

   Fernando demuestra que no hay edad para dejar de ser fan del anime. Sus 30 años lo delatan a pesar de portar gafas oscuras que evitan hacer contacto con su mirada, quizás, los recuerdos por adquirir sus series favoritas en aquel puesto le habrían hecho brotar alguna lágrima; quería ocultarlas.

   Fernando menciona que su incursión con las series japonesas comenzaron hace más de 20 años. Dice ser uno de los primeros fans del anime en México. “A mí me tocó el auge del anime en México que fue con los Caballeros del Zodiaco: La Saga de Hades, Yu-Gi-Oh!, Evangelion. Yo llegué a ver esos animes en VHS y así conseguí los primeros capítulos. También compraba los VCD´s que traían como 3 capítulos. Para ese entonces, yo tenía 15 años y no existía la Friki Plaza”.

Al igual que Andrea y José, Fernando logró un consumo excesivo del anime durante su niñez, lo cual originaba que su mamá le dijera que todo lo que veía en aquel entonces era algo “satánico”. Fernando afirma que se sintió otaku en algún momento de su vida, pero que actualmente esto ha tomado un tinte más extremo. Voltea a ver hacia su lado derecho donde está parada una chica cacterizada como un personaje de anime, su color de pelo color azul la delata. “Ven: a eso es a lo que me refiero con extremo…”.

   En entrevista con la doctora Garay, ella indicó que la identidad es una construcción social que hacen los individuos. Esta se desarrolla a través de la socialización, permite reconocer quienes son los otros para después construir una serie de actitudes y valores que van a definir la individualidad de las personas. Afirmó que, según la psicología social, un individuo debe estar en grupos de interacción donde aprenda un lenguaje, saber si es niño o es niña, mexicano, estadounidense o japonés. Esto para después darse cuenta de que pertenece a un grupo de personas más grande que define su identidad colectiva.

   Las palabras de Fernando, quien se hace pasar por un gran conocedor del anime toman un tono emotivo al mencionar que durante su adolescencia sí hubo un momento en que se identificó con algún personaje de una serie de anime. “Sí me identifiqué con un personaje. La primera serie que vi fue Love Hina y ahí había un chavo que era medio fracasado”.

   Fernando formó una parte de su identidad a raíz de lo que veía en las series japonesas a tal grado de proyectarse en los personajes que salían en las mismas. Sin embargo, actualmente, ha llegado a la madurez donde el consumo por el anime se ha disminuido a sólo cuando tiene tiempo libre; para él haber comprado estos productos no ha sido una pérdida, sino una inversión. “Es feo cunado le dedicas todas tus ganancias a esto, yo me seguiré viendo dentro de 5 o 10 años comprando cada dos meses anime, porque es algo que me gusta. Y, pos si te gusta algo no lo vas a dejar, o ¿sí? ”.

A partir del 2010 el animé dejó de ser un gusto extraño y se volvió un interés común entre ciertos grupos sociales, se convirtió en una moda. Se vende en eventos masivos y ha llegado a formar parte de las temáticas televisivas de programas como La Rosa de Guadalupe. Este tipo de representaciones, en las que se considera al anime como un agente patógeno, originó que los seguidores se movilizaran para iniciar una marcha del orgullo otaku/friki. En esta se busca que se identifique a la comunidad otaku como tal, y no como una tribu urbana, pedir respeto y tolerancia hacia el estilo de vida que llevan.

   Héctor Carbajal, de 23 años, empezó de niño a ver animes como Dragon Ball, Pokémon, Digimon, esto debido a que se incluían en la programación de canales de televisión abierta como el Canal 5. “No son como las caricaturas americanas, donde siempre es lo mismo, sólo te dan risa. En el anime, no. En el anime encuentras un motivo: siempre hay que vencer algo para mejorar.”

     “Yo soy más de ver el anime, no de actuar para él”, menciona Héctor, que utiliza los tiempos libres que tiene después del trabajo para ver sus series y escuchar música. Le dedica alrededor de seis horas al día. Menciona que no le gusta disfrazarse, que eso es otra cosa: fanatismo. Nunca se ha sentido identificado con algún personaje. Asegura que “al final de cuentas, el anime es un historia ficticia, cosas que nunca van a pasar, es fantasía. La vida real es diferente”.

     La académica Garay Cruz dice que el consumo de productos culturales, como el anime, no desarrolla de manera directa una identidad, pero sí afecta a la persona cuando estas temáticas comienzan a formar parte de sus formas de socialización con otras personas. Con el anime buscan satisfacer ciertas necesidades culturales. Los seguidores de estas series buscan en los personajes cierto tipo de idealización, se identifican con la fuerza, con la concepción del héroe. A partir de esto es que comienzan a buscar parecerse físicamente, para intentar obtener las características que le atraen de su personaje favorito.

   Héctor Carbajal menciona que el problema de volverse adictos a este tipo de historias alternas es que muchas personas quitan el ancla de la realidad. Dice que aún el máximo seductor de las series y las películas no existe, y si existe le va mal en algún momento. Indica que las personas que se pierden en el mundo del anime no están mal, se siente feliz por ellas, porque encuentran una forma de escapar de la realidad social tan deprimente que vive el país o de olvidarse de alguna situación dañina que tienen en su familia.

     Él mismo dice que el anime incide en la identidad de las personas, pero no las define como tal. En algunos casos es más un refugio. Para él, el anime es una forma de escapar, una salida, una distracción ante la labor del día a día. “Al encontrarte con retos, siempre es bueno un momento de ocio. Así como hay gente que le gusta el anime, hay gente que le gusta el deporte, a otros los videojuegos, las mascotas, los juguetes.” El anime funciona como un desestrés para él.

     Sin embargo, está la postura de Israeru, quien lleva a niveles más extremos su gusto por el anime, pues dice identificarse de manera concreta con la cultura japonesa. Este padre de familia se sigue viendo dentro de unos años como fan del anime, además uno de sus sueños es ir a Japón. “Le digo a mi esposa que si al menos no llego vivo, pues muerto sí. Que ella aviente mis cenizas ahí ”.

Fuentes documentales

Vidal, L. (2010). El animé como elemento de transculturación. Tesis [PDF]. Disponible en: http://ddd.uab.cat/pub/tesis/2010/100074/anime_a2010.pdf [Consultado el día 15 de mayo de 2015]

Quiroz, J. Influencia cultural del anime y manga japonés en México. Tesis [PDF]. Disponible en: http://ri.uaemex.mx/bitstream/123456789/13693/1/402554.pdf [Consultadp el día 14 de mayo de 2015]

Agencia Reforma (2015). “10 de ser frikis”, en La Razón de San Luis [En línea]. Disponible en: http://www.larazonsanluis.com/index.php/agencia-reforma/especiales/item/73624-10-anos-de-ser-frikis [Consultado el 11 de mayo de 2015]

Morales, F. “FrikiPlaza: entre cómics, manga y videojuegos”, en Milenio [En línea]. Disponible en: http://m.milenio.com/tendencias/Frikiplaza-comics-manga-videojuegos-corea-frikis-anime_0_246575496.html [Consultado el 11 de mayo de 2015]

S/A. (2014) “Barrio Friki: La nueva Frikiplaza de la Ciudad de México”, en Excélsior [En línea]. Disponible en: http://m.excelsior.com.mx/hacker/2014/09/08/980672 [Consultado el 11 de mayo de 2015]